POLICIALES

Crudo relato del testigo principal del crimen de un repartidor

"Ahí está el Abel. Quedate tranquilo que no pasa nada", fueron las últimas palabras de Carlos Miguel Ledesma.

Sábado 08 de Agosto de 2020

"Ahí está el Abel. Quedate tranquilo que no pasa nada", fueron las últimas palabras de Carlos Miguel Ledesma. El 31 de julio el repartidor de lácteos iba en un Fiat Uno que manejaba un amigo y no alcanzó a dimensionar el peligro que se avecinaba. Al volante de un utilitario que los seguía por barrio Ludueña iba Abel, ex pareja de su novia y con quien mantenía una disputa personal. Pero lejos estuvo de anticipar lo que pasó dos cuadras más adelante: en un semáforo el vehículo se le puso a la par, el conductor sacó un arma y lo mató de un tiro en la cabeza. Por ese hecho la fiscal Marisol Fabbro le imputó esa secuencia a Abel Alberto V., de 28 años, y el juez Nicolás Vico Gimena le dictó la prisión preventiva por 90 días.

El crimen ocurrió a las 12.30 del último día de julio. Ledesma, de 34 años, iba como acompañante en el Fiat Uno de un amigo que lo ayudaba con el reparto. Tras dejar un pedido en Gutenberg y Urquiza advirtieron que un utilitario blanco los seguía. Según la fiscal era un Citroën Berlingo que conducía Abel V. Al llegar a calle Santa Fe el auto donde iba la víctima se detuvo ante un semáforo. En ese momento el utilitario se puso a la par y el conductor le disparó con un revólver.

Viejos problemas

En la audiencia imputativa la fiscal planteó que víctima y acusado mantenían un conflicto "de vieja data". Los familiares de Ledesma contaron que "el problema venía de un año atrás" porque la novia del repartidor había sido pareja de Abel V., con quien tuvo un hijo. "Abel varias veces fue al pasillo a amenazarlo de muerte el año pasado e incluso efectuó detonaciones a su casa", dijo un cuñado de la víctima.

Pero el principal testigo fue el conductor del Fiat Uno que vio agonizar a su amigo. Contó que había empezado a trabajar con Miguel porque estaba desempleado. Él aportaba el auto y Ledesma se ocupaba del reparto de quesos y fiambres. El día del crimen lo pasó a buscar a las 10.45 por una distribuidora de Gorriti y Monteagudo. Cargaron varios pedidos, repusieron combustible y tras dejar varios encargos, al salir de una verdulería, enfilaron por Gutenberg hacia Santa Fe.

"Hicimos media cuadra cuando Miguel me dice: «Ahí está el Abel». Me dijo que estaba abajo y se subió a su camioneta. Yo no lo vi porque manejaba y pasamos de largo", relató el conductor. Al cruzar San Lorenzo advirtió por el espejo retrovisor que "un utilitario blanco" estaba atrás.

"Yo le pregunté a Miguel si pasaba algo, si había algún problema, porque sabía que había problemas entre ellos", contó el testigo. Ledesma le respondió: "Quedate tranquilo que no pasa nada". A los cien metros el Fiat se detuvo en el semáforo de calle Santa Fe. "Miro por el espejo y lo veo que estaba atrás. Ahí vi al conductor y reconocí que era Abel. Mientras estaba el semáforo en rojo se puso del lado del acompañante. Vi que Abel tenía un arma en la mano y efectuó un disparo", relató el conductor del Fiat. Y agregó: "Era un revólver negro".

En la conmoción escuchó un disparo, aunque los policías le dijeron que fueron más. Una de esas balas le dio a Miguel en el cráneo. "Yo me asusté mucho y salí de ahí a todo lo que da. Miguel se cayó encima mío", dijo su amigo, que lo llevó al hospital Centenario, donde murió.

A Abel la policía lo buscó en su domicilio pero sólo hallaron su DNI. Se presentó al día siguiente y en la audiencia se declaró inocente. Negó ser el autor del disparo y dijo que ese día salió de su casa alrededor de las 11 y pasó a buscar a unas personas con las que fueron a comprar chapas y materiales para una casa que está construyendo. Una coartada que, según la acusación, no tiene sustento.

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