PANDEMIA

La demanda crece en los comedores comunitarios de Villa Gobernador Gálvez

A una semana de que se restringieran actividades, aumentaron las demandas de raciones de comida. El día a día con el virus rondando cerca

Domingo 13 de Septiembre de 2020

Hace una semana dio inicio la etapa de aislamiento social en Villa Gobernador Gálvez y la restricción de actividades laborales provocó una mayor demanda en comedores comunitarios esparcidos por esa ciudad. El incremento de casos positivos de coronavirus incluso lleva a convivir más de cerca con el virus en esos comedores, obligando momentáneamente al cierre de dos de los mismos. Marcela Franchini, de Carita Feliz; Olga Franco, de Ojitos Felices, y Alejandra Nader, de Renovación Social, hablaron de las vivencias, temores y necesidades de los vecinos.

“La demanda volvió a incrementarse. Hay personas que me piden si los puedo volver a anotar”, contó Franchini. “La necesidad es mucha. Durante la anterior etapa en la que hubo también más restricciones llegamos a dar hasta 850 raciones de comida. A partir de una mayor apertura, bajó a 550. Pero en la última semana, cuando se volvió atrás, tuve que agregar 100. Estamos entregando 650 todos los días y se nos puede llegar a incrementar a 800 debido a esta gran demanda que existe al volver todo para atrás”, agregó.

Franchini señaló que “la mayoría de los vecinos del barrio se quedaron sin trabajo desde marzo”, y que algunos “fueron retomando trabajos de albañilería”. Es la tarea a la que se dedican muchos de los hombres del barrio.

“Ahora no todos pueden salir a trabajar y se complica, no sólo por la necesidad de la comida sino porque cada vez son más los casos de Covid-19 y es difícil el trabajo en el comedor. Por el miedo a contagiarse, hay menos manos que ayuden, ya que lo nuestro es solidario, no se cobra un sueldo”, añadió Franchini.

Franco también sostuvo que existe “más gente” que se acerca a su comedor comunitario debido a que “se cortaron las changas”. Señaló que “hace 15 días atrás había bajado la demanda, porque la gente había empezado a trabajar y no estaba yendo a buscar las raciones. Pero ahora que se cortó el trabajo aparecieron más personas”.

La trabajadora de Ojitos Felices indicó que antes de la pandemia repartían “hasta 150 raciones” y que ahora “llegan a 280” con la suba de la última semana. El comedor sólo recibe comida a partir de donaciones por Facebook.

Es diferente la situación de Nader en el Centro Renovación Social, siendo que recibe apoyo de la Nación, al igual que Carita Feliz, y del Banco de Alimentos Rosario (BAR). Nader, a diferencia de las otras dos mujeres, asegura que “no varió en nada la demanda y tampoco se vinieron a anotar para estar en lista de espera”. “Desde hace unas semana el trabajo empezó a moverse, para el que hace changas, para la que hace limpieza”, dijo, antes de remarcar el incremento de raciones desde el inicio de la pandemia. “En marzo teníamos alrededor de 360 y ahora 480”, señaló.

Franchini dijo que Carita Feliz, ubicado en el barrio La Rana, permaneció cerrado “diez días por precaución” a causa de que personas que vienen al comedor “tienen Covid-19”.

“Igual se siguió prestando el servicio entregando mercadería, frutas y leche. El lunes (por mañana) volvemos a abrir”, agregó Franchini.

La mujer desnudó una realidad que palpan a diario: no todos entienden el peligro del coronavirus. “Los contagiados son de una familia y había algunos que por ignorancia decían que no era grave, que era una gripe. Llamamos a personal de Salud para que vengan a explicarles, pero así y todo no entendieron”, contó.

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Nader tendrá que cerrar esta semana el Centro Renovación Social, en barrio Cancha de Remo, por “tres casos” de personas que colaboran en la atención.

Trato de explicarles a todos lo que es la enfermedad. Les cuento que mi papá falleció el 29 de agosto sin que podamos despedirlo porque estuvo internado y el hisopado tardó nueve días. Por eso le digo a la gente que se cuide”, dijo.

Franco planteó que en Ojitos Felices, que se encuentra en el barrio La Tablita, están “viendo que se acerca el coronavirus y el temor siempre está”, pero la vocación de colaborar con los demás es más fuerte. “Tomando todas las medidas debidas, se puede. No nos queda", subrayó.

Ignorancia o necesidad

Existe coincidencia entre las referentes de los comedores comunitarios que no todos los vecinos comprenden el riesgo del virus. Desde el espacio que ocupan, intentan transmitirles los cuidados.

Marcela Franchini, de Carita Feliz, señaló que en el barrio La Rana “no hay conciencia. El 80 por ciento lo toma como si no fuese nada, como si no existe el virus”.

“Algunos no sacan los chicos a la calle, pero otros los traen cuando vienen a buscar la comida. Les decimos que es muy riesgoso, pero te responden que no tienen con quién dejarlos”, dijo Olga Franco de Ojitos Felices.

Alejandra Nader, de Renovación Social, dijo que ante esa clase de situación, toman “la precaución de darles la comida primero a esas madres. Pero viendo eso, otros también llevan a los chicos para pasar antes”.

“Es por ignorancia o necesidad, no lo hacen por maldad”, sostuvo Franchini. “Es fácil decir que te quedés adentro de tu casa cuando lo tenés todo”, agregó.

Nader añadió que algunos “cumplen las medidas de protección, como el uso del barbijo, cuando van al comedor porque se lo exigimos. Pero después los ves en la calle y actúan distinto”.

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