En el mundo del fútbol, pero sobre todo en las crónicas de encuentros es frecuente encontrar la frase “en el amanecer del partido”. Es difícil establecer dónde se fija el límite para determinar si es amanecer o partido ya lanzado al ruedo, pero donde se quiera establecer esa línea, Central seguramente tendrá unos cuantos ejemplos para aportar sobre lo que hacer en esos primeros instantes del juego. Pero todos fueron momentos que le causaron decepción, nunca alegría, independientemente del resultado final. ¿A qué viene esta mención? A que el gol que le convirtió Talleres antes del minuto no fue un hecho aislado en el torneo, sino que se sumó a otros dos que también aparecieron rápidamente. Es cierto, no es lo mismo el minuto 3, como sucedió frente a Arsenal, que el minuto 6, frente a Atlético Tucumán, pero no dejan de ser tres estocadas que el equipo recibió rápido, y en algunas ocasiones demasiado rápido.
A algunos les puede parecer mucho y a otros una insignificancia, pero lo cierto es que de los 14 partidos disputados hasta el momento en la Liga Profesional, a Central le anotaron en tres ocasiones en el inicio. Por supuesto que lo de Talleres es el dato que amerita una revisión especial, más allá de que el tanto del equipo corbobés haya llegado de una jugada de pelota parada, en la que los movimientos suelen ser esquemáticos y similares en el minuto uno como en el 90.
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Michael Santos celebra junto a sus compañeros la primera de las tres estocadas que le pegó a Central en el Kempes.
E incluso el posterior comportamiento del equipo tuvo un común denominador en lo que hace a la respuesta a esas estocadas tempraneras. Porque en todos los casos el canalla logró empatarlo y en ciertas ocasiones hasta lo dio vuelta. Los resultados finales son una anécdota en medio de lo que se pretende plantear, de hecho, Central en esos tres encuentros mencionados ganó, empató y perdió, pero de lo que no caben dudas es que un gol en contra de arranque desenfoca al equipo emocionalmente, pero lo que es peor: lo obliga a ir rápidamente en busca del empate y a disputar un tipo de partido que no estaba en los planes.
Lo que sucedió el pasado domingo en el Mario Alberto Kempes fue de lo más exponencial en estos arranques dubitativos. Porque ante de los 30 segundo Mallo tuvo que cerrar exigido allá en el fondo y la reventó al córner. De ese tiro de esquina llegó el desvío en el punto penal de Catalán (Quintana no llegó a marcarlo) y la aparición de Michael Santos, a quien Damián Martínez perdió. Apenas 53 segundos de juego en los que se rompieron por completo todos los moldes que había pensado Russo en la previa. El resto, historia conocida: el canalla lo emparejó desde el juego y lo empató, hasta que la T le marcó la diferencia en el complemento.
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Conta Arsenal, el equipo de Russo recibió un gol a los 3 minutos. Después logró darlo vuelta y pudo ganarlo.
Virginia Benedetto / La Capital
Pero antes de esto que ocurrió en Córdoba, Central también padeció otros inicios de partidos. Por la tercera fecha, en el Gigante, Arsenal le convirtió cuando iban tan sólo tres minutos de juego. Fue de pelota en movimiento, en una mala cobertura en defensa en la que fallaron varios. Por eso Lautaro Guzmán recibió demasiado solo en el segundo palo y tras enganchar y dejar en el camino a Martínez quedó de cara a Gaspar Servio para marcar el primer tanto del partido. Otra vez el canalla se repuso e independientemente de las contingencias que se dieron (Arsenal sufrió la expulsión de dos jugadores), el equipo de Russo logró darlo vuelta y fue triunfo por 2 a 1.
Y hace muy poquito tiempo se dio algo similar. Es cierto, habían pasado un par de minutos más, pero también el gol en contra llegó cuando los equipos recién se estaban acomodando al partido. Fue también de pelota parada (a la salida de un córner), donde Bautista Kociubinski recibió solo, dejó picar dos veces el balón, se perfiló y venció la resistencia de Fatura Broun.
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En Tucumán, a los 6' el decano se puso en ventaja por intermedio de Kociubinski. Central lo dio vuelta, pero en el final se lo empataron.
Celina Mutti Lovera / La Capital
Otra vez el canalla se repuso del golpe y no sólo llegó al empate y más tarde lo dio vuelta, sino que los dos puntos que dejó en Tucumán fueron por un error propio (un mal pase de Montoya) y un par de rebotes en el remate de Joaquín Pereyra. Pero, fue otro de los partidos en los que el equipo de Russo salió a jugar un gol abajo prácticamente desde el vestuario.
Tres partidos del torneo en los que Central se vio sorprendido, pero sobre todo obligado a encarar un encuentro de una manera distinta a la ideada en la previa. Un gol en el propio arco molesta en el momento que sea, pero al canalla lo que sucedió en Córdoba no lo tomó por sorpresa porque ya le había ocurrido algo similar en otras ocasiones. Será, sin dudas, una de esas cosas a las que Russo hizo referencia tras el encuentro y que entran en el rubro “corrección”.