Policiales

Dominan a 7 personas y se llevan $ 250 mil de una firma de catering

Era plata para el pago de aguinaldos. También robaron $ 700 mil en cheques. Les llevó 20 minutos. De la misma oficina, en San Luis al 2400, hace tres meses habían sustraído $ 300 mil.

Sábado 24 de Enero de 2009

Ayer era día de pago a proveedores y de aguinaldo a los empleados. Con esos datos previamente chequeados, con un conocimiento previo de los movimientos de uno de los dueños y con una agilidad distintiva de deportistas, un grupo de cinco hampones, algunos con sus rostros cubiertos, irrumpió ayer a la mañana en una empresa de catering de San Luis al 2400 y se apoderó de 250 mil pesos en efectivo y 700 mil en cheques. Durante el atraco, un contador y uno de los socios gerentes de la firma sufrieron golpes en la cabeza. Fue la única violencia de la banda hacia sus víctimas, siete en total, que fueron maniatadas y encerradas en un baño.

Todo empezó minutos después de las 7.30. Las primeras en llegar a las oficinas administrativas de Catering Gourmet, de San Luis entre Pueyrredón y Santiago, fueron Carolina y Jorgelina. La empresa asaltada se dedica a la elaboración de comida para los hospitales y sanatorios, públicos y privados, de toda la ciudad. En total, cuenta con una planta de 350 empleados y posee una cocina central en Suipacha al 1000. También tiene a su cargo, por el sistema de tercerización, la provisión de los distintos centros médicos de Rosario.

Los gatos. Las empleadas cumplieron la rutina de cada inicio de jornada: desconectaron el sistema de alarma y, tras encender un par de luces, abrieron el ventanal antiguo y grande que da a la calle con la intención de ventilar una de las oficinas principales. Un segundo después llegaba una tercera compañera. La puerta de calle sólo se abre con llave o por medio de un portero eléctrico. El aire fresco que venía de la calle no había alcanzado a renovar el ambiente cuando los delincuentes hicieron su aparición espectacular, con una destreza física envidiable.

“Parecían gatos por la forma en que saltaron y se metieron por la ventana. Tenían una agilidad bárbara. Yo me llevé un susto tan grande cuando apareció el primero de golpe, al lado mío, que pegué un grito”, recordó ayer una de las atribuladas empleadas, que prefirió no dar su nombre. “Pero ni bien abrí la boca me apuntó con una arma y me dijo que me callara, que no lo mirara, que no me iba a pasar nada malo y que fuera para atrás. Lo mismo hicieron con mis compañeras. Nos llevaron para el baño, nos ataron las manos con unas cintas y nos pusieron de rodillas contra la pared”, agregó la mujer.

Rostros ocultos. Al dúo que ingresó en principio de inmediato se sumaron tres hombres. Todos con sus respectivas armas de puño. Al menos dos de ellos cubrían sus rostros. Uno con una media cancán y el otro con un barbijo de médico y con anteojos oscuros. Otro de los hampones lucía, según los testigos, pantalón de vestir, camisa y saco. A medida que la banda comenzaba a revolver cada rincón de las oficinas, los emplados que llegaban para ocupar sus puestos iban cayendo como moscas a merced de la banda.

Lucas, por ejemplo, contó que llegó a trabajar cinco minutos antes de las ocho. Como siempre tocó timbre y enseguida le abrieron. “En ese segundo me llamó la atención que nadie preguntara quién era por el portero eléctrico. Pero como estaba apurado entré directamente. Apenas cerré la puerta, ya me estaban apuntando con un arma. «Y vos quién sos, dónde está la plata, no me mirés», me dijeron y me llevaron al baño, donde ya estaban todos mis compañeros y el contador”, agregó.

“Vos dame la plata”. Detrás suyo, llegó a la oficina Leandro Dutra, socio gerente de la empresa. El empresario, que tiene 28 años, llevaba consigo el dinero para el pago de los aguinaldos y por diferentes cuestiones que debió atender antes de ir a trabajar, llegó casi media hora tarde a la casa de Santiago 2420. “Los sueldos los liquidamos a través del banco, pero los aguinaldos los pagamos en forma personalizada. La plata estaba en mi coche particular, un Fiat Punto, que dejé estacionado en un garaje particular que está por calle Santiago”, manifestó a este diario.

El delincuente que tenía la media en la cabeza lo atoró de arranque y le dejó en claro que sabía quién era (ver aparte). “No te muevas o te quemo. No me mirés, dame la plata”, le dijeron. Dutra indicó que los ladrones estaban tranquilos, pero en un momento lo golpearon en la cabeza con una de las armas para que cantara dónde estaba el efectivo. La misma suerte corrió el contador. La banda estuvo unos 15 ó 20 minutos en el lugar y cuando obtuvo la información de donde estaba el dinero, se retiró en dos grupos.

Todos al baño. “Primero se fueron tres de ellos con las llaves de mi auto y después se retiraron los otros dos, dejándonos a todos en el baño”, añadió Dutra. Cuando pudo desprenderse de las ataduras comprobó que los delincuentes habían abierto su vehículo y que el dinero ya no estaba. Nadie en la cochera, que tiene un cuidador, vio movimientos extraños alrededor del Fiat. Testigos dijeron que la banda se subió a un Volkswagen Bora oscuro que estaba estacionado por Santiago.

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