Muchas de las miradas canallas también estaban posicionadas con toda su furia en la figura de Néstor Ortigoza. No sólo Leo Fernández era el blanco de los cuestionamientos. También lo era el volante. Pero el volante ayer fue lo más potable que mostró el equipo en el mano a mano que cedió sin concesiones ante Defensa y Justicia. Mientras estuvo en cancha, el ex San Lorenzo ratificó la chapa de jugador diferente. Sacó más que un aprobado en el debut de titular. Pidió siempre la pelota. La entregó en todo momento redondita. Ordenó a sus compañeros. Y el físico le aguantó bien hasta que se quedó sin nafta y el cuerpo técnico decidió cambiarlo por el pibe Joel López Pissano a los 69. De los cuatro cambios que hizo el DT para esta cita fue el único que entendió todo.
























