Policiales

Cae banda polirrubro que "proveía servicios" de aprietes, balaceras, usurpaciones y venta de drogas

El accionar del grupo se detectó en escuchas telefónicas. Entre los ataques a tiros que les asignan a los seis acusados figuran los ejecutados contra tres comercios de barrio Agote

Lunes 14 de Junio de 2021

Las amenazas por mensajes de WhastApp a una mujer que debió malvender su casa de Villa Gobernador Gálvez para que no la balearan fueron el punto de partida. A partir de copiosas escuchas telefónicas fueron detenidos seis acusados de integrar una banda polirrubro que, por encargo de quien la contratara, proveía servicios de aprietes, extorsiones, usurpaciones, venta de drogas, robos de autos y balaceras. Entre éstas últimas se cuentan los ataques a balazos a tres comercios de Cafferata y Tucumán que la semana pasada motivaron un fuerte reclamo de los vecinos de barrio Agote.

Las intervenciones revelaron la actuación de una organización que tenía contacto con internos del pabellón 8 de la cárcel de Piñero, el sector destinado a miembros de la banda de Los Monos, desde donde requerían los servicios del grupo. En un allanamiento del jueves se secuestraron allí seis celulares que el fiscal Federico Rébola pidió peritar. En una extensa audiencia de este lunes los seis detenidos fueron imputados por conformar una asociación ilícita con delitos diversos en su menú. La jueza Marcela Canavesio les dictó la prisión preventiva por dos años.

El primer registro de la actuación de la banda llegó en febrero a la Fiscalía de NN. Una mujer denunció entonces que la habían amenazado de muerte para que entregara su casa de pasillo de Simón Bolívar al 2600 de Villa Gobernador Gálvez. “Dejá la casa. No va a haber otra advertencia. Si no te matamos a vos y a tus hijas”, decía una nota que dejaron en el domicilio de la víctima. Esgrimían una supuesta deuda contraída por su hermano, un albañil asesinado en noviembre en el barrio San Francisquito.

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“Te vas a tener que ir. Si no, plomo. Ya sabés”, insistían los mensajes que siguieron por WhatsApp, pese a que la dueña de casa respondía no haber contraído deuda alguna. Ante el tenor de las amenazas y la información que manejaban los extorsionadores sobre los movimientos de su familia _“encima batiste la cana y pusiste un portón”, le enrostraron tras realizar la denuncia_ decidió vender la propiedad a bajo precio y se mudó a Rosario para poner fin al tormento.

La intervención a seis líneas de celulares que la contactaban abrió un abanico de contactos. A partir de una investigación que realizó la Brigada Operacional de la Delegación Tribunales, los fiscales de la Unidad de Balaceras diagramaron un árbol con ramificaciones varias hasta dar con los detenidos en allanamientos de la semana pasada, uno de ellos con condena previa por robo. El principal acusado es Alexis Gonzalo R., apodado “Curli”, quien fue imputado por las amenazas a la mujer y como el jefe de una organización dedicada a proveer de servicios delictivos a terceros y a cometer delitos “por el propio interés” del grupo.

En el organigrama de la banda, “Curli” aparece como quien “se conectaba con los contratistas de los servicios” y distribuía las actividades a los demás. A su hermano Agustín R. se lo ubica como un miembro encargado de las cobranzas de préstamos usurarios de la organización, por los que emprendía ataques a tiros en caso de no obtener respuesta.

Como integrantes y tiratiros a sueldo fueron situados dos “Gordos”: Axel Alejandro S., alias “Gordo Tanga” y Lucas L., mencionado en las escuchas como “Gordo Lucas”. A un tercero, Emiliano “Gordo Emi” J., le endilgaron custodiar y administrar las armas y autos del grupo. Mientras que Matías C., de sobrenombre “Flequillito”, fue situado como el encargado de trasladar y acompañar a los demás en los amedrentamientos.

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El siguiente episodio atribuido a la banda ocurrió hace dos semanas, el domingo 30 de mayo, cuando fue atacado a tiros un hombre en la sala de su casa de Siónopolis al 500. Primero balearon el frente y uno de los plomos destrozó el vidrio de una ventana. Luego, el atacante corrió la cortina, metió la mano y efectuó seis disparos a las piernas de la víctima, quien debía tres mil pesos de un préstamo otorgado por el jefe del grupo. Gordo Tanga fue imputado como el tirador, Flequillito como su acompañante y Curli como quien dio la orden de “meterle un par de corchazos”.

De una de las líneas usadas para amenazar a la mujer de Villa Gobernador Gálvez también partieron las intimidaciones a la dueña de tres comercios de una esquina de en barrio Agote a quien durante meses le exigieron 30 mil dólares o de lo contrario iba a “correr sangre”. En marzo fue baleada una verdulería de Cafferata y Tucumán. El pasado viernes 6 de junio, una ferretería y un negocio de impresiones gráficas linderos sufrieron descargas de balas 9 milímetros desde una moto. Los integrantes de la vecinal Laureano Maradona respondieron con un pasacalle que advierte: “No naturalizamos las balaceras”.

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Un número telefónico del que partieron esas amenazas también fue usado para intimidar a un joven de 21 años al que le exigieron un millón y medio de pesos y el auto. “Te avisé”, decía un mensaje que recibió en su celular la tarde del 14 de abril, segundos antes de que retumbaran disparos en el frente de su casa de Mitre al 4700. Aterrado, el muchacho entregó su auto Citroen C3. Lo dejó en una esquina de donde el vehículo desapareció mientras él realizaba la denuncia en una comisaría. Era empleado en una ferretería y cree que lo contactaron porque promovía inversiones en criptomonedas desde su cuenta de Instagram.

En las escuchas hay referencias a la venta de drogas, cobro de deudas, resguardo de armas, a un tal “Hombre” o “Viejo” que habilita las zonas para narcotráfico, al cobro de servicios de sicariato y a atentados fallidos. Uno de los trabajos inconclusos fue el 20 de abril pasado. “El gil me dejó ahí, agarró la pico (pistola) y se fue, me tuve que venir caminando. Teníamos que esperar que el chabón salga de la fábrica”, le cuenta a Curli un tal Paco que había ido con Gordo Tanga a balear una fábrica de suplementos nutricionales de Ovidio Lagos y Avenida del Rosario.

Al día siguiente el local fue atacado con tres balazos por un muchacho en moto que fue detenido tras una persecución. Al tiempo se detectó que el empresario de Nutrilab Lucas Daniel F., ex empleador del dueño de esa fábrica, había contratado otro servicio de sicarios con base en la Unidad 3 para eliminar a su competidor.

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