Después de lo que fue la derrota en Córdoba ante Talleres se habló mucho de la merma en el rendimiento de Central, pese a que enfrentó al por ese entonces líder del torneo, y entre tantas conclusiones que se sacaron se hizo mención, al menos desde las páginas de Ovación, a que el canalla es un equipo al que le cuesta encontrar el equilibrio, básicamente en cuestiones que tienen que ver con el juego y con la distancia que exhibe entre la solvencia para cerrar favorablemente algunos partidos y la facilidad con los que otros se les escapan. Lo que vino después fue similar a todo lo anterior. Es cierto, frente a Argentinos Juniors hubo un hecho puntual (la expulsión del Fosa Ferreyra en el primer tiempo, con una toma de decisión que a la postre resultó errónea de parte del entrenador) que rompió el partido, pero el final de la historia fue similar. Y dejando de lado esos elementos meramente futbolísticos, que hacen al juego propiamente dicho, está la cuestión de los resultados. Desde ese ángulo también resulta fácil de graficar el andar de un equipo que cuando va para adelante lo hace decidido y que cuando lo vulneran le cuesta reponerse. En lo que va del semestre el equipo del Kily González disputó 18 encuentros, entre torneo local y Copa Sudamericana, de los cuales sólo igualó en dos ocasiones (10 derrotas y 6 triunfos). Es más, si se dejara afuera aquel partido de ida por los octavos de final de la copa, habría una sola igualdad en 17 partidos.
Expuesto así solo, el dato ya dice algo o cuanto menos aporta un indicador importante, pero es quizá el camino más sencillo para explicar lo que es este Central hoy: un equipo que con sus errores a cuestas no se guarda nada, que golpea cuando puede (o lo dejan) y así es capaz de abrazar una victoria o de exponerse al cachetazo.
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Empate II. Central logró la segunda igualdad en el semestre en Venezuela.
Así es como funciona esto de las grandes alegrías cuando el equipo gana y las penas mayúsculas cuando pierde. Vaivenes pronunciados, que pueden llevar, por ejemplo, a lo ocurrido el pasado domingo (segunda derrota consecutiva), cuando el Kily puso en duda su continuidad más allá de diciembre (su contrato vence a fin de año). Puede parecer un dato aleatorio, que nada tenga que ver con ese comportamiento del equipo, pero en realidad tiene que ver, y mucho.
Hasta el hartazgo se habló también de la distancia que hay entre los titulares y el resto, amén de que algunas poquitas piezas se presenten como buenas alternativas de recambio), y eso también hace a la cuestión. Con un plantel pobre, en el que hay muchos juveniles, las posibilidades de mantener un nivel alto de juego son menores. Tampoco lo hizo con todos los titulares en cancha.
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No existen fundamentos absolutos respecto de que los principales males de Central están en esa incapacidad de lograr que cuando no puede sumar de a tres el hecho de sumar puede resultar un buen negocio. No se trata de eso la cosa, sino de notar cómo a partir de los resultados se puede echar algo más de luz sobre la forma de jugar que tiene un equipo. Y en Central esa cosa parece estar cuanto menos clara.
El Kily lo dijo desde el primer día que tomó las riendas del equipo y lo repite cada vez que puede: que pretende un equipo que sea protagonista, que esté a la altura de la exigencia de “una camiseta como la de Central” e indudablemente gran parte de ese discurso llega tal cual a sus jugadores. Un poco más allá está el análisis sobre si cuenta con el material necesario como para jugar todos los partidos de la misma forma, contra rivales de diferente jerarquía.
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Central viene de sumar su octava derrota en el torneo local.
Héctor Rio / La Capital
Un partido ganado representaría tres encuentros empatados, pero, se insiste, el análisis no pasa por determinar si hasta aquí el negocio es bueno, regular o malo, sino en poner blanco sobre negro respecto de una postura de juego, pero fundamentalmente desde las ambiciones.
Desde que comenzó la Liga Profesional el canalla logró una sola igualdad, el empate 1-1 en el clásico ante Newell’s (de visitante). Es más, ese partido jugó decididamente para ganarlo, porque hizo todo para lograrlo, aunque esa devoción por el triunfo lo puso también en aprietos, con chances de perderlo. El resto fueron triunfos o derrotas (más caídas que alegrías). En esa misma cantidad de partidos sólo Aldosivi cuenta con un solo empate en lo que va del torneo.
Pero Central tuvo además Copa Sudamericana y salvo la igualdad en Venezuela, ante Deportivo Táchira, en el resto de los encuentros coperos se movió en la misma sintonía.
Es cierto, contra Boca fue derrota porque en los minutos finales llegó ese gol en contra de Torrent, pero de la misma forma se puede analizar lo que fue la victoria ante Banfield, también en el cierre del partido, en el que equipo entendió que no debía guardarse nada y arriesgó hasta el final, con la corrida de Marinelli y la definición de Ruben.
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La roja a Ferreyra resultó clave para el desarrollo del juego.
Héctor Rio / La Capital
El final de la historia determinará qué tipo de negocio hizo el equipo jugando de esta forma. El dictamen será la clasificación o no a una copa internacional, algo que hoy parece un poco más lejano (ver aparte). Esa obsesión por sumar siempre de a tres es lo que expone al equipo frente a la falta de equilibrio, primero en el juego y después en los resultados. Y en el medio el proyecto tantas veces mencionado, que se fortalece cada vez que el equipo gana y se resquebraja con cada traspié. Mil veces el Kily dijo que “no hay proyecto que se sustente sin resultados” y esta forma de transitarlo no hace más que demostrar que entre el respaldo y los cuestionamientos haya un viaje sin escalas.
Central quedó un poco más lejos de las copas
Las dos derrotas consecutivas pusieron a Central en una situación más compleja para la clasificación a la Copa Sudamericana 2022. No se agrandó demasiado la brecha, apenas un punto, en relación a cómo estaba posicionado antes del partido ante Talleres, pero si metieron unos cuantos equipos más en la discusión. Hoy los puntos que separan al equipo del Kily González de la próxima Sudamericana es de seis unidades y ya no es Racing el equipo a alcanzar, sino que el Argentinos Juniors, que llegó a la línea de los 40 puntos (el canalla se mantiene con 34). Eso sí, la Academia de Avellaneda también tiene 40 y entre el equipo de Claudio Ubeda y Central están: San Lorenzo 38, Unión 37, Godoy Cruz 36, y Atlético Tucumán, con 34, pero mejor diferencia de gol que lo de Arroyito.