Los espacios culturales y bares afines son otros de los rubros que quedaron a la deriva y al borde del cierre a raíz de los contratiempos económicos que trajo aparejada la pandemia por el coronavirus. A falta de clases presenciales, por un lado, o ciclos artísticos por otro, algunos realizan encuentros virtuales con cuotas módicas y otros improvisan la modalidad de delivery de comidas para seguir subsistiendo. Más allá de las reuniones con el municipio y algunos concejales locales, aún no hay otras alternativas a corto plazo.
A la mayoría de los espacios, la pandemia los sorprendió cuando intentaban volver a las actividades a pleno, puesto que enero y febrero suelen ser meses de vacaciones en los que se aprovecha para acondicionar los espacios donde se dictan clases y talleres abiertos a la comunidad. En otros, si bien trabajan durante el verano, la caída del consumo los empujó a una crisis sin precedentes.
"Desde el 19 de marzo cerramos las puertas por la pandemia del coronavirus y la situación se complicó porque veníamos de enero y febrero sin dar clases. Todo lo que era dinero era del año pasado y este año sólo tuvimos el ingreso de cuotas de algunos alumnos", comentó Julián Gómez Lucero, del espacio Puerta Naranja, donde se realizan actividades acrobáticas y arte circense. En tal sentido, agregó: "Estamos destrozados porque todos los fondos se quemaron y no tenemos otra alternativa y vivimos de esto y el rédito de esta actividad no pasa precisamente por lo económico".
Una situación similar es la que atraviesa la Cooperativa Aire Espacio Cultural, cuyos miembros y docentes de artes circenses se encuentran en una situación desesperante, ya que en su mayoría viven de las clases que dictan en ese lugar. "Estamos organizando rifas porque la realidad es muy dura para los profesores, ya que las clases son su único ingreso. Desde que se decretó la cuarentena quedamos a la deriva y no sabemos cómo seguir adelante", planteó Noel, para apuntar que algunos profesores también intentan subsistir mediante clases en formato virtual para cubrir gastos vitales.
>>Leer más: Bares y restaurantes crearon un mapa virtual para potenciar el reparto
Lo mismo ocurre con Cuarto Creciente, por ejemplo, espacio aéreo de acrobacia en telas que fue habilitado hace muy poco y se encontró con la pandemia cuando debía hacerle frente a impuestos y alquileres como los otros espacios. "El espacio funciona con diferentes docentes con una capacidad máxima de 15 personas, nos sostenemos con las cuotas y no tenemos subsidios ni dinero extra de ninguna organización", describió Florencia.
A su vez, comentó: "Decidimos seguir mediante clases virtuales a partir de una cuota más baja por una cuestión de recursos que ni alumno ni docente pueden contar, pero hay docentes que quedaron sin trabajo".
Estos espacios están nucleados en el Colectivo Rosarino de Espacios Culturales (CREC) junto a Escuela Circo el Ruedo, Espacio Cien Volando, Estudio el Sol, El Umbral, Cuarto Creciente espacio en movimiento y Estudio Gabriela Morales, sólo para citar a la decena de lugares que promueven artes y cultura en la ciudad y trabajan a pulmón.
Este mismo colectivo mantuvo una reunión virtual con la secretaría de Cultura municipal, Carina Cabo, y con el subsecretario del área, Federico Valentini, para solicitarle alguna ayuda que permita paliar la situación económica que provocó el aislamiento preventivo, social y obligatorio. Pero, más allá de la buena voluntad y atención de los funcionarios municipales, la realidad económica asfixia y es apremiante en todos los sectores.
>>Leer más: Autorizan a 17 bares y restaurantes a prestar servicio de delivery
En el caso de los bares, Club 1518 se trató más de una crónica de un cierre de persianas anunciado. El aislamiento preventivo, social y obligatorio terminó de decretar un cierre que estaba previsto con festival sobre calle Salta, algo que no pudo ser. "Teníamos pensado cerrar el 4 de abril con un festival en plena calle Salta, pero todo esto nos adelantó el cierre, que ya veníamos madurando por toca la coyuntura económica", señaló Gonzalo, titular del bar.
En el caso de Bon Scott Bar Cultural, afirman que la pandemia les terminó de cerrar prácticamente los caminos puesto que ante el aislamiento sólo atinaron a expender viandas para, al menos, recuperar gastos de mercadería. "Desde que comenzó al aislamiento la recaudación nos bajó un 85 por ciento. Lo único que podemos hacer es ofrecer viandas de lunes a lunes y de ahí repartimos lo poco que recaudamos para poder subsistir mínimamente", contó Leandro, encargado del lugar.
>>Leer más: La Municipalidad ordenó el cierre transitorio de gimnasios y otras fuertes medidas de prevención del coronavirus
La realidad tampoco le escapa a Distrito 7, de dimensiones un tanto más grandes que el resto, pero con realidades no menos grave. "Después de atravesar cuatro años de recesión, la pandemia nos afecta de lleno ya que como cooperativa de trabajo no tenemos espalda económica para sostenernos sin funcionar como lo hacíamos", indicó Marianela Mennelli, desde el lugar ubicado en Lagos y Córdoba.
A su vez, abundó: "Frente a esta situación nos hemos presentado a diferentes convocatorias. Todo eso al tiempo que intentamos generar estrategias novedosas que nos permitan subsistir. Es así que, además de trabajar con viandas para los mediodías, decidimos crear el Club del D7, un sistema de asociación mensual con beneficios tanto en D7 como en otros espacios asociados".