Rusia 2018

La frialdad de los rusos es sólo un mito

Es toda una extrañeza, pero el tipo está realmente apurado. Pedalea en la bicicleta como si de su velocidad dependiera la vida de alguien.

Viernes 29 de Junio de 2018

Es toda una extrañeza, pero el tipo está realmente apurado. Pedalea en la bicicleta como si de su velocidad dependiera la vida de alguien. Frena en la puerta de uno de los tantos negocios en los que se exhiben las matrioshkas, mamushkas o babushkas, esas muñecas que son un ícono de la cultura de Rusia. Baja del rodado y deja la bici sin encadenar.

No sorprende a nadie porque en el pueblo nadie toca lo ajeno y, si alguno lo intenta, enseguida la policía rusa se encarga de que se le vayan las ganas. El hombre a los 10 minutos sale con los bolsos atestados de muñecas, de todos los colores, nombres y gustos. Afuera lo espera con la ansiedad de una novia, una rubia de unos 30 años, pero con sensación térmica de 24. Se funden en un beso y abrazo al mejor estilo de una de las tantas novelas de Arnaldo André y Luisa Kuliok. Podría ser una escena insignificante en una esquina de Rosario, pero en Bronnitsy se transforma en un caso testigo.

Que sirve para derribar uno de los tantos mitos de la personalidad y el carácter de los habitantes de estas poblaciones con resabios soviéticos. Sólo es cuestión de ver y caminar en estos pueblitos rurales, lejos de los encantos arquitectónicos y culturales de Moscú y San Petersburgo. El enviado de Ovación comprende que no todo es como se lo pintaron. Resulta que los fríos y descorazonados rusos, inconmovibles como el mármol, incapaces de derramar una lágrima, también se apuran en su vida cotidiana como cualquier hijo de vecino y son tan románticos como dos adolescentes en su primer amor.

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