Central

El punto le sirvió para hacer equilibrio

Central salió bien parado en el debut copero frente al duro Gremio. La mayor agresividad, un crecimiento en lo futbolístico y la categoría del rival pusieron al equipo en una dimensión más esperanzadora.

Jueves 07 de Marzo de 2019

En el minuto 49 del segundo tiempo el ecuatoriano Roddy Zambrano pitó el final del partido y desde las tribunas bajaron aplausos, tibios, pero aplausos al fin. Es el final de una historia que sirve para explicar la relevancia, o en el mejor de los casos es una de las lecturas que se pueden hacer, del empate 1 a 1 de Central ante Gremio en el debut en Copa Libertadores del equipo del Loncho Ferrari. Puede que no sea del todo importante si el canalla mereció ganarlo o si debió perderlo. De hecho pudo pasar cualquiera de las dos cosas, sino que la sensación que dejaron los 90 minutos de anoche en el Gigante es que se abrió un crédito. ¿Desde dónde se entiende eso? Desde el final de la historia anteriormente mencionado. Es que los dos últimos partidos de Central en el Gigante (el primero con el Patón Bauza y el otro ya con Ferrari) el equipo despertó más silbidos que reconocimientos. Tigre primero y Belgrano después. Esta vez tampoco pudo ganar el canalla y así extendió la racha a 11, pero cubrió parte del descubierto con entrega, mucho más ritmo y una clara postura de agresividad, hasta que le dio el físico.

En su momento se ponderó el partido hecho contra River por la magnitud del rival. Esta vez la mirada tranquilamente puede transitar ese camino. Desconocer el poderío económico de Gremio (campeón en 2017 y semifinalista en 2018) sería un error. Ante ese equipo Central debió salir con la esperanza a flor de piel, las intenciones lógicas, pero también con la vergüenza como estandarte.

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El momento en el que llegaba a este debut copero era especial. Atrás del mismo había una larga racha de partidos sin victorias, con un cambio de entrenador en el medio y una crisis futbolística que, haciendo foco exclusivamente en el resultado, aún persiste.

A boca de urna, no deben haber sido muchos los hinchas que pensaban que este Central podía someter desde el juego, y por ende en el resultado, a Gremio. Había una realidad en el medio a la que nadie podía gambetear. Y es por eso que el empate tiene un sabor con cierto dulzor. Pudo haber sido más dulce el final, si el canalla metía alguna de las que tuvo, pero también amargo si el equipo de Porto Alegre acertaba las suyas.

El reconocimiento del final posiblemente haya estado relacionado con la entrega, que se vio cristalizada básicamente en el primer tiempo. Ese fue el tiempo en el que este Central de Ferrari mostró las principales diferencias con el Central del Patón Bauza. Siempre hubo claras señales del Loncho del otro lado de la línea para que el equipo se adelantara, presionara y no dejara pensar con tranquilidad a Gremio.

Esa fue una parte del libreto, que le salió bien mientras hubo resto físico, porque en el complemento fueron varios los futbolistas que mostraron cansancio y no pudieron sostener el ritmo que el técnico pretendía.

Cuando se habla de crisis en Central es porque no logra ganar. Ya lleva demasiados partidos en esa ruta. Y cuando hay crisis es porque muchas cosas no funcionan. Carecer de la inteligencia necesaria para tomar las riendas de un partido de estas características cuando encuentra el gol al minuto de juego es uno de esos ítems. Porque Gremio es un equipo bravo y puede forzar un empate, pero que sea Central el que se lo ponga en bandeja habla de precariedad. Cabezas erró feo en una salida y eso provocó una arremetida brasileña que terminó en un córner y en la continuidad de esa jugada la visita empezó a borrarle la sonrisa que al canalla se le había dibujado en ese arranque frenético, con mucho ritmo.

Un claro ejemplo de un error no forzado, que le permitió al rival echar una cucharada de sal en la herida. Después, el ardor no fue tan fuerte o intenso porque Central se las ingenió para alivianarlo con empuje y algo de fútbol, pero también porque Gremio entendió que la búsqueda del primer tiempo ameritaba no extenderla alocadamente en el complemento.

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Ya sin la intensidad del primero y con muchísima menos agresividad fue el equipo brasileño el que puso al canalla sobre el sendero que muchos imaginaron, corriendo detrás de la pelota más de lo que podía jugar, pero sin que ello haya desembocado en un mayor merecimiento.

Es un camino raro el que Central transitará en esta Copa Libertadores, que le apareció en el momento más delicado del equipo. Ahora, si con algún mínimo cambio desde lo actitudinal le alcanzó para parársele de igual a igual a este Gremio de grandes nombres, las decisiones que tome el Loncho Ferrari quedarán sujetas al día a día, amén de que nadie en Central pierde de vista que la prioridad absoluta está en los cuatro partidos de Superliga que restan jugarse.

El debut copero presagiaba un golpe más que, de haberse dado, hubiera podido significar un mazazo, pero eso lejos estuvo de suceder. Central salió dentro de todo bien parado y no es menor. Claro que este reverdecer futbolístico (por la categoría del rival, se insiste) y los aplausos del final deberán encontrar correlato. Para guapear en el terreno que va más allá de las fronteras y para capear el temporal que lo azota dentro de los límites fronterizos.

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