Un muchacho de 28 años fue atacado a balazos la tarde del jueves en inmediaciones de Larralde al 2400, zona oeste, y murió unas horas después en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). De la víctima, identificada como Jonatan Marcelo Ojeda, los vecinos de la zona dijeron que se dedicaba a la venta de drogas y que su fatal desenlace estaría relacionado a una bronca con otros vendedores. Hace unas semanas fue asesinado otro hombre a pocos metros de ahí, en un hecho que también se vinculó al narcomenudeo. No es una novedad en la zona: hace años que está atravesada por la violencia, que parece tan arraigada como la miseria que en algunos pasajes del barrio deja imágenes desoladoras.
Jonatan Ojeda tenía domicilio en 27 de Febrero al 7800. En agosto de 2013, cuando este joven tenía 19 años, a unos 200 metros de su casa los vecinos del barrio derribaron a mazazos una casilla a la que señalaban como búnker de drogas. A ese hecho le continuaron al menos dos homicidios impresionantes que marcaron a ese punto del oeste extremo de Rosario como uno de los tantos focos de conflictos vinculados a la venta de drogas.
A 9 años de aquellos días violentos la sensación es que cambiaron los nombres, como si fueran fichas reemplazables, pero que el juego continuó con reglas similares. En la casa de la familia Ojeda nadie quiso hablar de más, pero a algunos metros de distancia el vecindario deslizó el trasfondo de este nuevo crimen. Así como Jonatan era un chico conocido en el barrio sus vecinos sabían también que se dedicaba a la venta de drogas. La conclusión en estas horas posteriores a su asesinato es que lo fueron a buscar a él, que alguna bronca con otro grupo de la zona decantó en los cuatro balazos que le quitaron la vida.
Jonatan llegó al Heca pasadas las 17 del jueves herido gravemente y asistido por los allegados que lo habían trasladado en un vehículo propio. Los médicos constataron que tenía cuatro heridas de arma de fuego: dos en la axila derecha, una en el flanco izquierdo y otra en el flanco derecho; todas lesiones de gravedad por las que había perdido mucha sangre. Mientras pasó a quirófano para ser operado de urgencia las personas que estaban con él contaron que escucharon los tiros y al salir lo vieron desparramado en el suelo. Unas horas más tarde, cerca de las 20.30, los médicos avisaron que el muchacho había fallecido a pesar de las intervenciones quirúrgicas con las que habían intentado mantenerlo a salvo.
>>Leer más: Crimen en zona oeste: un hombre murió luego de ser acribillado en la calle
Este viernes por la mañana los familiares de Jonatan atravesaban la pena reunidos en el patio delantero de la casa de 27 de Febrero al 7800. Con mucha cordialidad hablaron con este diario solo para aclarar que no iban a profundizar en el crimen de Jonatan. "Sabés lo que pasa, hay muchas complicaciones y no se puede decir nada porque es algo grave", dijo un hombre que dejó por un momento de cargar ladrillos huecos en una carretilla para acercarse a hablar. Luego compartió un refrán popular en la población carcelaria que pidió sea publicado en este diario: "Calla ladrón que en tu silencio está tu libertad".
Desde el Ministerio Público de la Acusación (MPA) informaron que "personas hasta el momento no identificadas" dispararon contra la víctima en la zona de Larralde al 2400, a unas cuadras de la vivienda familiar. La investigación del homicidio quedó a cargo del fiscal Patricio Saldutti, quien ordenó la toma de testimonios a vecinos y otras medidas para rastrear cámaras de vigilancia y demás información que pueda servir para esclarecer el hecho.
Crimen reciente
La noche del lunes 17 de enero, en la misma cuadra de la vivienda de Jonatan Ojeda, fue asesinado Sergio Abraham Giménez, de 26 años. La versión preliminar de este homicidio indica que la víctima, conocida como "Puque", había llegado a una vivienda de 27 de Febrero al 7800 junto a otras tres personas para agredir a otro grupo que estaba cenando. Que entonces hubo un enfrentamiento y "Puque" perdió la vida a balazos.
Luego de ese crimen algunos vecinos aseguraron que el grupo agresor había entrado a la vivienda en cuestión a los gritos, diciendo que en esa zona solo vende drogas "el Morocho". La relación fue directa a Claudio Mansilla, el único de los evadidos de la fuga de la cárcel de Piñero que continúa prófugo, porque se trataría de una de las zonas en las que el "Morocho" ejerce poder. Sin embargo fuentes policiales dijeron que se barajaba otra hipótesis sobre el crimen, vinculada a un intento de robo y no a un conflicto por drogas.
>>Leer más: Un muerto y tres heridos en un robo con trasfondo narco
En tanto luego del hecho terminó detenido uno de los moradores de la vivienda en la que ocurrió el enfrentamiento. Ramón Ángel Z., de 42 años y conocido como "Chaqueño", quedó apuntado como autor del disparo que acabó con la vida de Giménez. El fiscal Ademar Bianchini lo imputó por homicidio agravado por uso de arma de fuego y portación ilegal de arma de fuego de guerra, pero el "Chaqueño" quedó libre aunque deberá cumplir con medidas que garanticen su disposición ante la Justicia mientras dure la investigación.
Pasado y presente
En agosto de 2013 el vecindario de la cuadra de 27 de Febrero al 7600 tomó una decisión drástica luego de que el barrio comenzara a sufrir una profunda transformación tras la consolidación del narcomenudeo en la zona. Mazas en mano los vecinos avanzaron contra una casilla a la que señalaban como búnker de drogas. Corrían tiempos de una violencia creciente en aquel año que acumuló una cantidad de homicidios en el departamento Rosario que todavía hoy es récord.
En aquel entonces, según consta en los archivos de este diario, los vecinos hablaban de broncas entre bandas que competían por monopolizar la venta de drogas en la zona. Acaso una trama similar a la que hoy, 9 años después, aparece como trasfondo de tanto crimen en Rosario y alrededores.
>>Leer más: La corta y trágica vida de una chica que se ganó la plata y la muerte en un búnker
Luego de aquella hazaña vecinal la bronca entre los grupos se cobró la vida de dos jóvenes. Una de las víctimas fue Luis Cuevas, de tan solo 14 años y apuntado por vecinos como "soldadito" de la banda que vendía en el búnker derribado. El chico fue hallado con las piernas quemadas, un dedo y el pene amputado.
Semanas antes de ese hecho, y días después de que el búnker fuera derribado, había sido quemada María Soledad Nievas, de 19 años y también vinculada a la venta de drogas en la zona. La chica, que peleó por su vida casi un mes y falleció a fines de aquel septiembre, había sido atacada en un descampado 27 de Febrero y Circunvalación, a las puertas de ese rincón del oeste extremo que todavía hoy cuenta muertes violentas vinculadas al narcomenudeo.