Una semana después el contexto es el mismo, pero las sensaciones parecieron diferentes. El arribo del plantel de Central al hotel Maria’s (fue con algo de retraso porque se demoró el vuelo desde Fisherton), de La Banda se dio en medio de un jolgorio increíble por parte de los empleados del hotel, pero con una clara distensión por parte de todos y cada uno de los integrantes de la delegación canalla. Ello no quiere decir que el partido de este viernes será tomado con liviandad, sino que en Central parecieron sacarse ya un enorme peso de encima en esa final ante Platense, en la que pudo alzar el trofeo de la Copa de la Liga. El canalla llegó a esta ciudad en busca del Trofeo de Campeones.
Central está nuevamente en Santiago del Estero, pero esta vez como flamante campeón del fútbol argentino y entre tantas buenas noticias es que la la ciudad recibió a la delegación canalla con una temperatura más que agradable, teniendo en cuenta el infierno vivido hace unos pocos días.
Pero el mejor clima que vive hoy Central es el de sentirse campeón y con es semblante fue la llegada nuevamente al coqueto hotel Maria’s, donde el personal no escatimó en demostraciones de afectos. Nuevamente todos los empleados se pararon en la puerta de ingreso y desde allí, con la música bien alto fueron recibiendo con aplausos y baile a jugadores, integrantes del cuerpo técnico, auxiliares y al resto de los que componen la delegación.
A diferencia de tantas otras cosas que en Central se hicieron de manera similar desde hace unas cuantas semanas, el micro que transportó al grupo desde el aeropuerto al hotel en La Banda fue otro. Esta vez hubo un coche blanco en su totalidad y no el azul y ploteado con los colores de la selección argentina y leyendas alusivas a la tercera estrella lograda por el equipo de Lionel Scaloni en el Mundial de Qatar.
Sí se repitió esto de que Luca Martínez Dupuy fuera el primer futbolista en bajar del micro y después del él el resto. Russo lo hizo con el traje en mano y al pasar bromeó con la música que sonaba de fondo. "Todo igual, la misma música, ja", exclamó el entrenador auriazul, mientras de fondo sonaba ininterrumpidamente "Soy feliz", de Ricardo Montaner.
Ya dentro del hotel, lo de siempre, el rápido retiro de las tarjetas de las habitaciones (por supuesto ya estaban todas preparadas) por parte de los futbolistas y breve descanso y el almuerzo, para después sí encarar el resto del día, que tendrá el último entrenamiento antes del choque contra River, donde el canalla se quiere alzar con el Trofeo de Campeones.