Central

Central mostró la peor cara para el peor momento

Central fue un alma en pena y Estudiantes prácticamente lo expuso al ridículo con el 3 a 0.

Miércoles 30 de Octubre de 2019

Un manojo de voluntades (algunas por debajo del resto), más un compendio de errores propios de un equipo desorientado, que no halla el camino, fue lo que expuso Central en La Plata, ante un Estudiantes que hasta el partido anterior tenía a su técnico (Milito) caminando sobre la cornisa y que ayer se floreó contra otro que sí quedó con el entrenador al borde del abismo. Por estos 90 minutos, Cocca decidió que si no le gana a Godoy Cruz se va (ver página 8). No muchas más explicaciones para un trámite desparejo e impiadoso para Central. Un 3-0 implacable, que no fue lapidario porque el DT se adjudicó una vida más.

   Demasiada liviandad fue lo que ofreció Central en el inicio, con desatenciones propias de un equipo nervioso y con actitudes distantes de la correcta conjugación del verbo “jugar”. Todo eso fue lo que hizo que Estudiantes por momentos tuviera el tiempo necesario para armar cada una de las jugadas en las que intentó, con una Gata Fernández que hacía todo simple, con Castro por la derecha y Edwar López por izquierda haciéndoles la vida imposible a Brítez y Molina.

   La posición de Rinaudo, extremadamente metido entre los centrales hizo que equipo luciera largo, que no tuviera una salida clara y que el pincha gozara de demasiadas libertades para abanicar el juego de un lado a otro.

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   El único que tuvo un par de intervenciones punzantes fue Rius, por derecha, pero su trabajo no fue lo suficientemente constante como para hacer que ese andarivel fuera la llave en ataque. Y con Colazo desaparecido por el sector izquierdo, a Riaño (la única que tuvo fue a los 12, con un remate que dio en el muslo de Schunke) las chances siempre le quedaron lejos.

   A esa claridad que tenía, Estudiantes le puso el moño a los 24', cuando Retegui le ganó el duelo a Novaretti en el inicio de una jugada que se inició por derecha y que terminó con el ingreso en soledad del colombiano López en el corazón del área.

   Gamba en ese primer tiempo intentó ser más una sombra de Kalinski que un verdadero acompañante de Riaño, a Gil otra vez le quedó grande el traje de armador y el resto acompañó, pero jamás desniveló. En síntesis, el desconcierto pudo más que cualquier ambición.

   La verdadera postal del comportamiento de un equipo y otro fue la primera jugada, donde un marcador de punta recibió súper tranquilo, trasladó y con todo el tiempo del mundo le apuntó al palo izquierdo de Ledesma. Allí fue el balón para poner el 2-0 que ya olía a sentencia. Con ese andar, era imposible que pudiera torcer el rumbo.

   Sólo cuando Estudiantes levantó el pie, el equipo canalla intentó algo, pero esos cinco minutos, en los que tuvo un par de aproximaciones interesantes (un remate de Zabala, otro de Novaretti y un cabezazo de Brítez) fueron engañosos en relación al resto de un partido al que si le hacía falta un cierre acorde fue la estocada de Matías Pellegrini, en lo que fue una pérdida inocente (de Allione) y otro retroceso espantoso.

   Ya al borde del ridículo, a Central sólo le cabía el final del partido. Lo transcurrió con algo de amor propio, pero desbordado por una situación ya inmanejable, que lo puso entre la espada y pared.

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