Pandemia

"Se viene un empobrecimiento crónico de las clases medias bajas"

Agustín Salvia, del Observatorio de la UCA, asegura que las políticas son "insuficientes" y "parciales".

Domingo 26 de Abril de 2020

La cuarentena puso un freno de mano a la economía argentina, que ya venía con dos años de recesión sobre sus espaldas. En este marco, el gobierno nacional lanzó una serie de medidas para contener a los distintos sectores sociales, sobre todo a los más vulnerables. Sin embargo, para el director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, las políticas oficiales son "insuficientes" y "parciales". No sólo eso: en mayo, alertó el especialista a La Capital, empezará un "empobrecimiento más crónico de las clases medias bajas".

—¿Cómo impactó el frenazo económico en los distintos sectores sociales?

—El parate que ocurrió en la última etapa de marzo produjo un fuerte shock inicial de pobreza en el sector informal, una población que no depende de un salario formal ni del cobro de un pago mensual. Sin embargo, fueron rápidamente compensados por las políticas de transferencia de ingresos: ingreso familiar de emergencia, bono para para la asignación universal por hijo, ajuste por jubilaciones. Esto compensó para estos segmentos pobres del sector informal la caída de ingresos que tuvieron en marzo. La cuestión es que ya llevamos cuatro semanas de parálisis del sector informal, y las compensaciones cubren sólo una parte de los ingresos familiares. Hay contención, no está aumentando de manera significativa la indigencia, la pobreza extrema, pero los pobres son más pobres, en términos de ingresos. Este proceso mete más presión sobre los comedores comunitarios, parroquiales, incluso los escolares.

—¿Qué sucede en el sector formal?

—A la mayor pobreza que están teniendo los sectores informales se sumarán en mayo los segmentos formales. A ellos se agregarán los desocupados y subocupados por la pérdida de empleo por el cierre de unidades económicas que no se van a poder sostener por la cuarentena, o que van a poder reabrir recién cuando esto termine. Las que sobrevivan van a tardar en reactivar porque no teníamos una economía próspera que pueda rebotar de nuevo: veníamos con recesión e inflación. Según datos del Indec, en el último cuatrimestre del año pasado hubo 38 por ciento de pobreza. Vamos a tener que atravesar un período de cierre de empresas, despidos, un aumento de la precariedad laboral. Esto va a significar un empobrecimiento más permanente, más crónico de las clases medias bajas, que vienen siendo castigadas en los últimos dos años, y lo serán más en este momento.

—¿Estos sectores de clase media pueden recuperar su situación anterior a la pandemia?

—Pueden recuperarla, el tema es cómo se reactiva la economía. No estamos en 2002-2003, es una crisis distinta. El shock de crecimiento que hubo en ese momento fue extraordinario: había mucha capacidad ociosa, excedente tanto en la balanza comercial como en la de capital, había superávit fiscal. Ahora todo es incertidumbre. Es de esperar que como ocurrió con otras crisis, ésta nos deje también un piso mayor de pobreza.

—¿Pueden alcanzarse los niveles de pobreza de 2001-2002?

—Hoy no, pero posiblemente si esto se prolonga estaremos en niveles similares: shock de crisis con empobrecimiento. En 2002 salió el plan jefes y jefas de hogar, que llegó a 2 millones de hogares; hoy tenemos asistencia social que alcanza entre 4 y 5 millones de hogares. El 33 por ciento de los hogares recibe hoy un piso de ingresos a través de los programas sociales, algo que no se tenía en 2002. Hoy tenemos otro piso y es difícil que la situación llegue a ese nivel de gravedad.

—¿Alcanzan las medidas del gobierno para contener a los distintos sectores sociales?

—Son parciales. Quizás para el sector informal se requeriría una malla de ingresos mayor, pero no cierra la ecuación fiscal, no hay mucho más margen. Para ese segmento habría que pensar para el día después de la cuarentena políticas que dejen ser una transferencia de ingresos para convertirse en un programa de empleo, con un salario digno, para generar más bienes y servicios en los sectores más pobres. Por ejemplo, en tareas de cuidado, forestación, saneamiento ambiental, trabajos muy importantes que el sector privado no va a hacer. Para el sector formal son insuficientes porque hay un sector de pymes en una zona gris que no acceden a los créditos y están muy cerca de la quiebra. Ahí veo un déficit de la política.

—Habló sobre la ecuación fiscal, ¿Qué opina sobre la posibilidad de cobrar un impuesto a los grandes patrimonios?

—No sé si el impacto económico real desde el punto de vista fiscal compensa lo que desactiva desde el punto de vista económico. No debería asustarnos cargar una imposición sobre el capital pero podría ser contraproducente para ganar la confianza de esos sectores y generar una real inversión. La forma de aplicar mayor carga impositiva más legítima, no más legal, sobre esos sectores debería incluir una estrategia de crecimiento y desarrollo por parte del gobierno. Falta un horizonte sobre el cual alinear todos los factores. Entre ellos, el fiscal, una reforma tributaria, una reforma del Estado.

—En cuanto a lo tributario, ¿Cuáles deberían ser los ejes de una eventual reforma?

—Debería aportar más el sector exportador, empresas que tienen ventajas comparativas a nivel global y que tienen grandes márgenes de ganancia. Codistribuirlos, en un contexto donde podría haber créditos mucho más baratos para pymes, aumentar la inversión en ciencia y tecnología, apoyar los procesos de educación y formación laboral y profesional de los jóvenes. Hay una serie de inversiones —en capital humano, productivo, social— que deberían hacerse y los recursos son escasos. Los podrían aportar los sectores más dinámicos.

—¿Cómo ve la cooperación entre gobernantes de distinto signo político? ¿Hay posibilidad de construir acuerdos que involucren también a actores sociales y económicos?

—Soy relativamente crítico con lo que está ocurriendo. Tenemos una democracia debilitada: con poderes ejecutivos fuertes —tanto a nivel nacional, como provincial y municipal— y organismos de control muy debilitados. Hay acuerdos sobre cómo administrar la emergencia, pero no hay un acuerdo político que supere la grieta y que muestre que estamos en condiciones de hacer otro tipo de acuerdos. Por ejemplo, económicos.

—En este marco, ¿Ve usted alguna posibilidad de que se produzca lo que ha definido como un "pacto redistributivo"?

—No veo en el gobierno un proyecto para el día después de la pandemia. Veo acuerdos entre los poderes ejecutivos y la sociedad, pero sin mediaciones. Eso debilita al sistema republicano, democrático, y también la posibilidad de hacer acuerdos que se conviertan en políticas de Estado.

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