La espera terminó y todo salió como estaba previsto. Con paz, alegría y mucha expectativa y color, más de 20 mil hinchas de Central volvieron a alentar al equipo canalla después de 581 días, a partir de la habilitación del 50% de aforo dispuesta por el gobierno nacional en los estadios de fútbol. El canalla juega a partir de las 13.30 contra Argentinos Juniors por la fecha 14 de campeonato de la Liga Profesional
El tiempo pasó pero los rituales siguen siendo los mismos. La geografía cercana al Gigante de Arroyito fue casi similar que la que ostentaba hacía un año y 7 meses atrás cuando se jugó el último partido con público ante Arsenal allá por marzo de 2020, aunque esta vez la cantidad se redujo a la mitad.
La espera terminó: los hinchas de Central comienzan a acercarse al Gigante
Autos que llegaban de distintos lugares y trataban de encontrar un lugar para estacionar en medio de los controles y cortes que hay dificultan acercarse demasiado por lo que no quedó otra que llegar a pie hasta la entrada al Gigante.
Con el transcurrir de la mañana, el viaducto Avellaneda se fue poblando de azul y amarillo, con esa marea de gente que se acercaba en masa a esa misa laica que suele ser el fútbol argentino, aunque en este caso el escenario fue el cantero central del bulevar y de azul y amarillo. Las cábalas, las camisetas retro y las nuevas, para los que tengan un bolsillo más rabusto, fue una verdadera postal en los alrededores al Gigante.
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Las distintas instancias de control estuvieron a la orden del día. Ya que para ingresar había que tener el Documento Nacional de Identidad, carnet de socio, entrada en formato código QR que se podía llevar en el celular o impreso y certificado digital que había que descargar desde www.argentina.gob.ar/volvemos para ingresar al evento.
Felices, cantando y con mucho orden los hinchas de Central ingresaron al Gigante. Si bien en los distintos puestos de control las filas superan los cien metros el ingreso es muy ordenado aunque a paso lento debido a la documentación que hay que presentar.
A excepción de ese pequeño incidente antes que abran las puertas donde hubo tres detenidos, de momento la tranquilidad, la paz y la alegría fueron parte de la fisonomía del Gigante.
El aroma a los primeros choripanes que se estaban terminando de asar a las brasas fue un paisaje que se extrañaba en los estadios de fútbol. Incluso a pesar que todavía no eran ni siquiera las 12 del mediodía, algunos ya se animaron a desayunar -prácticamente- luego de un tiempo prolongado lo que es un ritual en todas las canchas del fútbol argentino.
Operativo
Hubo siete desvíos de tránsito, que más allá de haberse informado con su debido tiempo, hizo que el automovilista tenga que hacer una ingeniería para no toparse con alguno.
Los desvíos están en avenida Frondizi y avenida de los Trabajadores: al oeste; avenida Frondizi y Cordiviola: al norte; avenida de los Trabajadores y Drago: al oeste; Leguizamón y Olivé: al norte; Leguizamón y Juan B. Justo: al norte; José Ingenieros y Drago: al sur; Cordiviola y Almafuerte: al oeste.
También empiezan a aflorar las “habituales” protestas de los vecinos del Gigante que no tienen nada que ver con el partido que se ven invadidos ante tantos controles y que les dificulta moverse para hacer las compras para almorzar el domingo.
Incluso varios han decidido irse a la casa de un familiar bien temprano para no padecer estas penurias que según dijo una mujer que vive a 200 metros del Gigante “fue lo único positivo de la pandemia”.