Ovación

Un empate a corazón abierto

Central entró dormido y lo pagó con la apertura de Vélez. Después el canalla fue al frente y logró darlo vuelta. Pero en el final el local empató. Vibrante 2 a 2 en Liniers.

Lunes 12 de Marzo de 2018

Fue un partido de hacha y tiza en el que Central pasó por todas las variables de resultado que tiene el fútbol. Porque entró dormido y Vélez se lo llevó por delante hasta doblegarlo con la conquista de Matías Vargas. Luego el canalla resucitó con el cabezazo certero de Parot tras el centro quirúrgico del Colo Gil, en su primera llegada a fondo, para irse al descanso en parda. Y en el complemento el equipo de Leo Fernández se animó a jugar en campo enemigo y así llegó el golazo de López Pissano, que puso a la visita arriba en el marcador. Pero la falta de oficio para capitalizar la ventaja permitió la reacción del local y así llegó el empate de Rodrigo Salinas. Fue un 2 a 2 justo, que dejó una buena imagen de los de Arroyito por sacar adelante un duelo chivísimo, siempre disputado con más coraje y corazón que ideas y juego atildado.
   En el primer tiempo Vélez arrancó como una tromba y en los pasajes iniciales arrinconó al canalla contra su arco. Central adoptó una postura pasiva y desarticulada ante la presión constante y la dinámica con pelota que el Fortín le imprimió al juego. El balón era un objeto extraño para los de Leo Fernández y se olfateaba que la apertura velezana era inminente. Fernando Zampedri, único delantero de los de Arroyito, estaba a una legua de sus compañeros. Por eso el grito fortinero no fue obra de la casualidad.
   Así, pasados los diez minutos, Vélez forzó un ataque por la izquierda, la pelota derivó al área y Matías Vargas ensayó un rodeo con la bocha siempre cerca de la suela y ejecutó un tiro preciso que venció la estirada de Ledesma. Premio a la vocación ofensiva del local y castigo al arranque errático y timorato del canalla. Era 0-1 y a remar contra la corriente.
   La superpoblación de volantes que planteó Leo Fernández no servía para adueñarse de la pelota ni para quitarle ritmo a Vélez. El canalla sufría el desarrollo adverso y parecía que el local iba por más. Pero promediando la etapa una pelota quieta sirvió para borrar de un plumazo toda la desventaja futbolística inicial que padeció Central y llevar el resultado al terreno de la paridad. Otra vez la notable pegada del Colo Gil desde un centro largo de costado y el cabezazo impecable del chileno Parot para establecer la igualdad en la primera llegada auriazul a fondo.
   Vélez sintió el impacto y dejó de ser un equipo arrollador. Y Central logró hacer pie en la mitad del campo. El trámite se emparejó, a pesar de que Ledesma le tapó un tiro a quemarropa a Zárate. El canalla se animó a merodear el área fortinera. Al descanso 1 a 1.
   En el complemento Central se plantó diez metros más adelante y se animó a disputar el dominio de la pelota con decisión en campo rival. Se hizo un partido friccionado y de hacha y tiza en las divididas. Ya era otro desarrollo, con el canalla dispuesto a tomar las riendas del juego.
   Y llegó la ventaja auriazul. El saque largo de Ledesma, la peinada de Zampedri y la aparición endemoniada de López Pissano pusieron arriba al canalla. Otro gol de laboratorio made in Leo Fernández para doblegar la resistencia velezana y enmudecer al público del Fortín.
   Pero el local no se rindió y salió a vender cara la derrota. Lo perdió de cabeza Abram y no perdonó el ingresado Rodrigo Salinas (ex canalla) entrando a la carrera apenas había suplantado a Zárate, en un cambio que los hinchas velezanos habían reprochado. Era el 2 a 2 en un encuentro que a esa altura ya era dramático por la entrega conmovedora de los protagonistas. Siempre con más enjundia que ideas claras, pero irreprochable desde la entrega.
   Al final terminó siendo justo el empate. Con un Central que jugó de menor a mayor, pero que cuando tuvo que defender la ventaja parcial le faltó oficio para explotar la desesperación del local. Igual fue valiente el partido que propuso el canalla y así se llevó un punto de una cancha en la que siempre le cuesta rescatar algún poroto.

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