Delia Gelin sabe que los nervios tienen un peso específico. Lo supo a los 50 años, cuando entró por primera vez a la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y lo confirmó décadas después, el día de su defensa de tesina, cargando sobre sus hombros el peso de siete docenas de empanadas que ella misma había preparado, cocinado y transportado para que ninguna estuviera recalentada. Su trabajo de grado —una mixtura de semiótica, cocina, inmigración y recuerdos piamonteses de su infancia— era un viaje sensorial por historias, saberes y sabores.
"Ese día fue muy lindo porque fue muy concurrido. Estaba nerviosa, pero eso me pasó siempre, desde el primer examen", confió Delia a La Capital. A los 75 años, no perseguía solo un título: buscaba cerrar una grieta que había quedado abierta en 2013, cuando la vida la llevó por otras obligaciones y la carrera de comunicación social quedó en suspenso. Pero ese 1º de agosto de 2025, en el salón de La Siberia, ella no era solo una alumna rindiendo un examen final. Era una coreografía de pequeñas resistencias.
Regresar a la universidad
La de Delia Gelin es una de las 237 historias que lograron cerrarse gracias al Programa Regresar, una iniciativa de la UNR lanzada en mayo de 2023 para invitar a que terminen la carrera a aquellos que, por distintos motivos, no pudieron completarla. La cuarta edición de la convocatoria está abierta hasta el 7 de junio y la inscripción es online.
Lanzado en mayo de 2023, el Regresar está destinado a estudiantes de todas las carreras de grado de la UNR que hayan abandonado sus estudios. En especial quienes hayan interrumpido su recorrido académico hace más de tres años y adeuden hasta el 30 por ciento de la carrera, o que les falte realizar la tesina para graduarse.
La inscripción a la cuarta edición del plan se lanzó el 22 de mayo y estará abierta hasta el 7 de junio. Ya son 237 las y los estudiantes que habían dejado inconclusos sus estudios universitarios que pudieran recibirse gracias a esta propuesta. Hasta el viernes pasado, más de 1.000 personas ya se inscribieron en una nueva edición del programa.
"Entendíamos que este programa era necesario y está dando sus frutos. Lo que construimos acá no pasa en ninguna otra parte del país. Esta ya es la cuarta convocatoria que abrimos y todas tuvieron muy buena repercusión", destacó el rector de la UNR, Franco Bartolacci sobre el programa, "pensado para ir a buscar, uno por uno, a quienes habían interrumpido sus estudios en el tramo final de la carrera". Dijo además que la puesta en marcha de esta iniciativa, junto con otras políticas impulsadas por la universidad, "sostiene el crecimiento de los índices de graduación".
Uno de los ejes centrales de la iniciativa es el acompañamiento individual de cada alumno. Y para eso, el programa cuenta con un sistema de tutorías integrado por docentes, graduados, adscriptos y estudiantes avanzados. Cada persona inscripta es acompañada durante el tramo final de su carrera por un tutor o tutora que brinda orientación académica y seguimiento permanente. Además, el Área Académica y de Aprendizaje de la UNR coordina el trabajo junto a los equipos de cada facultad.
Desde la universidad destacaron que la propuesta no tiene antecedentes dentro del sistema universitario nacional por su alcance y por el trabajo específico destinado a recuperar trayectorias académicas interrumpidas.
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El sueño universitario
Mientras exponía en la defensa de su tesina, Delia se puso un delantal. No era uno cualquiera: era una prenda que había usado años atrás para un trabajo de la facultad, un resto de tela que guardaba la memoria de una amiga que ya no está. Allí, con el delantal puesto y rodeada por un jurado que incluía a Olga Corna —una profesora jubilada que pidió especialmente estar presente— Delia se convirtió en su propia tesis.
En la sala, el tiempo se volvió un detalle menor. Estaba Diego, un compañero ciego que empezó a estudiar con ella en tercer año y con quien compartieron horas de grabaciones, y estaba su nuera, Gabriela, que le puso orden al caos de la tecnología. Delia recuerda que ese día miraba a sus profesores y a su familia, y en ese cruce de miradas entendía algo que las estadísticas del Programa Regresar intentan graficar: que volver a la universidad a esa edad no es una cuestión de currículum. Es, sobre todo, una forma de honrar una genealogía.
Nacida en Chañar Ladeado y criada en Villada, localidades del sudoeste provincial, Delia es hija de maestros y defensora de la escuela pública. Ella misma fue maestra de primaria y directora de escuelas de Rosario. Mientras habla con La Capital, menciona a cada uno de los que permitieron llegar a su diploma, como cierre de un círculo que había empezado en su tierra natal. "La universidad era el sueño de muchos jóvenes de pueblos o pequeñas ciudades", dice.
Ahora, el título de Delia descansa en un cajón de su casa, esperando el marco para lucirlo en la pared. Delia, que cumplió 76 años en diciembre pasado, dice que todavía no tuvo tiempo, pero que pronto lo colgará. "Esto era lo que yo quería", dijo Delia apenas vio su nombre estampado en su título universitario. En la pared, probablemente, no sea solo un papel. Será el recordatorio de que, a veces, para terminar una carrera, hay que dejarse acompañar por la universidad pública y tener la paciencia de esperar el momento justo y la templanza de saber cómo cocinar siete docenas de empanadas el día de la defensa de la tesina.