Pegarle al “primero que salga”. Un solo tiro. A a la cara, rápido y en un segundo. El instructivo fue enviado en mensajes de WhatsApp desde la cárcel de Piñero por un condenado como sicario del clan Ungaro. Lo recibió un tirador que, a cambio de 80 mil pesos, llegó caminando hasta el Fonavi de Hipócrates al 4600. Con el arma en una mano y el celular en la otra, disparó hacia la escalera del segundo piso donde un joven de 20 años fue herido con tres tiros. Por ese ataque de hace dos años Emanuel Fernández fue condenado este martes a 13 años y medio de prisión.
La condena se dictó en un acuerdo abreviado entre su defensa y el fiscal Alejandro Ferlazzo. Los jueces Patricia Blilotta, María Trinidad Chiabrera y Gonzalo López Quintana avalaron la condena. El joven de 28 años fue considerado autor de un intento de homicidio agravado por el uso de arma y calificado por la promesa de dinero, además de la portación ilegal de un arma.
Detrás de la balacera, por dar la orden de tirar a matar, estaba Brian “Pocha” Sánchez. Un preso que purgaba 21 años de prisión por cinco ataques homicidas con tres muertos y dos heridos. En junio pasado fue condenado por este hecho a otros 16 años de cárcel, con lo cual la pena única se elevó a 36 años de prisión. Fue detenido como quien, por su “buena puntería”, era “el que tiraba” para los Ungaro y así dirimía los conflictos con otras bandas en los barrios Municipal y Parque del Mercado.
“Pegale al que salga. Si sale un chico, pegale igual”, fue la orden que recibió Fernández antes de concretar el ataque del 26 de octubre de 2020. Los mensajes se recuperaron de su celular, un Samsung en mal estado que llevaba cuando fue detenido por la policía a pocas cuadras del lugar de los disparos. En la mochila, que arrojó al piso cuando intentó ocultarse detrás de un árbol, había un único objeto: una pistola Bersa Thunder 9 milímetros con cargador y seis cartuchos intactos.
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“Te paso más confites y vamos a hacerlo de cheto, boludo. Así me dejo de renegar. Sabés que es un segundo. Al primero que salga, amigo. No quiero renegar”, decía uno de los mensajes. Por el incidente a tiros que dejó graves heridas a Uriel R., de 20 años, también fue imputada una mujer, Gisela G., acusada de haberle entregado el arma al ejecutor, señalado el lugar y sugerido un horario sin patrulla policial. Le dicen “Paquete” y fue detenida en noviembre del año pasado. Doce días antes, la tarde del 13 de octubre, habían asesinado a su hija, Mariel Lescano.
Mariel, de 21 años, estaba con su hijo y hermanitos en su casa de pasillo de Ayacucho al 4300 cuando llegó un sicario que le pegó dos tiros apenas abrió la puerta. Fue, según la investigación, un crimen ordenado desde prisión por Alan Funes, antiguo aliado de los Ungaro que cumple condena a 35 años como jefe narco y que, según la mujer, la había amenazado porque se negaba a vender droga para ellos y para que no se aliara con Pocha Sánchez.
Según la condena, el ataque de la calle Hipócrates fue ordenado por Sánchez para pegarle a un supuesto competidor en la venta de drogas pero sin importar quién pagara los costos: “Al que salga. Al hijo también. Si es al viejo, mejor”, había indicado, además de transmitir su experiencia como tirador: “Dale uno solo en la cara nomás así no hace tanto ruido y otro más en el piso”.
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Se concretó el 26 de octubre de 2020 en la torre 13 de Hipócrates 4667. Cerca de las 20.40 Uriel R. conversaba con un amigo en el palier del segundo piso, frente a la casa de su madre, cuando se escucharon gritos de niños en la planta de abajo. Al asomarse al balcón vieron a un joven con gorrita que sacó un arma y comenzó a disparar desde el la escalera del primer piso hacia al segundo. Uriel fue alcanzado por balas en tórax, un hombro y la muñeca izquierda. Lo llevaron al Hospital Roque Sáenz Peña y salvó su vida pese a sufrir lesiones en el hígado, el epigastrio y un riñón, además de una fractura en el húmero.
“Me llamó la atención porque no era del barrio. Tenía un barbijo verde, una gorra y una mochila colgada para adelante”, contó el amigo de la víctima que vio al atacante disparar con la mano derecha desde el piso inferior mientras sostenía el celular con la izquierda “como si estuviera escribiendo o hablando”. Un móvil del Comando Radioeléctrico que estaba cerca llegó enseguida y los vecinos indicaron que el tirador se había ido corriendo “para el lado de Grandoli”. Lo detuvieron detrás de un árbol en la calle Sánchez de Thompson.
“Te di alta pico. Todo. No te deja tirado esa. Cargala y andá ahora. Pero hacelo al toque”, era la orden de “Pocha” encontrada en el celular. Según esa evidencia Sánchez ofreció un pago de 80 mil pesos y le indicó que fuera a buscar el arma a “lo de la Paquete. Ahí te va a mostrar todo el sistema. Tiene cuatro confites (balas). Andá a buscarla así la tenés ahora”, ordenó.
“A la bici la dejás a la vuelta del núcleo y te vas corriendo y agarrás la bici al toque. Es re fácil, puto. La haces al toque”, recomendó Pocha, quien en uno de los mensajes se ufanó de su experiencia: “Yo ahí mataba caminando en ese Fonavi, boludo”.