Policiales

Cabo de Prefectura asesinó a tiros a un chico al resistir un supuesto robo

Noche violenta en un callejón de Tablada. Tenía 16 años y su familia denunció que fue un caso de gatillo fácil. El efectivo, de civil y con arma propia, dio otra versión

Viernes 29 de Mayo de 2015

Los vecinos de Patricias Argentinas entre Ameghino y Uriburu saben, y lo relatan, que morir violentamente en esa zona de Tablada está dentro de las posibilidades de todos los días. Eso le pasó a Maximiliano Ramón Zamudio, un pibe del 16 años vecino de la cuadra que el miércoles, pasadas las 22.30, murió baleado por un cabo de Prefectura que vestía de civil y denunció que el muchacho quiso asaltarlo cuando esperaba a una mujer en su viejo Ford Falcon. Zamudio recibió tres balazos, uno de ellos en la cabeza. Los parientes lo trasladaron en un remís hasta el hospital Roque Sáenz Peña donde llegó sin vida y después gritaron a los cuatro vientos que el chico había sido víctima de un caso de gatillo fácil.
  Los vecinos contradijeron la versión oficial. Al menos dos mujeres afincadas en el lugar afirmaron haber presenciado el asesinato de Maximiliano. Dijeron que el agente de Prefectura llegó solo manejando su Ford Falcon blanco. Que al ver a Zamudio lo llamó. Que el pibe se acercó y tuvieron un corto diálogo que finalizó cuando Maximiliano le dijo: “A vos qué te pasa”. Entonces el agente hizo un disparo con una pistola calibre 40 que dio en el pecho del muchacho. No conforme con ello abrió la puerta y lo remató con dos disparos, uno de ellos en la cabeza. “Yo vi cuando se agarró (el empleado de Prefectura) la cabeza, como diciendo qué hice. Y entonces llegó la mamá de Maximiliano y lo empezó a increpar por lo que había hecho”, recordó una de las vecinas.
  Al agente le secuestraron una pistola Smith & Wesson calibre 40 que no es la provista por Prefectura y dos cargadores. De esa arma aportó la documentación para la tenencia y portación. La versión oficial indicó que fue el mismo prefecturiano quien aportó “el elemento que se habría utilizado para robarlo y que fue enviado a la Sección Balística”, tal cual lo definió el fiscal de la Unidad de Homicidios Miguel Moreno. Se trata de una culata de madera y metal, sin caño, que podría ser de un viejo rifle de aire comprimido. Para los familiares de Zamudio, ese elemento fue plantado para justificar el supuesto robo.
  Al enterarse los vecinos de que Zamudio había muerto, sacaron el Ford Falcon blanco de Patricias Argentinas al 4300, lo empujaron hasta avenida Uriburu y le prendieron fuego. Así, la ira popular destruyó la escena del crimen, de vital importancia para el esclarecimiento de lo ocurrido.
  Gatillo fácil o legítima defensa. Esa parece ser la cuestión a discernir en torno al homicidio de Maximiliano Zamudio a manos del cabo 1º de Prefectura Ariel Fernando A.C., de 32 años. El chico vivía con su familia en Patricias Argentinas al 4300, entre Uriburu y Ameghino. Tenía dos hermanos, de 6 y 3 años. Y la policía indicó que tenía un par de antecedentes por robo. El cabo es oriundo de Jujuy y reside en Rosario desde hace 12 años. Está en Prefectura hace seis años y reside en el barrio La Bajada, a pocas cuadras de la escena del crimen.

Diferencias. Patricias Argentinas al 4300 es una mezcla de calle angosta de tierra apisonada que bien podría confundirse con un pasillo ancho cercado por zanjas con aguas pestilentes. Por ese lugar, a las 22.30 del jueves el empleado de Prefectura ingresó con un Falcon blanco hasta mitad de cuadra. El cabo relató de una vez y sin fisuras que llegó llevando a una mujer con el objetivo de buscar un equipo de música para animar un cumpleaños.
  “Cuando la mujer se bajó del vehículo fue abordado por dos masculinos. Uno se paró frente al vehículo y el otro se colocó sobre la ventanilla del conductor. Le preguntó la hora y el conductor le contestó que no tenía teléfono porque acababan de robárselo. Entonces este muchacho esgrimió lo que tendría la apariencia de una escopeta recortada o un arma larga y le exigió la entrega de sus pertenencias”, explicó en rueda de prensa el fiscal Moreno.
  “El oficial finalmente le dio el celular y cuando le dijo que no tenía nada más el pibe comenzó a golpearlo con ese objeto (supuesta arma) en la cabeza. Entonces el agente se habría identificado como personal de seguridad: «No me hagas nada que soy policía y vas a tener problemas». En ese momento el que estaba frente al vehículo le dijo a su compañero: «Quemalo, quemalo», y en esa situación el oficial de Prefectura extrajo su arma y efectuó dos o tres disparos que impactaron en el muchacho”, dijo Moreno. Luego relató que el cabo fue perseguido (en consonancia con los dichos de la madre del pibe muerto), que intentó buscar refugio en la casa de un policía y que luego hizo tres disparos al piso al verse cercado en un pasillo sin salida. Los parientes de Zamudio lo retuvieron y lo entregaron a efectivos de la comisaría 11ª. Por entonces tenía fracturado su antebrazo izquierdo.
  “Todo es objeto de investigación. Hay una primera versión que será confrontada con todas las versiones que aparezcan en la causa y se analizaran para llegar a las más verídica”, indicó. En tanto, la mujer que supuestamente acompañaba al hombre de Prefectura no pudo ser localizada y nada se supo sobre el equipo de música que habían ido a buscar.

“Entró a la cuadra a matar y mató a mi hijo”

“Cuando yo llegué y vi a mi hijo muerto en el piso le pregunté: «¿Por qué me lo mataste?». Y el tipo me decía: «Perdonáme, yo no lo quise matar, no lo quise matar». Yo agarré un palo y le empecé a pegar y a gritar. Y el tipo me disparó tres veces. Yo lo quería matar a palazos porque me había matado a mi hijo”, recordó María, la madre de Maximiliano Zamudio.
  “El tipo entró a la cuadra a matar. ¿Qué hacía acá? Nadie lo conoce. Dijo que trajo a una mujer que nadie conoce aquí. No conocía la cuadra porque cuando quiso escapar se metió con el auto en la zanja y cuando salió corriendo se metió en un pasillo que no tiene salida. El tipo vino a matar y mató mi hijo”, explicó la madre acompañada por el abogado Marcos Cella.
  Pero ese no fue el único sufrimiento de la mujer. Ayer a la mañana María llegó con varios de sus familiares a la Fiscalía de Homicidios para hablar con el fiscal Miguel Moreno y pedirle ayuda porque “la empresa de servicios sociales que mensualmente pagamos como grupo familiar no nos quiere reconocer el velorio y el sepelio porque dicen que Maxi murió en un episodio delictivo. Así que no se de dónde vamos a sacar plata para sepultarlo”, indicó uno de los tíos del pibe muerto.
 

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