Los jugadores de Tiro se equivocaron de cumpleaños. Creyeron que era el de Ferro y le llevaron a su casa varios regalitos. Los Verdes aprovecharon dos y quedaron más que contentos. Sí, ganaron 2 a 0. Pero hubo alguien que se quedó esperando.

Los jugadores de Tiro se equivocaron de cumpleaños. Creyeron que era el de Ferro y le llevaron a su casa varios regalitos. Los Verdes aprovecharon dos y quedaron más que contentos. Sí, ganaron 2 a 0. Pero hubo alguien que se quedó esperando.
¿Qué necesidad había de ser gentiles? Si con la visita, con jugar un ratito sin lastimarse, todos estaban conformes. Nadie se quejaba. Ni los hinchas que cantaban la misma canción, aquella que es lo poco que les quedó de los viejos buenos tiempos de gloria en Caballito.
Si se habían entretenido en llevar la pelota por toda la cancha y sin pisar la zona peligrosa de las áreas. Es más, sólo una vez cada uno se encontraron de cara al gol. Ferro porque no supo abrir el paquetito con moño que le habían dejado Bezombe (tocó displicente y corto para atrás) y Ledesma (no siguió la acción), y Federico González se la dio en las manos a Cárdenas (27’). Y a los 38’ Garnier no se animó a pegarle de una al arco .
Nada más. Por eso, aquellos hinchas preferenciales de los edificios vecinos fueron dejando los balcones a medida que avanzaba el juego. Después del refrigerio, volvieron a jugar y ahí Ferro empezó a abrir los regalitos. Al primero, Monje lo estrelló de un cabezazo en el travesaño y Ferreyra la tiró apenas afuera al toque.
Pero el sacudón no despertó la preocupación tirolense. Es más, parecieron no acusar recibo de que el dueño de Caballito se iría al galope. Y esta vez (64’) al regalo de Ledesma lo aprovechó al máximo Oscar Altamirano, que recién ingresado la guapeó ante la débil resistencia de Cárdenas y Brown, que no tuvieron la decisión de salvar el gran fallo de su compañero.
Tiro iba a querer emparejar el juego, entró Castillón pero se quedó muy atrás, Bezombe y Casado no aparecieron desequilibrantes y a Rossi no le cayó una pelota. Y en medio de la liviandad para mostrar las garras, desde el fondo llegó otro regalito. Esta vez la perdió el 10 y buscó la falta, el árbitro dejó seguir y la pelota al área cayó cerca del potente goleador Altamirano, que no tuvo demasiada oposición de un Deláguila sin vuelo y la puso al palo derecho de un ya indefenso Cárdenas (77’). Dos a cero y el día de regalos se terminaba.
Cayó uno de última, en el centro de la defensa, y Altamirano sin ganas de abrirlo se lo dejó a Monje, que también lo desperdició (82’). ¿Con qué se fue Tiro? Con un tiro libre de Bezombe cerca del palo derecho a los 87’, nada más.
Y llegó el final del cumpleaños de Ferro. Sin embargo, en la despedida los tirolenses se enteraron de que ayer no era la fiesta en Caballito. Que los regalitos debían tener otro destinatario. ¿Quién? Bianco, quien hoy cumple 47 años y no pasará un día de fiesta. ¡Qué regalito, no! l


