Al director del Conicet Rosario, Guillermo Labadié, le gusta hacer una comparación cuando habla de la crisis que atraviesa el sistema científico argentino. " Formar un investigador es similar a plantar un árbol. La carrera científica demanda muchos años, décadas, lo mismo que tener árboles que den sombra. Ahora estamos como atravesando un gran incendio: se te queman los ejemplares que tenías crecidos y no estamos sumando nuevos", dice.
La metáfora viene después de analizar las bajas de personal registradas en el Centro Científico Tecnológico de Ocampo y Esmeralda, donde en los cinco primeros meses del año dejaron sus cargos seis investigadores, 2 empleados de apoyo, 2 becarios y 2 contratados para tareas administrativas o de mantenimiento. En total, 12 personas; en promedio, dos por mes.
La pérdida de personal de investigación, el gran incendio, es parte de un proceso que comenzó en los últimos dos años. En 2024, dejaron el organismo 33 personas, entre ellas 15 investigadores; el año siguiente fueron 34, de las cuales 7 eran investigadores y 21 becarios. En total, en los últimos dos años, el Conicet Rosario tiene 78 personas menos.
El 69 % renunció a su cargo, en gran parte, a causa de los bajos salarios y el desfinanciamiento de los proyectos de investigación. Ante esos obstáculos se abrieron otras puertas: la posibilidad de migrar al sector privado o de seguir haciendo ciencia fuera del país. "Es un número importante. Nuestros institutos de investigación tienen alrededor de entre 15 y 20 científicos, así que es como haber cerrado un par de institutos", señala Labadié.
El director del Conicet Rosario asumió su cargo en marzo del año pasado, es doctor, licenciado en química y vicedirector del Instituto de Química Rosario (IQUIR, Conicet-UNR). En el centro tecnológico local trabajan unas 800 personas reunidas en 13 institutos de investigación que dependen tanto del organismo nacional como de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Ciencia en problemas
El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) es el principal organismo dedicado a fomentar y financiar la investigación científica y tecnológica en el país. Aún así, "está sufriendo el mismo proceso que atraviesan otros organismos descentralizados del Estado. Del mismo modo que en el resto de las instituciones del sector público tenemos un recorte presupuestario importante y una caída del poder de compra de salarios y becas. Pero lo más dramático es la falta de financiamiento a los proyectos de investigación que se realizan en todo el país", describe el científico.
El ejemplo más claro es la interrupción de las convocatorias para el financiamiento de proyectos. La última (número 23) tuvo un montón de prórrogas y finalmente se terminó dando de baja. La anterior (la 22) llegó a ser evaluada y se seleccionaron distintas propuestas para apoyar, pero los fondos nunca llegaron. Con ese dinero se compran insumos para laboratorios, se realizan trabajos de campo o se financian presentaciones en congresos; sin embargo los recursos no llegaron.
Esa realidad explica, señala Labadié, el deterioro de las condiciones de trabajo dentro del organismo. "Tenemos los edificios, la infraestructura y el personal, pero no tenemos recursos disponibles para comprar los descartables o los reactivos que usamos en los laboratorios, entonces sostener el trabajo se hace cada vez más difícil".
Si a ese escenario se suma una pérdida de los salarios de investigadores y becas de formación, estimada en un 40 % del poder de compra, se entienden las razones de la pérdida de personal en los institutos que dependen del Conicet. "Empezar o incorporarse a la carrera científica en este momento resulta desalentador", sintetiza el director del Conicet local.
El ahogo presupuestario, continúa, "hace que todos los meses alguna persona se vaya. Nadie los echa, nadie se compromete en tomar esa decisión, pero se van porque la situación lo lleva a buscar otros horizontes".
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Una crisis con dos puntas
El principal capital del Conicet "no son los edificios, ni el equipamiento ni la infraestructura; sino sus recursos humanos, formados y en formación, y eso es lo que estamos perdiendo cotidianamente", advierte.
Y destaca que ese desgranamiento genera consecuencias de largo plazo sobre la producción de conocimiento y el desarrollo tecnológico del país. "Tener una persona en condiciones de ingresar a la carrera científica te lleva por lo menos cinco años de doctorado y tres de posdoctorado, eso son 8 o 9 años, y si esos procesos se cortan volver a ponerlos en marcha lleva muchísimo tiempo", advierte y destaca que "los hallazgos de nuestras investigaciones tienen que ver con proyectos que se iniciaron cinco o seis años atrás, por eso el impacto de lo que se está haciendo ahora lo veremos en cinco o seis años".
Para Labadié, a lo largo de su historia el organismo atravesó distintas épocas, mejores y peores; pero el escenario actual resulta inédito. "Hay una situación salarial muy mala y, por otro lado, no están dadas las condiciones mínimas para desarrollar el trabajo científico. Nunca, en otro momento, habíamos tenido esos dos problemas juntos", subraya. En otras épocas, si bien se redujeron los ingresos de personal y de nuevos becarios, se mantuvieron las convocatorias a los proyectos de investigación, lo que aseguraba fondos para mantener en pie al sistema. Actualmente eso no pasa.
Mientras tanto, advierte, el mayor riesgo no son las dificultades con que se encuentran a diario los investigadores del organismo, sino la posibilidad del país de sostener una política científica de largo plazo.