El domingo 10 de enero pasado, Elizabeth Verónica Torrano, de 34 años, se
convirtió en una de las protagonistas de una historia de amores cruzados que tuvo como trágico
final el asesinato con un balazo en la cabeza de su esposo, Basilio Vargas, de 65 años. A raíz de
ese crimen dos hombres fueron detenidos. Uno, apuntado como el amante de Elizabeth, cayó en la
localidad bonaerense de San Pedro. El otro, sobrino de la mujer, se entregó en Tribunales. Un par
de días después, Torrano intentó suicidarse en su casa de Temperley. Fue internada en grave estado
y sobrevivió. Para que dé cuenta de lo sucedido, y ya recuperada, el juez de Instrucción Javier
Beltramone ordenó que la trasladen a Rosario.
Aferrada a la foto de sus cinco hijos y sollozando, Torrano llegó a la Jefatura
de la Unidad Regional II y quedó alojada en la sección Homicidios. Tanto ella como Fernando
Lacetera, su amante de 35 años, y Gabriel Van Tuyne, su sobrino de 20, quedaron acusados de
homicidio triplemente calificado: por el vínculo, por el concurso premeditado de tres o más
personas y por el uso de arma de fuego. De ser hallados culpables, pueden ser condenados a
reclusión perpetua.
Torrano fue conducida ayer a los Tribunales para ser indagada. Pero esa primera
declaración de la mujer ante la Justicia debió ser suspendida ya que sufrió una descompensación.
Marcos Cella, uno de los abogados de la acusada junto a Froilán Ravena y Germán Mahieu, adelantó
ayer a la LaCapital que hoy solicitarán el beneficio de la prisión domiciliaria para la mujer ya
que uno de sus hijos tiene menos de 4 años.
Pasiones cruzadas. El asesinato a sangre fría de Basilio Vargas, empleado de una
firma de reparación de barcos con asiento en Dock Sud, expuso en los primeros días de este año, y
en forma descarnada, una historia de pasiones irresueltas que terminó de la peor manera.
Poco después de la 1 del domingo 10 de enero, Vargas llegó en su camioneta
Chevrolet S-10 hasta una humilde casa de pasillo ubicada en Acevedo entre Guaycurú y Schweitzer, en
la zona más pobre de Fisherton. Allí vive Claudia, la hermana de Elizabeth, quien llegó acompañando
a su esposo, con el que convivía desde hace 15 años en Temperley. Allí, la mujer trabajaba como
podóloga. Esa noche iban a buscar a tres de sus cinco hijos, quienes habían quedado al cuidado de
la tía mientras Basilio realizaba un trabajo en Arroyo Seco.
Según fuentes allegadas a la causa, la vida de la pareja se venía deteriorando
con el paso de los años por la violencia física doméstica y la perversidad que habría ejercido
Basilio sobre su joven mujer.
Aquella noche, cuando Elizabeth se bajó de la camioneta para buscar a sus hijos,
Basilio se quedó en el vehículo. Entonces, detrás de la chata se detuvo una moto Gilera de color
azul. Para los investigadores esa moto era conducida por Fernando Lacetera, un ex remisero de
Lanús, de 35 años, recientemente afincado en Rosario en una casa que Torrano había alquilado para
él en Empalme Graneros.
De la moto se bajó raudamente y empuñando un arma de fuego un muchacho que para
los pesquisas no es otro que Gabriel Van Tuyne, el sobrino de Torrano. El joven caminó hasta la
camioneta, y cuando Vargas hizo un movimiento para abrir la puerta, le disparó desde menos de 10
centímetros en la frente. La víctima quedó fulminada en el asiento, con la cabeza recostada hacia
atrás. La escena fue visualizada por algunos testigos que inmediatamente reconocieron a los
agresores como “el sobrino de la Eli y el amante”.
Atrapados. Con el correr de las horas la suerte de los agresores fue mermando. Al remisero
Lacetera lo atrapó la policía bonaerense en una estación de servicios ubicada en la autopista a
Buenos Aires, a la altura de Río Tala, tras recibir un pedido de asistencia de sus pares rosarinos
que sospecharon inmediatamente después del crimen que el hombre volvería hacia el Gran Buenos
Aires. Un día más tarde, Van Tuyne se presentó espontáneamente en los tribunales de Balcarce y
Pellegrini.
Ese mismo 11 de enero, Elizabeth Torrano ya estaba en su casa de Temperlet, donde intentó
quitarse la vida aspirando emanaciones tóxicas de cianuro. La mujer dejó una serie de cartas
explicando los por qué de su frustrada decisión.
La confirmación de que Torrano había sobrevivido motivó que el juez de Instrucción en feria en
Rosario, Javier Beltramone, comunicara a un juez de Garantías de Lomas de Zamora un pedido de
detención para el caso de que la mujer se reestablezca. La razón es que en el curso de la
investigación se reunieron elementos que la ubican como partícipe del complot que terminó con la
ejecución de su marido.