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Clásico rosarino: ganó el fútbol con el gran empate

Newell's y Central protagonizaron un clásico vibrante y repleto de chances de gol que terminó 1-1. Gamboa y el Kily ratificaron que van al frente siempre

Domingo 22 de Agosto de 2021

Aplausos para el gran clásico rosarino que entregaron Newell’s y Central. Es cierto que terminó en empate 1 a 1, que no hubo vencedores ni vencidos, pero la adrenalina y el frenesí que tuvo fue para sacarse el sombrero. Rosario es la capital nacional de la pasión futbolera y ratificó este rótulo con el partidazo a cara descubierta y sin temores que protagonizaron leprosos y canallas en la tarde soleada del Coloso.

Fue un duelo de ida y vuelta, de área a área, y con el mediocampo sólo como sitio de paso fugaz. Por ello es para abrazar las propuestas ultra ofenvisas que pensaron desde el pizarrón tanto el Negro Gamboa como el Kily González. Las máximas emociones llegaron en el segundo tiempo con el grito gigante de Damián Martínez y el desahogo colosal que provocó pronto el derechazo envenenado de Nicolás Castro.

La realidad marca que el fútbol de la ciudad tiene defectos, inconvenientes, campañas que deberían ser más encumbradas, pero esta vez hubo una señal de vitalidad y rebeldía. Fue un empate justo, pero al que le faltaron varios goles que quedaron atragantados.

En un contexto de fútbol doméstico por lo general mezquino, al que se le reclama osadía y más atrevimiento, Newell’s y Central armaron un clásico infartante desde el pitazo inicial. Con formato de duelo de barrio, de ir por todo sin mirar el espejo retrovisor y de no sacar nunca el pie del acelerador.

No hay ninguna duda de que los equipos jugaron como pregonan sus entrenadores, con la vista al frente y buscando el arco rival con la voracidad de un león hambriento. Y por eso se dio un trámite de palo y palo de ambos lados, con vocación ofensiva compartida y sabiendo que la intención de ganar era innegociable.

Por supuesto que los defectos defensivos también colaboraron para que los delanteros pisen constantemente el área rival y le miren de cerca la cara a Aguerre y Broun.

El escurridizo Maxi Comba fue el mejor de Newell’s porque encaró siempre y fue incontenible por los costados. Y Damián Martínez, con el gran anticipo de cabeza para abrir la chapa del derby, fue el punto más alto de Central y del clásico en sí.

Si recién ahora se hace mención al árbitro Andrés Merlos es porque sacó el partido adelante y no incidió en el resultado. La única polémica fue en un cruce de Almada a Scocco, en una acción fina de VAR, que podría ser penal al atacante.

Tras sacarse chispas en el derby, el balance para Newell’s es que estuvo a la altura de jugar contra un rival que hace cuatro meses lo goleó 3 a 0 sin atenuantes. Y que con once puntos quedó a cuatro del líder Independiente. Además la igualdad desde lo institucional no incidiría en el humor del socio leproso para votar en septiembre.

Mientras que del lado canalla, el Kily ratificó que más allá de la dura eliminación copera de la semana y las seis derrotas en fila que arrastraba, su equipo otra vez dio la talla en el clásico. Salió a jugar lleno de ínfulas y si hubiese aprovechado la ventaja parcial con inteligencia se podría haber quedado con todo. Es cierto que ahora marcha último en las posiciones y rápidamente deberá escalar en la tabla.

Desde ahora los equipos de la ciudad tendrán que consolidar los procesos que encabezan Gamboa, recién desde este semestre, y el Kily, ya con más rodaje en el lomo.

Con las pulsaciones normalizadas tras el empate a corazón abierto, ambos entrenadores dejaron muy en claro que merecen ocupar el lugar donde están por la impronta que les transmiten a sus dirigidos. Tal vez a Newell’s le quedó muy lejos la última victoria clásica de local en 2008 y a Central lo incomode verse último en la tabla. Pero ayer, desde la actitud, leprosos y canallas jugaron un clásico para aplaudirlos de pie.

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