Pandemia

Piecitos Descalzos, ante el desafío de darles de comer a 120 familias en Villa Gobernador Gálvez

En el barrio Ghiglione acostumbraban alimentar 120 bocas y en el aislamiento tuvieron que aumentar a 600 raciones diarias.

Domingo 26 de Abril de 2020

Eva y Miriam cocinan con esmero un locro dentro de dos ollas gigantes en el local de La Plata 3215, en Villa Gobernador Gálvez. Falta más de una hora para la entrega de las raciones pero afuera ya hay casi una cuadra de cola para retirarlas. Y sigue llegando gente.

Esta es la situación que vive hoy el comedor de la Asociación Civil Piecitos Descalzos, una ONG que agrupa a unos 17 voluntarios y que, a partir de la cuarentena, tuvo un aumento explosivo de demanda: de 40 familias estables que se abastecían en el lugar, pasaron a ser 120, lo que significa unas 600 bocas para alimentar.

Piecitos Descalzos se compone de trabajadores, cuentapropistas y voluntarios del barrio Ghiglione, donde se levanta el cementerio. Se llega desde Rosario por calle San Martín. Allí, desde hace 10 años este grupo de emprendedores montaron un espacio donde los chicos reciben la merienda, realizan actividades recreativas y, cuando los familiares los retiran, se les entrega la ración de comida para que puedan "comer en familia, porque eso es lo que privilegiamos, que estén con sus familiares".

Las palabras son de María Laura Miranda, de 43 años, casada, cuentapropista que lleva la voz cantante del grupo. "Somos 17 personas las que colaboramos, en su mayoría vecinos y amigos que hacen otras actividades. Tenemos amas de casa, trabajadores e incluso estudiantes que vienen regularmente a colaborar", cuenta.

Pero en los últimos tiempos, sobre todo a partir del aislamiento social, preventivo y obligatorio dictado a raíz de la pandemia por el coronavirus, la cantidad de personas necesitadas que comenzó a llegar al lugar creció significativamente. "Entregábamos, exagerando, raciones a unas 40 familias, es decir cerca de 200 personas), pero ahora tenemos 120 familias y eso representan como 600 bocas que alimentar", narra Miranda.

Villa Gobernador Gálvez es una ciudad con niveles de desocupación altos y de informalidad laboral aún mayores. A partir de la cuarentena, muchos trabajadores de oficios, changarines y personas que generan sus ingresos con actividades menos regulares comenzaron a verse desabastecidas. Y esto, como en otras urbes con bolsones de pobreza, impacta directamente en las ONG que realizan actividades solidarias. "Siempre nos manejamos a través de donaciones, pero ahora todo se nos complica, nada alcanza", lamenta Miranda. Y abunda: "Tenemos una página de Facebook que es María Laura Miranda (Piecitos Descalzos) y a través de ese contacto recibimos de la gente alimentos no perecederos", explica.

También contaban con dos empresas que los ayudaban con la provisión de carne, "pero cuando arrancó la pandemia, se complicó todo, y nos dijeron que por un tiempo no nos iban a poder ayudar, al menos hasta que todo esto se normalice", dice María Laura.

En este contexto, se manejan con lo que tienen y pueden, y a veces hasta tienen que salir a comprar los insumos de sus propios bolsillos. "Hoy cocinamos chorizo a la pomarola, y tuvimos que salir a comprar los chorizos con nuestro dinero", lamenta.

Reciben del municipio 65 bolsones de alimentos para repartir entre las familias, pero con el incremento de la demanda, se quedan cortos. "A algunas las tenemos que dejar de lado, y es muy feo, porque es una la que da la cara", advierte la referente del lugar. "Ahora la provincia nos prometió para el mes que viene algo de ayuda, nos dijeron que se ponían a nuestra disposición", se alivia.

Ahora, al lugar solamente asisten las madres que van a buscar las raciones para el resto de la familia. "En situaciones normales tenemos un salón comedor al que vienen los chicos, nos reunimos, cocinamos, hacemos actividades, como lo hicimos para el Día del Niño, para Navidad con un Papá Noel y para los Reyes Magos". Para esto, tienen tres personas que se encargan de la cocción de los alimentos y dos ayudantes que los reparten, mientras que otras dos se ocupan de la copa de leche y dos más las distribuyen. "Pero ahora solamente vienen las mamás y les damos las viandas para que coman con la familia", narra Miranda.

Y en este momento de pandemia por el coronavirus todo se desbordó. La responsable del lugar hace un pedido desesperado: "Necesitamos alimentos no perecederos, carnes, frutas, leche, azúcar, harina, grasa, aceite, salsa de tomate. Sobre todo lácteos y frutas. Sabemos que la leche, los yogures, el queso y las frutas son fundamentales para los chicos".

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