Rusia 2018

Una eliminación que arrasará con todo

Este adiós sepultará el ciclo de los históricos como Javier Mascherano, talvez el propio Lionel Messi, y seguramente eyectará a Jorge Sampaoli del puesto de director técnico.

Domingo 01 de Julio de 2018

La imagen, desde cualquier ojo de un hincha argentino, duele por donde se la mire. Esta tremenda eliminación en octavos de final frente a Francia ya no necesita ni explicarla. Es tan obvia, tan evidente, que todo lo que pasó se veía venir. Para un país que respira el oxígeno del fútbol como el nuestro, pero que también se contamina de su smog, este prematuro adiós de Rusia 2018 seguirá edificando el tobogán por el que se deslizará el tremendismo. Porque en las valijas de este viaje siniestro ya entran los 25 años sin títulos, las finales perdidas en cadena y otro fracaso estrepitoso de la generación Messi. Por eso, para una sociedad que cría ídolos con la misma naturalidad con que los fagocita, este grupo de históricos que representa hace más de una década a la selección volverá a ser blanco fácil del canibalismo. La verdad, razones no faltan. El hincha terminó otra vez, y ya perdió la cuenta de cuántas van, con el alma llagada y perforada por otra puñalada justo en la herida que no para de sangrar. Está cansado de ver a estos jugadores retirándose con las cabezas gachas y frustrados desde su falta de rebeldía para torcer una historia que siempre los recordará como los grandes perdedores que marcaron época vistiendo la camiseta de la selección.

Fin de ciclo

El pueblo reclamará fin de ciclo para la mayoría. Basta de Mascherano, Biglia, Rojo, Enzo Pérez, Banega, Otamendi, Higuaín, Agüero y tal vez para Messi. Es que para todos, mucho más para los soldados del resultadismo, ayer se perdió todo. En esto una aclaración: no se perdió una nueva guerra. Se estropeó el prestigio de una selección que hace años no tiene rumbo. Vive extraviada, en su limbo. Hay responsabilidades de todos y mucho más de los que se imagina. Pero hoy no vienen al caso puntualizarlos. Ya habrá tiempo cuando decante con nombre y apellidos este nuevo papelón del fútbol argentino.

"El hincha está cansado de ver a estos jugadores retirándose con las cabezas gachas y frustrados"

Ya no alcanza con hacer rodar las cabezas. Sampaoli, por más que en la conferencia de prensa haya dicho que tiene un contrato hasta Qatar 2022 que cumplir, arreglará su salida. Es tóxico para él y

también, por lo demostrado en su ciclo, que siga con el buzo de técnico de la selección. También se pedirá el alejamiento de Messi, como si se estuviera hablando de una pieza original de fábrica para sustituir de un motor.

Es altamente probable que Leo se tome un descanso para poner en órbita sus ideas y luego decidirá. No cometerá el apuro de cuando dijo que renunciaba a la selección tras perder la final contra Chile en la Copa América Centenario.

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Perdido en un arco.Angel Di María muestra su desconsuelo después de la derrota y la eliminación. Antes había marcado un golazo.
Perdido en un arco.Angel Di María muestra su desconsuelo después de la derrota y la eliminación. Antes había marcado un golazo.

La selección no es para él

Aunque hoy más que nunca se dio cuenta de que la selección no es para él. Seguramente se retirará sin haber derrotado a la obsesión que lo persigue noche a noche: levantar la Copa del Mundo. Ese embrujo nunca lo hará dormir tranquilo. También es cierto que con ningún otro, los argentinos son tan exigentes ni los someten a pruebas que nadie podrá superar. Pero la verdad nunca miente. Messi volvió a defraudarlos. Como tantas veces. Hace años que están buscando en el rosarino al héroe perdido, pero el pedestal sigue ausente.

Qué decir de Sampaoli y del equipo. Los dos desde que llegaron al Mundial hicieron todo lo posible para anticipar este hundimiento. Se advertía que el tic-tac de la bomba estructural no iba a detener su cuenta regresiva. El Zurdo terminó siendo un técnico de cotillón, manejado por los jugadores y nunca fue químicamente puro. Ahora todos le soltarán la mano.

Y el equipo, desde que se instaló en Rusia, eligió construir castillos de naipes bajo pronósticos que invitaban a creer firmemente en este final imaginado. Es que con la selección se desatendieron cuestiones básicas y el equipo siempre se divorció de la mejor versión. Sampaoli, con su conducción, puso en tela de juicio todo: la estrategia, los cambios, la respuesta física, la endeblez temperamental, la prestación individual y, por encima de todo, el rendimiento de Messi. Un extraterrestre que jugó un Mundial como un terrenal.

Por eso hoy la selección está anclada en su peor crisis desde que en 1974 César Luis Menotti condujo un proyecto que fue la piedra basal para el despegue. Hasta que no se entienda que se está en ruinas, no se podrá levantar de los escombros. Otro Mundial y otra vez sin festejar un título en el Monumento a la Bandera. O en cualquier lugar neurálgico de celebración de nuestro país. Ahora todos volvieron a quedarse rumiando. Ahogando penas. Rastrillando culpas. Una nueva eliminación deja un vacío enorme como toda Rusia. Pero lo que es aún peor es que se está vacío de esperanza.

Este adiós se llevó todo. No quedó nada. Ni un título que corte con el agobio de tantos años sin festejos ni el desarrollo de una identidad colectiva. Mucho menos el aprovechamiento de Messi, aunque esta vez hizo mucho para que no se lo aprovechara. Se impone urgente una refundación. Ya no con Sampaoli. Desgraciadamente para el Zurdo la chance de su vida se le escurrió de las manos por no ser él mismo. No echó raíces creíbles. Tampoco logró acercar el postergado encuentro con los hinchas. Argentina afuera del Mundial. Bien merecido está. Sólo una sombra con bastones celestes y blancos estuvo en Rusia.

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