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El Bocha Forgués: "El Trinche era el hermano que me dio el fútbol"

El ex delantero charrúa Jorge Nelson Forgués, uno de los amigos de Carlovich, compartía con él su visión del juego y de la vida.

Lunes 08 de Junio de 2020

“Vení, Bocha, vamos a darnos un abrazo, si total nos vamos a morir igual”. La frase del Trinche Carlovich a Jorge Forgués, ese amigo que le dio el fútbol, una de las últimas veces que lo encontró en el bar Pico Fino, retumba como una ironía ahora que el Bocha la recuerda, sentado en una de esas mesas “que nunca preguntan”.

“Todo lo que pasó con el Trinche me parece mentira. Para mí todavía está vivo, pero la realidad es esta”, se confiesa el Bocha en el café donde trabaja hace seis años, en pleno centro. “El Trinche era un tipo excelente, una buena persona. Acá nos juntábamos los viernes a la noche, cuando el Cuchi (Lescano, el dueño del boliche) organizaba una cena entre amigos del fútbol y de la vida, como Daniel Killer, y hasta invitaba a un cantor de tangos como Pablito Martín, que era un pibe de «Grandes valores del tango». El Trinche siempre quería que me sentara a su lado, me abrazaba y me decía «te quiero mucho»”, recuerda Forgués, enfundado en un pulóver celeste a rayas blancas, vaquero y zapatillas blancas.

Nacido hace 65 años en el barrio Saladillo, en una sencilla casa de la calle Rui Barbosa al 200, cercana al barrio Molino Blanco de Ayacucho al fondo, el Bocha Forgués guarda un llamativo parecido en la bohemia por la que transitó el Trinche en el mundo del fútbol de los 70 y 80.

Hijo de Haydeé Calcabrini y de Honorio, un ferroviario que trabajaba en la Estación Villa Diego, Forgués cultivó el bajo perfil incluso hasta cuando jugaba en la primera de Central Córdoba. “Me acuerdo que cuando jugaba en Córdoba, mi viejo se iba en tren a vernos a Buenos Aires y se aparecía solo en cualquier cancha perdida. A la vuelta lo traíamos en el colectivo, comía con nosotros y era un tipo tan sencillo que después algún muchacho le pedía que nos llevara las damajuanas «con agua», pero eran de vino blanco, aunque él nunca se dio cuenta. Imaginate que teníamos un equipazo, ya de hombres, y mirá si no nos íbamos a tomar un vinito a la vuelta, después de ganar un partido”, confía el Bocha aquellas picardías.

“El colectivo 54 tenía los colores rojo con vivos azules y blancos porque uno de los dueños era hincha de Central Córdoba. Me acuerdo que cuando empecé a jugar en la primera de Córdoba un día subí y este hombre me reconoció y me dijo «pasá, pibe», algo que no me había ocurrido nunca. Me acuerdo que era el coche 11, un Bedford de los viejos, y ese día me pregunté: ¿Qué está pasando acá?”, revela el Bocha como una travesura de barrio.

Con apenas 16 años, Forgués fue cedido a préstamo al célebre Huracán del 73 del Flaco Menotti, en una especie de combo con el Negro Longo, un número dos que siguió su carrera en Huracán. “En esa época no había empresarios de fútbol ni representantes, pero había un hombre que tenía una zapatería y que le pasaba datos al Flaco. Yo jugaba en la quinta de Central Córdoba y le ganamos un partido de visitante a Newell’s 3 a 0, con tres goles míos, en la cancha de Acíndar, que no tenía ni alambrados, donde Newell’s jugaba de local, cuando todavía no tenía Bella Vista, en un equipo donde jugaban Quinto Pagés, Bielsa, Gallego y Capitano”, confía el Bocha, que se acuerda de las épocas en las que el 54 sólo tenía una línea que iba del Molino Blanco hasta la Estación Rosario Central y que Ayacucho era de doble mano, con el empedrado de adoquines redondos. “Después agregaron el 54 rojo, que iba hasta la Fábrica de Armas”.

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Pase y gol. Carlovich le acaba de dar la asistencia a Forgués, que convierte su primer gol en Córdoba, en un Gabino repleto ante Platense en la B.

Pase y gol. Carlovich le acaba de dar la asistencia a Forgués, que convierte su primer gol en Córdoba, en un Gabino repleto ante Platense en la B.

“Nos prestaron con el Negro Longo, que era más grande, porque él se fue a hacer la colimba a Buenos Aires. Me acuerdo que Huracán iba primero lejos, pero como tenía seis jugadores en la selección (el mediocampo y la delantera que hasta hoy salen de memoria: Brindisi, Russo (Fatiga, el rosarino) y Babington; Housemann, Avallay y Larrosa), yo alternaba entre el banco de primera y la tercera. Un día que el Flaco Menotti me traía a Rosario en su cupé Torino marroncita clara, como las que tenían todos los jugadores de Huracán, me dijo: «Ahora vienen dos partidos en los que lo voy a poner y después los dirigentes le van a comprar el pase, así que cuídese, pibe». Pero yo extrañaba mucho, así que después de eso no aparecí más (por Buenos Aires)”, confía Forgués su vuelta a Central Córdoba a fines de 1973.

“Me puso de titular”

“El Trinche me puso de titular”, cuenta Forgués, mitad en broma y mitad en serio, su debut en la primera de Central Córdoba. “Cuando tenía 17 años volví del préstamo en Huracán, en el 74, al equipo campeón del 73, que había ascendido a la B. Lo habían vendido a (el goleador Oscar) Fachetti, que había hecho como 60 goles. Por más que hayan sido en la C, hay que hacerlos. Me acuerdo de que Newell’s lo quería llevar, pero los dirigentes lo escondieron y después se lo vendieron a Talleres de Córdoba, que jugaba los Campeonatos Nacionales. El día del primer partido en el Gabino la cancha se venía abajo. Ibamos 0 a 0 contra Morón, un grande de la categoría, en el segundo tiempo y faltaba media hora, cuando el Trinche, que era el capitán, se acerca al banco y me dice: «Bocha, calentá y entrá». Yo lo buscaba al técnico, que era Chamorro, que estaba en la tribuna de enfrente porque no tenía carné, pero no lo encontraba. Hasta que el Trinche volvió a decirme que me sacara el buzo y entrara. En la primera jugada desbordó el Negro Sullivan, sacó el centro y me tiré de palomita -y eso que no cabeceaba- y la pelota pegó en el travesaño. Desde entonces jugué siempre de titular en Córdoba”.

Forgués recuerda uno de sus mejores encuentros en Central Córdoba: “Al otro partido le ganamos 2 a 0 a Comunicaciones, de visitante, con dos goles míos, y el siguiente le ganamos 2 a 0 a Platense, de local, también con dos goles míos y los dos por una pared con el Trinche”.

Forgués reemplazó a Fachetti en la delantera y Córdoba mantuvo al resto del equipo campeón de la C en 1973, que al año siguiente lideró casi todo el campeonato de la B. “Teníamos un equipazo y podríamos haber ascendido. Se jugaba por zonas. En la primera rueda salimos primeros, lejos, y en la otra salimos terceros, pero clasificamos. Si hubiera sido un campeonato largo, todos contra todos, lo ganábamos por 12 puntos.

¿Los mataron con los arbitrajes?

Olvidate. Acá le ganábamos a Chicago 1 a 0 en Central y ellos no pasaban la mitad de la cancha. Hasta que en el final un volante llegó hasta al área, se tiró afuera y el referí le dio un penal escandaloso y nos empataron. Y después fuimos de visitantes con Temperley, en cancha de Huracán, que nos ganó 2 a 1 sobre la hora con otro penal dudoso. Teníamos un equipazo que tenía todo para ascender, en las épocas que iba (el luego técnico de la selección José Néstor) Pekerman a verlo jugar al Trinche. Pero los dirigentes no hicieron mucho por ascender a primera, yo no sé si en el fondo no querían hacerlo.

“Di Benedetto; May, Scoppa, Piombino y Severini; Mainonis, Carlovich y Casinerio; Sullivan, yo y Ampoli”, recuerda Forgués el equipo del 74 y muestra una vieja nota de El Gráfico que lo presenta como “El crédito del Flaco Menotti”.

“Al año siguiente el Flaco Menotti me llevó al juvenil de Toulon, donde hice el primer gol en el partido que le ganamos a Hungría y me recomienda a Rogelio Domínguez, que era el técnico de Boca, pero cuando me iba a llevar lo echan, así que al final pasé de Platense a Gimnasia”, narra Forgués su suerte “grela” en el fútbol.

El famoso doble caño

“El doble caño famoso el Trinche se lo hizo a (Héctor) Bernabitti, que era el 5 de Platense, en un partido en la cancha de Atlanta que empatamos 2 a 2. Yo estaba al lado. El Trinche la tenía de espaldas y Bernabitti viene de atrás y, no sé cómo hizo, pero le metió un caño de zurda. La jugada siguió y el Trinche quedó otra vez de espaldas con Bernabitti y otra vez le metió un caño. Después fui compañero de Bernabitti y me dijo: «Ese hijo de puta cómo juega. Y cómo pega, te mete los codos y no podés sacársela», narra Forgués una de las jugadas legendarias de Carlovich.

¿Por qué le decían Trinche?

No sé, nunca se lo pregunté la verdad pero siempre le dijeron así desde que lo conocía, creo que era del barrio. Era un tipo muy afectuoso, al que le gustaba reunirse con sus amigos del fútbol y del barrio. Con el Trinche nos juntábamos siempre con Huguito Cabrera (que jugaba de 9 en Córdoba), con Ricci (de 3) y el Perro Lebioso (otro 9), más algunos amigos como Diente, Darío Juárez y Quinto Pagés. Y para los cumpleaños con el Pato Ibáñez y Garufa Ocampo (un 8) para festejar los de Carlovich, Sullivan y el mío, que somos de abril.

¿Por qué no llegó a jugar en Central?

No sé, pero cuando nos juntábamos no hablábamos de fútbol. A pesar de los años que pasamos juntos nunca tuvimos un problema. El Trinche era como un hermano. Siempre lo voy a recordar como una buena persona y es verdad cómo jugaba porque lo vi. Los buenos jugadores no tienen comparación. El era como Maradona, Messi o Kempes, pero son cosas diferentes.

¿Cómo fue la noche que le robaron la bicicleta?

Estábamos acá. Era una bicicleta rosa, vieja, que había dejado sin atar, y cuando salió ya no estaba. Entonces se puso mal y dijo que se iba caminando, pero el Cuchi lo mandó a buscar y le dijo a un empleado que fuera con el Trinche al otro día y que se comprara la bicicleta que quisiera. Por eso lo cargaba y le decía: «Hijo de puta, qué bien la hiciste...»

Un portero no lo dejó entrar

“Un partido que Argentino jugaba de local, hace unos 20 años, vino un empleado a decirme que en la puerta había un quilombo porque un portero de Utedyc no lo dejaba entrar al Trinche”, recuerda el ex síndico suplente de Central Raúl Moretti, quien entonces se desempeñaba como director deportivo salaíto.

“¿Pero cómo no lo vamos a dejar entrar al Trinche, si deberíamos pagarle para que venga a sentarse en la platea?”, le contesté al empleado y salí corriendo a buscarlo. Cuando llegué le pregunté al portero si sabía quién era, me dijo que «no», lo hice entrar y le pedí disculpas”, recuerda Moretti.

“Después del partido me vino a buscar, me invitó a tomar una cerveza y nos quedamos horas hablando de fútbol. Ese era el Trinche, un jugador y una persona extraordinaria que escribió una página de gloria de la historia del fútbol rosarino”, revela el ex manager salaíto.

Con el Negro y el Tata

El jueves 22/9/94 se realizó una entrevista con Carlovich junto a Jorge Forgués, el extinto volante Walter Mainonis y el defensor Eduardo “Lalo” García, en el bar que el Bocha tenía en San Martín casi Rueda. El Trinche llegó con paso cansino diez minutos tarde, se sentó al lado del vidrio de la calle y pidió un cortado, que tomaba sin asir el pocillo por el asa. Y hablaba con tono radiofónico, en un nivel casi inaudible. Dijo que era “hincha de Central , aunque no voy a la cancha”, pero luego volvió; que elegía a “Menotti a muerte” y no a Bilardo “porque siempre intenta jugar a algo”, que se sentía reconocido “por la gente, no por los dirigentes” y que le hubiera gustado jugar con Martino y Palma, “sobre todo con el Negro, la hubiésemos dejado así de chiquita, pero habría que ver si nos dejaban agarrarla”.

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El Bocha y el Trinche. (Gentileza Salvador Hamoui).

El Bocha y el Trinche. (Gentileza Salvador Hamoui).

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