"Es la plata o la vida de tu hijo". Hugo Oliver, un comerciante de Granadero
Baigorria, recibió esa amenaza de uno de los tres ladrones que la medianoche del sábado entraron a
su pizzería, lo arrojaron al piso, lo golpearon y luego encerraran en un baño a su esposa, su nene
de seis años y dos empleados. Los ladrones estaban bien informados y buscaban una suma grande. Por
eso no se conformaron cuando el dueño del local les entregó más de 4 mil pesos de la recaudación y,
con métodos extorsivos, insistieron hasta que el hombre les entregó el dinero que guardaba en su
casa desde hace un mes y medio por la venta de una camioneta y un negocio. En total, se llevaron
unos 160 mil pesos.
"Esto me quebró anímica y económicamente. El único consuelo que me queda es que
tengo a mi hijo", murmuraba ayer dolorido y con voz temblorosa el comerciante de 36 años, luego de
declarar por unas dos horas en la comisaría 24ª. Para la policía, de ese relato se desprende con
claridad que los ladrones lo conocían y que estaban bien informados sobre los movimientos del local
y la existencia de una suma grande en el negocio de Estrada 222 de Baigorria, situado a pocas
cuadras del río en el vistoso barrio Las Palmeras, frente al club del mismo nombre.
Al cierre. El robo ocurrió cuando Oliver cerraba la pizzería que, junto a su
esposa, administra desde hace tres años. Los cadetes ya se habían ido y otros tres empleados
estaban por retirarse cuando él fue a trabar la puerta. En ese momento irrumpió el primero de los
maleantes. Tras él pasaron otros dos, todos con gorras y cuelleras.
"Me hicieron tirar al piso boca abajo, me pidieron la plata de la recaudación,
cortaron los cables del teléfono y con eso nos ataron las manos atrás. Pero no se conformaron y
empezaron a golpearme la cabeza y el cuerpo a patadas. Justo llegó mi nene y empezó a llorar. Ellos
le dijeron que se quedara tranquilo, lo llevaron con la mamá y también lo hicieron agachar", contó
Oliver. Luego los ladrones condujeron a todos a un baño menos a él, a quien siguieron exigiéndole
plata. El hombre les dio dinero de la recaudación de una agencia de quiniela que tenía en Rosario
pero los intrusos, que hasta entonces habían reunido entre 4 y 5 mil pesos, querían más. Les
entregó otros 3 mil pesos de la venta del fin de semana, pero buscaban una suma alta.
"Te vendieron". "Gordo a vos te vendieron. Decime dónde está la plata",
exigieron. El comerciante les contestó que la guardaba en el banco y entonces lo amenazaron:
"Bueno, si la tenés en el banco yo me llevo a tu hijo y mañana vas a tener noticias mías. ¿Cuánto
vale la vida de tu hijo?".
Ese fue el golpe verbal que, según contó Oliver, lo decidió a indicarles el
lugar donde guardaba el dinero (detrás de una computadora), que había obtenido de la venta de una
camioneta Toyota Hilux y de su parte en la agencia de quinielas.
"Nosotros perdimos cuatro embarazos de ocho meses y cuando me tocaron a mi hijo
casi me muero. Les pedí por favor que no le hicieran nada. Me encerraron en el baño y nos dijeron
que nos quedáramos quietos por un rato", relató Oliver luego de declarar en la seccional 24ª. Los
ladrones se llevaron, además, un equipo de radioaficionado, tres celulares de la familia, y dos de
los empleados.
"Me dejaron sin nada", lamentó el comerciante, quien vive con su familia detrás
del negocio que alquila y con el dinero sustraído planeaba comprar una casa. Oliver aseguró que la
suma robada, estimada en más de 160 mil pesos entre dólares y moneda nacional, era fruto de "quince
años de ahorro laburando a full desde siete de la mañana a las 12 de la noche. Yo no gano fortunas.
Lo obtuve con la venta de cosas compradas con ahorros. Hace tres años que privo a mi hijo de un
domingo en una plaza porque tengo que trabajar".
El dato. A Oliver le cuesta asimilar la idea de que alguien de su entorno
entregó el robo. Pero demasiados detalles lo llevan a convencerse de hubo una batida. Los
asaltantes lo llamaron Gordo, como le dicen todos los que lo conocen, y se movieron con
familiaridad.
Oliver asegura que fue reservado respecto de las ventas. Que se lo contó a
familiares directos diciéndoles que la plata estaba en el banco. Que fue a ver algunas viviendas
para comprar pero sin revelar que contaba con el dinero. Y que incluso siguió pagando la cochera
donde guardaba la pick up vendida para no despertar sospechas.
Otro indicador de que estaban informados es que sabían que el auto estacionado
enfrente era de la víctima. Oliver contó que así se lo hicieron saber, antes de escapar: "Sabemos
Gordo que el auto que está ahí afuera es tuyo. Si hacés cagada te lo quemo. Sabemos que es lo único
que te queda". l