Cerca de las 11 de ayer todo transcurría con normalidad en barrio Parque. Inés
María Gómez, una pensionada de 78 años, cumplía con un ritual: comprarle flores a un vendedor que
recorre la zona desde hace siete años. Dos horas después, los vecinos advirtieron un inusual
detalle que los inquietó: la puerta de su casa del pasaje Coffin al 3000 estaba abierta. Con la
sospecha de que algo extraño había ocurrido en la casa de la mujer, se contactaron con la policía.
Un rato después, una comitiva de la comisaría 5ª arribó al lugar y la encontró muerta. Tres
profundos cortes en la cabeza habían terminado con su vida. Y un desorden descomunal en su
habitación sugería que la habían matado en el desenlace de un robo.
Sin embargo, hasta anoche, los investigadores no habían determinado si de la
vivienda faltaron objetos de valor y dinero. Inés vivía sola en una casa del pasaje Coffin 3066,
una arteria de tres cuadras que se inicia en Ovidio Lagos y finaliza en avenida Francia (a la
altura del 2300). Había regresado a Rosario en el año 2000 desde Italia, donde se quedó su hijo a
quien planeaba visitar pronto.
La propiedad de Inés es una típica casa de clase media. Lo primero que le llamó
la atención a la policía es que la puerta no estaba forzada, por lo que presumen que la mujer le
franqueó el paso a quien la agredió. Apenas llegaron, los policías atravesaron el garaje y llegaron
a un patio de invierno. Allí divisaron el cuerpo de la anciana. Estaba tirada boca abajo, con el
cuero cabelludo cubierto de sangre. Varios golpes con un objeto punzante le habían provocado tres
heridas en el cráneo.
En una habitación cercana al patio trasero y en una pequeña sala de estar, los
uniformados divisaron el desorden típico de un robo. Los cajones de los placares y modulares
revueltos y ropa diseminada por el suelo indicaban que el o los intrusos buscaron efectivo y
alhajas. "No sabemos qué se llevaron porque la mujer vivía sola", explicó el comisario Juan Cabral,
jefe de la comisaría 5ª.
Un enigma de dos horas.Los vecinos no escucharon ruidos ni observaron
movimientos extraños en el mediodía de ayer. Cerca de las 11, sólo vieron al florista conversando
con Inés en la puerta de su casa. Pero a nadie le llamó la atención: el comerciante recorre la
barriada desde hace siete años. Según un vocero policial, nadie pudo precisar el nombre del
vendedor ni dónde vive.
Ese fue el último momento en que Inés fue vista con vida. Dos horas después, la
mujer fue hallada asesinada. Anoche, los investigadores trataban de precisar qué ocurrió en ese
lapso de tiempo.
Inés no tenía familiares directos en la ciudad. Sólo una prima política la
frecuentaba. Ayer a la tarde, esta mujer recorrió la casa, pero no pudo precisar a los uniformados
si faltaban dinero o objetos de valor.
"Recorrí la casa y encontré mucho desorden, pero como vivía sola no sé lo que se
pueden haber llevado", dijo escuetamente a este diario la mujer, quien reservó su nombre, antes de
retirarse apresurada hacia la morgue. "Al parecer, era muy reservada (por Gómez) y nadie sabía lo
que tenía", explicó el comisario Cabral.
Cerca de las 17, el cadáver de la anciana fue trasladado al Instituto Médico
Legal. Cuando el vehículo de la mortera ya se había marchado, llegaron unos familiares de Inés de
la ciudad de San Nicolás. Eran una de sus tres primas y el esposo. "¿Señor, qué pasó?", preguntó
con desesperación la mujer apenas se bajó del auto a LaCapital.
Poco después, los policías de la seccional 5ª le explicaron lo que había
ocurrido. Hasta anoche, los pesquisas no tenían muchas certezas con relación a los autores del
crimen. Sólo sabían que el suceso había sido el epílogo de un robo.
Eduardo Caniglia
La Capital