Central

Central se despidió con la boca llena

El equipo de Cocca le puso la rúbrica a la remontada que inició hace 5 partidos con un gran triunfo ante el xeneize.

Lunes 09 de Diciembre de 2019

La luz de más que Central buscaba para distanciarse de la zona que lo martirizó durante tanto tiempo a lo largo del torneo se hizo carne en el final del partido, cuando los hinchas sintieron que ya prácticamente no había tiempo para que Boca pudiera arrebatarle el triunfo. En las tribunas, los teléfonos celulares le daban un poco más de brillo al resonante triunfo canalla. Fue el momento en el que el pibe Marinelli mostró el acto de mayor inteligencia de los últimos minutos, tirándosela larga a Capaldo y obteniendo una pelota parada para poner en el freezer los instantes finales del partido, pero sobre todo para meterle la rúbrica a lo que fue un partidazo con todas las letras en el primer tiempo y a aguantar como se podía el segundo. Siempre ante un Boca inexpresivo, fastidioso, opaco. Central se despidió de la mejor manera del año, con tres puntos que posiblemente hoy no encuentren la dimensión que seguramente dentro de algunos meses se les podrá dar.

El quiebre del rendimiento de Central en el torneo tuvo un momento claro: después de Estudiantes. Porque a esta altura ya no queda margen para la duda sobre el clic que hizo el equipo. Y, lo más destacado, ese cambio se lo tomó a pecho. Nada de medias tintas. Apenas un empate en Santiago del Estero. Lo demás, un triunfo tras otro, que hicieron que el equipo saltara unos cuantos casilleros en la lucha por la permanencia. Fue tal la remontada que hasta algún osado hoy podría pararse en otra instancia del análisis y levantar la mirada para apuntar un poco más arriba. No es lo adecuado, pero sirve ese dato para graficar lo que significó la remontada de Central tras aquel partido en La Plata.

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Lo que había hecho en estos últimos cuatro partidos (anteriores a Boca) ya había oficiado de alivio. El ánimo ya era otro por esa oxigenación que tanto cuesta encontrar cuando los decimales amenazan. Pero el capítulo del final no pasó inadvertido. El equipo de Cocca tomó el desafío como tal, sin margen para los titubeos y actuó en consecuencia. Poco le importó tener en frente a un Boca superado mentalmente por el entorno político y, fundamentalmente, apático desde lo futbolístico. Pero lo bueno de Central fue que supo leer de qué manera debía jugarle a un equipo plagado de volantes centrales.

El juego del equipo hizo que los hinchas enrojecieran las palmas en un primer tiempo en el que al canalla le alcanzó para marcar la cancha, aunque no para establecer en el resultado la diferencia que el trámite ameritaba.

Pero detenerse en la intensidad del primer capítulo y en el aguante del segundo es apenas un pequeño ejercicio que se puede hacer en la valoración de las sensaciones. El cómo estuvo acompañado de inteligencia, pero el qué fue lo que realmente valió. Porque lo que ocurrió en la tarde-noche de ayer en el Gigante fue un hecho para destacar. Justo a días del aniversario de la obtención de la Copa Argentina y a horas de hacerse oficial el retorno de Marco Ruben, el equipo se plantó frente a Boca, lo cacheteó futbolísticamente y obtuvo un resultado de una tremenda magnitud.

Aquel inicio del torneo en el que nubarrones amenazantes condicionaban a ese presente de mayor relajamiento son los dos momentos de Central en el semestre. Los dos extremos.

La levantada con Godoy Cruz, el batacazo ante River, la goleada con Aldosivi, el punto en Santiago del Estero. Todo eso merecía la rúbrica en el final, contra un rival que a esta altura no es uno más. Ese sello llegó en el último partido en el Gigante de Arroyito. Central se despachó con un triunfazo para que el equipo respire aún más aliviado. Para que los hinchas dejaran el Gigante con la boca llena.

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