En Newell’s es tiempo de concentrarse en la pelota. Si bien los fallos arbitrales en “jugadas finitas” en los últimos tiempos fueron visiblemente más en contra que a favor, en cuanto al lógico margen de error que suelen tener los jueces, eso no debe desenfocar a los rojinegros del plano futbolístico.
No es una cuestión de ingenuidad, pero los errores arbitrales no se pueden remediar más allá de las protestas y los rezongos.
Lo que sí depende de sí mismo para un equipo es la búsqueda de mejorar desde el juego, de potenciar la solidez defensiva, de afianzar la tenencia de la pelota y de redoblar la efectividad ofensiva. Ahí debe estar el foco principal de Mauricio Larriera.
El silbato está en la boca de los árbitros y la aplicación de la justicia deportiva depende de ellos, pero a la pelota en los pies por suerte la tienen los futbolistas.
Más allá de los últimos fallos que en cuanto a casi todas las jugadas dudosas fueron siempre favorables a los rivales (con la aplicación del VAR incluida), Newell’s no tiene que ingresar en el terreno de sentirse perseguido y que todo está armado en su contra. Porque eso es lo peor que le puede pasar más allá de la impotencia que sienta.
En ese terreno de queja constante y énfasis en la protesta al cuerpo arbitral había ingresado el Gringo Heinze (más allá de sentirse perjudicado) y hasta pareció que esa situación lo desenfocó de su tarea estricta, que era concentrarse en el plano futbolístico y en las variantes tácticas. El Gringo, desde su buena fe y fanatismo por Newell’s, sintió la necesidad de transformarse en un defensor de sus jugadores y del escudo leproso, ante lo que consideraba reiteradas decisiones arbitrales en contra de sus dirigidos.
Esa situación también conspiró contra el ciclo del Gringo. Plantarse de frente contra los árbitros y el sistema no es gratuito, más allá de que las imágenes demuestren que algunos errores parecen alevosos.
Si bien Mauricio Larriera ya había dirigido en el fútbol argentino a Godoy Cruz en 2017 un puñado de partidos por entonces sin VAR, ahora en el Parque está haciendo un curso acelerado de adaptación a lo que cobran los jueces de campo, sumado a la supervisión del “ojo” todopoderoso de Ezeiza.
“Hoy siento que debo terminar con la caballerosidad mía. Están pasando cosas que son muy extrañas, que son peligrosas y hoy no las puedo callar y no las puedo dejar pasar”, lanzó el DT uruguayo ni bien culminó el polémico 2 a 2 ante San Lorenzo, en la noche del domingo en el Coloso Marcelo Bielsa.
“Yo me pregunto, que están haciendo en Ezeiza. Qué está pasando acá. Hay cosas que no entiendo. Soy caballero pero no soy estúpido. No me gustan las injusticias y tengo que proteger a mis muchachos”, arremetió luego de ver el video del forcejeo y empujón final de Adam Bareiro a Ian Glavinovich.
El VAR no debió convalidar ese tanto del empate transitorio del Ciclón. Eso es claro porque el último manotazo del jugador de San Lorenzo fue certero.
Pero en estos casos bajar los decibeles es lo ideal. Newell’s sólo puede hacerse cargo de la pelota y del juego y allí deben estar todas las fichas y las energías.
Este jueves por la noche, otra vez en el Coloso, ante Tigre, lo mejor que pueden hacer Larriera y sus muchachos es olvidarse por completo de que el árbitro será Pablo Echavarría y que en el VAR estará Adrián Franklin.
Lo recomendable para Newell’s es ni mirar al juez, que sea casi un personaje decorativo, y poner todo el esfuerzo y la concentración en jugar el mejor partido posible. Sin tener memoria de lo que pasó y haciendo borrón y cuenta nueva.
Esta estrategia le puede ayudar a jugar contra Tigre y no contra los árbitros. Porque el rival sabe mejor que nadie de este malestar leproso y buscará sacar el máximo rédito si el rojinegro de entrada pierde la cabeza.
Ahí tendrá un rol clave también el líder Ever Banega. Desde su experiencia y temperamento de líder, debe ser el ordenador anímico y futbolístico dentro del campo.
Más allá de todo, Newell’s debe jugar al fútbol y contra los rivales de turno, ese será el mejor camino para volver a la victoria tras dos derrotas y una parda. Aunque suene inocente, ese es el sendero más recomendable.