El Barcelona de Lionel Messi atraviesa una crisis institucional desatada por una lucha de poder en la cúpula directiva que encabeza el presidente Josep María Bartomeu, quien pretende aferrarse al mandato que finaliza en 2021, pese al cúmulo de críticas internas y fricciones con el plantel en pleno receso por el coronavirus.
Fue el propio Bartomeu el que tiró una bomba en medio de las aguas ya agitadas por la tempestad que desató la pandemia de coronavirus, que puso al Barça (al igual que otros grandes clubes europeos) en una compleja situación económica por las pérdidas millonarias que se calculan por la suspensión de todas las competiciones. En un movimiento con el que buscaba reforzarse de cara a lo que vendrá en los próximos meses, cuando se tenga que tomar nuevas y duras decisiones, el presidente del club catalán pidió el martes último la renuncia de dos de sus vicepresidentes, Emili Rousaud y Enrique Tombas, y también de dos directores, Silvio Elias y Josep Pont.
Lo que no se esperaba Bartomeu es que dos días después un total de seis de los miembros de la junta directiva, los mencionados y los directores Jordi Calsamiglia y María Teixidor, harían pública una carta con su renuncia alegando como principal motivo la gestión del escándalo de las redes sociales bautizado como "Barçagate", así como la reacción del club a la crisis causada por el coronavirus.
"Debemos destacar nuestra desilusión por el desafortunado episodio de las redes sociales", añadieron los directivos, refiriéndose a los pagos que hizo el club a una empresa para que "posteara" mensajes para proteger a Bartomeu y criticar a figuras como Messi y el emblemático defensor Gerard Piqué.
El caos en la cúpula directiva llegó, no obstante, tras una serie de problemas internos y tensiones con algunos de los jugadores que son el referente del proyecto deportivo de Barcelona, como Messi, Sergio Busquets y Piqué.
El último episodio que reflejó las fricciones entre la directiva y los jugadores fue el comunicado que difundió Messi a través de Instagram en el que anunciaba que el equipo aceptaba un recorte salarial del 70 por ciento a raíz de la crisis del coronavirus y acusaba al club por filtrar información supuestamente falsa a los medios de comunicación.
"Nuestra voluntad siempre ha sido aplicar una baja del sueldo que percibimos, porque entendemos perfectamente que se trata de una situación excepcional", subrayaron los jugadores, al tiempo que se mostraron "sorprendidos" porque dentro del club "hubiera quien tratara de ponernos bajo la lupa".
En el trasfondo de esta crisis también está la destitución de Valverde y la llegada del actual técnico, Quique Setién, que estuvo envuelta en polémica y críticas, por el fallido intento de traer al emblemático ex mediocampistas y ahora DT Xavi Hernández, además del argentino Mauricio Pochettino.
Tras el desembarco de Setién, Messi protagonizó en febrero un cruce público con el ex futbolista Eric Abidal, quien desde la secretaría técnica del club sugirió una falta de compromiso en el trabajo de los jugadores bajo la dirección de Valverde. Messi les pidió "autocrítica" a los directivos.
El Barçagate, sin embargo, es lo que más daño provoca en la cúpula directiva del club catalán.
Después de anunciar su dimisión, Rousaud afirmó que Bartomeu le había pedido que diera un paso al costado porque "desconfiaba" de él, algo que el ex vicepresidente atribuyó a sus críticas a la gestión de aquel escándalo de las redes.
Pero el viernes, el ex vicepresidente sugirió en una entrevista que el caso de las redes apuntaba a que hubo "corrupción" porque "alguien metió mano en la caja".
"Cuando pagas un millón de euros por algo que vale 100.000, no es cristalino. No sé quién fue, pero puedes tener una idea", aseguró.