Es imposible hablar de las situaciones desperdiciadas, del lado de Central y también de Racing, sin hacer referencia a ese cabezazo de Octavio Bianchi en el cuarto minuto de adición del complemento, que sin dudas era la jugada para ganar el partido, pero que para el delantero, una vez más, no pudo ser. Igual, fue una de las varias que tuvo el canalla en el Cilindro de Avellaneda, de donde pudo haberse ido con una victoria de haber mostrado una pizca más de consistencia a la hora de la definición. Porque el canalla fue eso, un equipo más de jugadas que de juego, pero con unas cuantas situaciones muy claras para inclinar la balanza a su favor.
No tuvo demasiadas en el primer tiempo, pero allí sí mostró una eficacia más que interesante, porque tuvo dos y acertó en una, que fue ni más ni menos que en la arremetida de Veliz tras el tiro libre de Malcorra.
En el final de ese primer tiempo otra vez Veliz apareció en acción, pero pese a que se estiró al máximo no llegó a conectar el pase fuerte de Campaz.
Ya lo del segundo tiempo fue distinto, porque el canalla trató de mantenerse compacto atrás y salir rápido de contra, una partitura que a juzgar por la ocasiones que tuvo, le dio resultado.
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Porque Campaz lo tuvo entrando por izquierda tras un buen pase de Mac Allister, pero el remate del colombiano fue defectuoso (la pelota dio en la cara externa de la red). Después llegó esa arremetida de Malcorra, quien la pinchó por encima de Arias, pero le erró al arco, por eso Veliz ensayó una chilena para ponerla de nuevo en cancha. El propio Malcorra le prendió mecha, pero el remate se fue por encima del travesaño.
Pero Central tenía guardadas un par de llegadas más, en la que tuvo que usar la cabeza, en medio de un partido que de a ratos lo hacía sufrir cuando quedaba descompensado.
Fue impresionante el cabezazo que Kevin Ortiz metió en el travesaño del arco defendido por Arias. Fue después de un buen centro de Coyote Rodríguez, anticipándose dentro del área y ganándole a los centrales. Y qué decir de la del final, cuando Cortez llegó al fondo y sacó un centro preciso, a la cabeza de Bianchi. No había forma que no fuera gol, pero el delantero no pudo, como tampoco había podido empujarla ante Central Córdoba.
Central las tuvo para ganarlo, pero le faltó fineza.