Punto final para Central en un semestre que tuvo un poco de todo, de alegrías a la decepción un cierre en el que los resultados no acompañaron. La eliminación en Copa Argentina fue un golpe duro en medio de una seguidillas de encuentros que pueden tomarse tranquilamente como un toque de atención de cara a lo que se viene, que no es otra cosa que un segundo semestre donde el margen de error será muchísimo más pequeño.
En Central hay algo que se instaló en este último tiempo y tiene que ver con la capacidad del equipo para resolver los partidos en los que el resultado lo dice absolutamente todo. Y en tren de intentar separar el juego del resultado, la ecuación se torna más compleja todavía.
El Canalla evidenció un claro bajón futbolístico, posiblemente con el acompañamiento del desgaste físico, que puso sobre tablas la vuelta de tuerca que el entrenador Jorge Almirón deberá buscarle a todo eso que se viene.
Los "mata-mata" que ganó fueron en el Gigante
Todo lo que este Central ganó en partidos “mata-mata” fue en el Gigante. Fuera de la localía fue otro el cantar. Es cierto, este último choque, ante Estudiantes, fue en cancha neutral, pero lejos de Arroyito, donde la cuesta se le hizo demasiado empinada.
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Jorge Almirón no logro que Central mantuviera un nivel competitivo en los últimos partidos.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
¿Por qué se hace referencia a esto? Porque lo más importante que deberá afrontar Central tras la vuelta a la actividad es el cruce por los octavos de final de la Copa Libertadores, nada menos que ante un peso pesado como Corinhians. El encuentro de ida será en Rosario y la vuelta en San Pablo.
Y si antecedentes se trata, Almirón se verá en la obligación de mejorar lo que fueron estas últimas puestas en escena de su equipo, en las que, contextualizaciones al margen, quedó en deuda.
Caída en el Monumental
Nunca es fácil ir a jugar a frente a River en el Moumental, donde Central ganó apenas unos pocos partidos a lo largo de su historia, pero se se enfrentó a un Millonario de los más vulnerables de los últimos años. Aun así no pudo.
No fue un partido de eliminación directa el que jugó en Quito ante Independiente del Valle, pero se trató de un encuentro en el que había algo muy importante en juego, como el primer puesto en el grupo de la Copa Libertadores. Allí también la puesta en escena no estuvo a la altura de la circunstancias y el costo que se pagó fue muy alto. Fue derrota y la pérdida del primer puesto en el grupo.
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En el primer "mata-mata" fuera del Gigante por el torneo Apertura, el Canalla falló en el intento y perdió ante River.
Leonardo Vincenti / La Capital
Y ahora esto frente a Estudiantes de La Plata, con cancha neutral y con un marco claramente favorable al Canalla, pero con un resultado que también le dio la espalda. Es más, esto último se trató de una actuación fallido por donde se la mire. La imagen del plantel aplaudiendo de cara a los hinchas y pidiendo disculpas por lo hecho en cancha fue una clara demostración de la flaqueza futbolística que mostró el equipo. Un episodio raro teniendo en cuenta toda esa ilusión que sobrevolaba Arroyito apenas unas semanas atrás, antes de la semifinal frente a River.
Por todo lo hecho antes de esta recta final parece injusto caerle con fuerza al equipo, porque hubo un andar consistente, pero hay imágenes que se graban a fuego y sensaciones que predominan.
Los tropiezos del Canalla
Central fue a cancha de River y no pudo, fue a Ecuador a defender el primer puesto en el Grupo H de la Copa Libertadores y fracasó en el intento, y fue al Mario Alberto Kempes en busca del los octavos de final de la Copa Argentina y se volvió con las manos vacías. Quien no quiera entender todo eso como un indicador quizá le esté errando en el análisis.
Por supuesto que hay atenuantes. Uno de ellos es el desgaste físico que hizo el equipo en este último tramo del semestre, en el que jugó muchísimos partidos en muy pocos días. Venía, por ejemplo, de jugar en la altura de Quito y cuatro días después tuvo que hacerlo ante un equipo que había jugado un día antes y en condición de local. Pero es la realidad que le toca vivir a cada uno y de la que nadie logra salir indemne en un ciento por ciento. La doble competencia tiene estos contratiempos y, generalmente, no hay forma de contrarrestarlos.
Ahora, es un indicador también que todos estos reveses que acumuló el Canalla hayan sido en condición de visitante, lo que amerita un llamado de atención de cara a ese futuro inmediato, en el que las obligaciones lógicas desde adentro y las exigencias desde afuera confluirán en un mismo sentido.
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Los futbolistas de Central saludan a los hinchas tras la dura eliminación a manos de Estudiantes.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Tras el receso, la Copa Libertadores
Porque a la vuelta del receso Central tendrá nada menos que el enorme desafío de la Copa Libertadores de América, en la que la historia comenzará a escribirse en el Gigante de Arroyito, pero que se cerrará en San Pablo, frente al siempre complejo e intimidante Corinthians.
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Que el equipo llegó cansado al tramo final del semestre, no hay dudas. La muestra más clara se grafica en ese rendimiento de Ángel Di María que, claramente, fue de mayor a menor, y como él, otros casos. Nada que no se pueda corregir con una buena pretemporada, pero la cosa, al menos hoy, parece ir un poco más allá, de la cuestión física.
Central pasó de un andar firme a uno cansino, en el que la mínima complejidad le pasó factura. Se sintió cómodo en esos partidos a todo o nada frente a Racing e Independiente, por los octavos y cuartos de final del torneo Apertura, pero cuando se le vinieron otros partidos complejos y fuera del Gigante, las cosas tomaron otro color. A la vuelta del Mundial habrá algo importantísimo por lo que pelear, donde la suerte se definirá en la lejana San Pablo. Estos últimos antecedentes ameritan un estudio profundo respecto a dónde anidan los problemas a resolver.