Es mucho lo que se puede pensar en la previa de un partido y está bien que eso suceda. De hecho, Miguel Ángel Russo y su equipo de trabajo habrán meditado ya y lo seguirán haciendo, miles de escenarios posibles. Pero conociendo a Russo, después de tantos años en Central, hay algo que se podría ir ya teniendo en claro: Central será un equipo que buscará la victoria que necesita, pero sin perder la calma. El de este martes en Montevideo es otro de esos tantos partidos en los que pies y cabeza deben moverse en sintonía. Entrar en la desesperación es el peor de los escenarios a lo que podría exponerse el canalla en el Campeón del Siglo.
Se pueden imaginar todos los partidos posibles, pero sabiendo que una vez que la pelota rueda, una mano, un gol, una expulsión, un error o lo que fuera le puede cambiar la tónica al encuentro y romper con absolutamente todos los moldes preestablecidos. Ahora, hay un formato de partido del que seguramente Russo querrá que su equipo no se aparte nunca. Que a Central sólo le sirve el triunfo es algo que sabe todo el mundo, pero el tema es ver de qué manera este equipo de Russo trabaja sobre esas necesidades. Y allí es donde entra a jugar un papel fundamental la calma. Incluso, una cosa sería jugar este partido en el Gigante de Arroyito, repleto de hinchas de Central, o hacerlo, como lo hará, en condición de visitante, en este caso en el Campeón del Siglo de Montevideo.
Quizá suene a mezquindad, pero mientras se mantenga la paridad en el resultado, Central estará siempre a un gol de lograr el objetivo. Por eso será importante también no caer en la desesperación y perder el orden. Ante un mínimo error a partir del cual Peñarol pueda sacar usufructo todo se complicará más de la cuenta.
Esto no implica que Central tenga que ir a defender ni mucho menos, simplemente se imagina un escenario en el que frente a la necesidad de hacer un gol estará la obligación de no recibirlo. Es demasiado simple: si el canalla, aun no saliendo como loco en busca del triunfo, recibe un gol primero, el resultado sí empezará a quedarle allá lejos y serán dos las estocadas que deberá dar para lograr la clasificación. Pero mientras el cero se mantenga en los dos arcos estará siempre a tiro de la victoria y tendrá tiempo hasta el último segundo de partido.
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Russo trae el traje en la mano para el trascendental partido de este martes, donde su equipo se juega mucho.
Foto: Leonardo Vincenti / La Capital
Claro que este razonamiento se hace en medio de un análisis un poco más general sobre algunas de las particularidades de este Central. Si Central fuera un equipo arrollador, que somete al rival de principio a fin, que juega a un ritmo que al rival le es difícil sostener y cuestiones por el estilo se entendería que la postura en el Campeón del Siglo fuera a tirar tiros desde el primer minuto. Pero este Central no juega de esa forma, más bien todo lo contrario.
Seguramente hubo partidos a lo largo del ciclo Russo en lo que Central intentó lo primero, pero en el corto tiempo no se recuerdan encuentros de una búsqueda intensa y sostenida. Por allí el antecedente que más se adecua a eso es el partido contra Caracas, en el Gigante, en el que también lo único que le servía era la victoria.
Y a partir de esta imaginación de trámite entra a tallar también lo que podría ser el armado del equipo, sobre todo el mediocampo. Puede ocurrir que la intención sea priorizar el equilibrio y apostar, por ejemplo a un doble cinco de marca y otra arriesgar un poco más y utilizar un futbolista con mayor capacidad de manejo.
Pero cualquiera de las opciones que Russo elija, tanto el entrenador como los jugadores tendrán muy en claro que se tratará de un partido en el que la necesidad de ganar nunca desaparecerá, pero que en la misma medida tendrá que achicar al mínimo el margen de error para que la cuesta que afrontará desde el primer minuto no se le torne más empinada todavía.