En la convicción se anclan los sueños pero en el corazón se gestan, allí viven. Y en el amor que siente por lo que hace radica la explicación de por qué la rosarina Nadia Podoroska acaba de sacudir con todo la historia del tenis femenino.

Por Vanesa Valenti
En la convicción se anclan los sueños pero en el corazón se gestan, allí viven. Y en el amor que siente por lo que hace radica la explicación de por qué la rosarina Nadia Podoroska acaba de sacudir con todo la historia del tenis femenino.
En Roland Garros, en París, en uno de los cuatro torneos más importantes del mundo, la Rusa se permite creer. Cree, cree mucho y concreta. Sacude las estructuras y la lógica. Con una pasión inmensa y un tenis exquisito. Nadia Podoroska, 131° del mundo, eliminó ni más ni menos que a la quinta del ranking y tercera clasificada, la ucraniana Elina Svitolina, con una autoridad arrolladora y un planteo perfecto: 6/2 y 6/4 en la mítica cancha Philippe Chatrier, un escenario que nunca había pisado como jugadora. Más, y aquí lo más impactante: es la primera mujer argentina en una semifinal de Grand Slam en 16 años y es la primera mujer en la historia de la Era Abierta en llegar a semifinales de París habiendo ingresado desde la clasificación.
Por momentos lo que está haciendo Nadia Podoroska quita el aliento. Va detrás de sus sueños, la mueve la pulsión de querer cumplirlos. A lo grande. Y deslumbra al mundo como cuando deslumbraba a los socios del Club Atlético Fisherton, cuando sólo tenía 10 años. Dicen, los que circulaban por entonces por esos caminitos del CAF, que si uno no se daba vueltas y escuchaba el impacto de la pelota que venía de la escuelita de tenis podía creer que tranquilamente se trataba de un adulto que jugaba muy bien. Pero la sorpresa llegaba cuando sí se giraban y constataban que esa música, ese impacto en la raqueta, ese ruido de pelota distinto le pertenecía a la pequeña Nadia. Hoy París la llama “Cinderella” (La Cenicienta), porque todo llegó rápido, porque vive en lo que parece una fantasía, porque lo hizo antes de la medianoche. Lo que no sabe Roland Garros es que a esta Cenicienta no la afecta ningún hechizo.
Nadia Podoroska merece como nadie lo que le está pasando, porque es una mujer que se entrega, que lucha, que tiene convicciones y a quien nadie le regaló nada. También sabe lo que es estar en las sombras. Por eso valora cada instante bueno. Llegó a Roland Garros desde la qualy, donde jugó tres partidos en los que no cedió ningún set y vuela en la cancha como si no le pesara el cansancio. Encuentra el combustible en su hambre y crece, a cada paso, siendo sorpresa cada dos días. Juega con soltura, porque no tiene nada que perder y sí todo por ganar. Y entonces exhibe ese tenis que parece salir de un guante. Tiene una cualidad única Nadia Podoroska, una característica que quienes la conocen de años vieron rápidamente: la cabeza. Esa mentalidad de hierro que tan importante es en el tenis está siendo su gran aliada.
Mientras la rosarina hacía sus primeros pasos lamentaba que el tenis no tuviera grandes exponentes, una referente a quién seguir, en quién inspirarse, tanto como algunas lo habían hecho con Gabriela Sabatini. Clamaba por esa figura por el bien de su deporte y casi sin proponérselo se fue convirtiendo ella, aún a sus 23 años, en la nueva líder. Porque aquí vale otro aspecto a destacar: su liderazgo. Es cierto que al tenis se juega solo pero sin esa condición natural que, se insiste, se ancla en la convicción, todo es mucho más difícil.
Podoroska deslumbra en París. Deslumbra en el mundo del tenis y en el del deporte en general. Este martes estallaron las redes, las menciones de los más grandes atletas del país y miles de personas que se levantaron temprano para verla. La expectativa es abismal. Hasta se transmitió el partido por radio. Insólito. Definitivamente, ya hay un antes y después de París para la vida de Nadia y del tenis femenino argentino.
Clarisa Fernández en 2002, Paola Suárez en 2004 y Gabriela Sabatini en cinco oportunidades fueron las últimas que lograron llegar a las semifinales de Roland Garros. Ninguna pudo alzarse con la Copa Suzanne Lenglen. ¿Y si Nadia se atreve? Porque ahora, mientras la Ciudad Luz la ilumina más que nunca, surge esta certeza: va a ir por todo. Está en su esencia.



Por Florencia O’Keeffe

