Pandemia

Política en clave de pandemia

Claves. El presidente decidió mantener la estrategia, porque equipo que gana no se toca. La buena reacción de la sociedad con Perotti y Javkin también los obliga a mantener decisiones férreas

Domingo 26 de Abril de 2020

Si el equipo que gana no se toca, la estrategia mucho menos. Eso es lo que piensa Alberto Fernández a la hora de extender la cuarentena.

Las decisiones que tomó Fernández lo han colocado entre los presidentes del mundo con mayor imagen positiva, algo que ni siquiera se asomaba como posibilidad un día antes de la declaración de la pandemia en el país. Las sociedades quieren ser conducidas en las guerras, aunque muchas veces los victoriosos en esas lides luego sean derrotados en las urnas.

Tampoco obedece la creencia oficial de que lo mejor es mantener la cuarentena sólo a una especulación electoral. El país tiene sistema sanitarios arcaicos y, si se hubiera maximizado la cantidad de infectados, la situación estaría repleta de tragedia. Frente a esa debilidad, la cuarentena se convirtió en la mejor elección. Y llegó para quedarse bastante tiempo más al anunciado por el jefe del Estado, al menos en los grandes centros urbanos y entre los grupos de riesgo.

Pero una columna política de domingo tiene su razón de ser en la indagación de la realidad por la que atraviesan frentes, partidos y dirigentes. Y allí también pasan cosas, aunque subalternizadas. Y en Santa Fe, a diferencia de otras provincias, la política siguió latiendo, primero por la tirria institucional entre el gobierno de Omar Perotti y el Frente Progresista, luego por las derivaciones de la ley de Necesidad Pública y ahora por las diferencias que asoman entre el Frente Progresista y Juntos por el Cambio por el futuro.

No está ajena a esas fricciones al borde del reglamento la relación entre el intendente Pablo Javkin y el socialismo. Cuando las críticas de Javkin a Lifschitz por la resistencia a la ley de Necesidad se hacían cada vez más duras, el ex gobernador tuvo que pedirles calma a varios de los propios que querían contestar con dinamita.

En el camino hacia la reelección a la presidencia de la Cámara, el ex gobernador debió sortear un intento de asonada que ni siquiera terminó en un disparo con cebita. Algunos históricos operadores ven un momento de clivaje y llevar la disputa hacia la destrucción, ya no del adversario peronista sino de Lifschitz, el dirigente socialista que quedó en pie para 2023.

Diputados provinciales que intentaron ser subyugados por la bijouterie estacional de la elección de autoridades legislativas les dijeron a los rebeldes. "No, muchachos, no es momento". Y Lifschitz fue reelecto por unanimidad.

Pero, en paralelo a esa historia contada por La Capital desde el primer día, ahora empieza a germinar un debate que se hará más grande a medida que pase el tiempo. Ha quedado evidenciado como una razón empírica que la política electoral santafesina es una cosa con el no peronismo unificado y otra cosa es que ese no peronismo vaya dividido en partes.

Aquella idea de Mario Barletta de constituir un "frente de frentes" entre los progresistas y los cambiemitas fue reforzada esta vez por el senador Felipe Michlig, un dirigente que no juega en el campo del macrismo (como Barletta) sino en el NEO, espacio del radicalismo progresista.

Michlig fue el responsable opositor de habilitar la aprobación de la Necesidad Pública y de incrementar los fondos destinados a la lucha contra el coronavirus que reclamaba Perotti. Ahora, el legislador del departamento San Cristóbal cree que 2021 será el año en el que deban confluir progresistas y cambiemitas para enfrentar al peronismo.

Esa teoría choca contra lo que sostiene el líder del espacio radical, Maximiliano Pullaro, quien se convirtió en aliado clave de Lifschitz para mantener la nave del Frente Progresista. No es una revelación decir que Michlig y Javkin tienen buena sintonía, y que el senador piensa en un futuro provincial para el intendente.

En una entrevista que se publica hoy Lifschitz descarta de cuajo cualquier posibilidad de acuerdo cercano con Juntos por el Cambio y admite que una coalición de ese tipo terminaría por romper el Frente Progresista. Ante el escenario divisionista, el peronismo se frota las manos.

Es una posibilidad cierta que las elecciones de 2021 se nacionalicen, siempre detrás de lo que suceda con la pandemia. Si el estado de las cosas se mantiene como hasta aquí, la foto de Fernández con los candidatos provinciales se hará valer como aquellas figuritas codiciadas de los torneos metropolitanos de fútbol.

Perotti sabe que a partir de ahora será clave la acción de los gobernadores para la administración de la cuarentena. El presidente escuchó a los mandatarios provinciales, y la implementación de las nuevas modalidades del aislamiento tendrá que ver con un mapa, coloreado por las zonas amarillas, rojas y verdes. "Hay que seguir siendo muy restrictivos en los mayores centros urbanos, que es donde está la mayor preocupación", dijo un gobernador a este diario, antes del anuncio de la Casa Rosada.

Encuestas a las que accedió LaCapital, muestran que tanto Perotti como Javkin tienen una alta valoración por las acciones realizadas en el marco de la pandemia, algo que los puso en un lugar diferente al que venían transitando, con muchos problemas económicos y reclamos sindicales como toda índole. En algún punto, ahí también la crisis sanitaria significó oportunidad. Pero un sentimiento particular envuelve a la sociedad civil en medio de la emergencia, seguramente diferente a los tiempos por venir, con la economía maltrecha.

Y eso se empieza a ver entre los trabajadores y empresarios privados, con enormes dificultades para poder cobrar/pagar los sueldos, y todo lo que tiene que ver con el Estado, cuya planta laboral hoy está en mejores condiciones. ¿La grieta que se viene?

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