Ovación

Braian Toledo: a un año del adiós del superhéroe de la jabalina que soñaba ser infinito

Romina González, kinesióloga y amiga del atleta que murió con sólo 26 años, recordó momentos vividos en Rosario, ciudad que le encantaba. Destacó su legado deportivo y elevó el humano.

Sábado 27 de Febrero de 2021

-Voy para Rosario porque te quiero y te extraño. La quiero, Dotora.

Cada vez que Romina González recibía un mensaje de este tipo en su celular sabía que se avizoraban días lindos, de alegría. Al otro lado de la línea, Braian Toledo, el mejor lanzador de jabalina de la historia argentina, tenía un plan. Llegar a la Cuna de la Bandera a visitar a su amiga, la que tantas veces lo atendía por las lesiones, una de las kinesiólogas de la Confederación Argentina de Atletismo (Cada) y del Comité Olímpico Argentino (COA), pero con quien la confianza ya había mutado a un lazo más fuerte. Entonces Braian, a veces solo y a veces con su novia Sofía Lamarque, agarraba el auto y aparecía de visita. A Braian le encantaba Rosario.

Desde hace un año, el teléfono de Romina ya no recibe ese mensaje. Porque intempestivamente aquel pibe lleno de vitalidad encontró lo fatal, lo nefasto, en la noche del 26 de febrero de 2020 (pese a que algunos establecen su fallecimiento el 27, por la cercanía con la medianoche). Había ido a su ciudad natal, Marcos Paz, en moto desde Núñez, a llevarle “cositas” a su familia. A la vuelta, un lomo de burro recién puesto que no conocía, lo traicionó. Perdió el control, chocó contra unas palmeras que paradójicamente ya no existen y murió con tan sólo 26 años.

Menos de un mes antes de que el mundo estallase con la pandemia por el Covid-19, Argentina se sacudía con las noticias en esa mañana del 27: la muerte, cuando es temprana y sorpresiva duele más. Hace insoportable el dolor, incomprensible. “Fue un año muy difícil este sin Braian. Porque vino la pandemia, nos quedamos encerrados y necesitábamos abrazarnos. Como pudimos nos acompañamos. Nos abrazamos virtualmente aunque sea. Con Sofía, su novia (selección nacional de tiro deportivo) y con sus entrenadores Kari (Ihalainen, el finés con el que Braian trabajaba desde 2016) y Mauricio (Villalba)”, dice Romina González, desde una sala de la universidad en la que da clases y desde la que se toma un tiempo para hablar de Braian, para “celebrar” a Braian.

"Braian merece ser recordado con alegría"

Inmediatamente a la consulta de La Capital, sobre si quisiera o no (por una cuestión lógica de respeto al dolor) hablar del atleta al que consideraba “un hermano menor”, Romina responde con autoridad: “Por supuesto, hay que celebrar a Braian”. Y ahora, entre esas lágrimas y la voz baja que provoca la angustia cuando se la quiere poner en palabras explica por qué dijo lo que dijo: “A Braian hay que celebrarlo porque todas las personas que tuvimos la oportunidad de transitar esta vida al lado de él tenemos que contarlo. Merece ser recordado con la alegría que siempre transmitía. Braian siempre estaba de buen humor, tenía un carácter increíble y creo, particularmente, que él no hubiera querido que se lo recuerde de otra forma que no fuera con alegría”.

Braian.jpg

A la vez que se entremezclan las emociones, la kinesióloga que lo vio por primera vez en 2005 siendo él un juvenil al que ya todos observaban, pero que entabló vínculo fuerte desde los Juegos Odesur de 2014, cuenta que no había ocasión en la que no riera cuando Braian no la tuteaba y la llamaba Dotora. Y se enorgullece cuando siente la tranquilidad de que siempre, de los dos lados, se dijeron cuánto se querían. “A veces no había un motivo concreto, no era que se tenía que venir a atender por algo (lo hacía con varios profesionales). Venía a Rosario de visita, él era muy expresivo, todo el tiempo te manifestaba su amor”.

Lejos de ampararse (y justificarse) en la adversidad que le tocó desde chico, que lo encontró viviendo en una casilla de Marcos Paz con su mamá, con dos hermanitos y lejos de un padre que los abandonó, lleno de necesidades, Braian hizo lo contrario: fue por la vida manifestando amor. A esa familia, que era su foco porque quería cambiarle la vida y a la que en parte tuvo que “perdonar” y entender, a sus amigos, a su novia, a sus colegas y a su profesión. Incluso a aquellos que ni siquiera conocía: “Braian siempre te decía que a los chicos hay que escucharlos, que cuando se te acerca un chico hay que escucharlo”, remarca Romina. Sabe que a él, eso le faltó. Y le duele, a la vez que cuenta: “Era generoso, muy generoso. Generoso con todos. Pero no generoso sólo en lo material, no sólo por regalarle ropa a algún atleta. El les daba su escucha, su tiempo, les daba lo humano. Les daba un consejo, les otorgaba un lugar, una charla, siempre muy cerca de todos. Por eso era tan querido a nivel mundial incluso”.

"Él sabía adónde quería llegar"

Ríe ahora la amiga de Braian cuando cuenta que, pese a que tenía un inglés rudimentario, logró hacerse muchos amigos en el mundo de la jabalina, adorado por las grandes estrellas de ese deporte. La bondad no entiende de barreras idiomáticas, eso está claro. Braian las derrumbó, como derrumbó las de un destino que no quería. Tal vez, en esa infancia de carencias, se soñó superhéroe, porque de algo estaba convencido:Si ves el lugar desde el que salió… El sabía adónde quería ir, sabía adónde quería llegar. Y fue planificando su vida en torno a eso”.

Es probable que aquel nene de Marcos Paz, que ni siquiera tenía zapatillas para entrenar, que fue “descubierto” por su profesor de educación física Gustavo Osorio (lo acompañó hasta 2016) y que hacía volar la jabalina corriendo sobre la dureza de la tierra seca y los pastos altos de un terreno municipal, a puro esfuerzo, no supiera ahí, inmediatamente, lo que le esperaba. Pero se sentía distinto. Sentía que podía hacer cosas grandes. Hoy, cuando sus amigos decodifican esas charlas, lo ratifican más que nunca.

cf29ce48-6f7a-45d1-a5d5-d412a60c3fc2.jpg

Romina, que compartió con él tantas horas, dice que “el tema de su familia siempre estuvo presente y de manera recurrente. Aún en ese fondo él siempre supo que algo podía hacer para sacarlos de ahí. Y por suerte eso lo encontró en el deporte. Fue padre de sus hermanos, sostén económico hasta el día de hoy (siguen recibiendo ayuda del COA y la Secretaría de Deportes, además de sponsors privados). Les pagó los estudios a su hermana, siguió de cerca a su hermanito para que vaya bien en la escuela. Nunca vamos a saber todo lo que hizo por los demás, porque si podía lo tapaba”.

"Nunca se olvidó del lugar de donde salió"

No fueron pocas las veces que trascendieron acciones de Braian de las que él mismo no quiso dar detalles. Dicen que, aún cuando ya pasaba varias semanas al año entrenando en Finlandia con Kari Ihalainen, había días en los que volvía a Argentina y aparecía por Marcos Paz con una camioneta llena de cajas. Miraba las casas, estimaba qué podía estar necesitando tal o cual familia, tocaba el timbre y regalaba una. Braian tenía todo para vivir como una gran estrella del atletismo, pero jamás dejaba de mirar ese lugar del que salió. Por allí también apadrinaba un merendero.

Desde hacía algunos años, el atleta, quien empezó a ser conocido a partir de los Juegos Evita y que deslumbró siento campeón olímpico de la juventud en Singapur 2010, se hacía llamar infinito. En su cuenta de Twitter, por ejemplo, se presentaba como Braian Infinito. Lanzar la jabalina al infinito significaba llegar mucho más allá de lo posible, de lo imaginable. Al infinito lo hizo su faro. Se lo tatuó. Se tatuó el mismo símbolo que hoy está hecho escultura de metal en Marcos Paz, en el mismo sitio donde estaban las palmeras contra las que pegó la noche del accidente. ¿El mismo se pensó infinito? “Es increíble, pero había algo más. No sé, algo más allá de la metafísica, cosas que él decía que dejábamos pasar y que de pronto ahora te las ponés a pensar, como que había algo especial”, reflexiona Romina.

Las condiciones deportivas de Braian son indiscutibles. Un talento natural increíble, una mentalidad única y tremendamente ganadora. Una fortaleza ante la adversidad… Describir cada uno de los logros hasta sus 26 años sería extenderse más y más. Pero decir que a los 26 ya era campeón olímpico juvenil, dos veces olímpico en mayores (finalista en Río de Janeiro 2016) y que tenía todo para llegar y brillar en Tokio 2020 ya por un podio o tocar techo en París 2024, pone las cartas sobre la mesa. No hay objeciones. Se estaba ante un atleta de los excepcionales.

974d5846-d37b-411c-a350-1b125d2111e2.jpg

De los días que pasaban en Rosario, en el vínculo profesional, pero también en el de amigos, la Dotora de Braian cuenta que le gustaba ir al río. Pero que también pasaban jornadas en Oliveros, el pueblo distante 26 kilómetros de la Cuna de la Bandera, en la casa de campo de los papás de ella. Allí había lindos asados, aunque siempre todo en su justa medida: “Si ese día iba a comer un asado, Braian entrenaba antes o después, era muy disciplinado y consciente de su condición de atleta”, cuenta.

Y suma esto: “Todo lo hacía con alegría, disfrutaba la vida, era muy divertido en todo. Y a veces vos te hacías un problemón por algo y él te hacía ver que no era tan grave. Se tomaba las cosas de otra manera. Igual, si tenías un problema se mantenía pendiente por cómo te iba con eso… O te preguntaba cómo estaba tu mamá, cómo estaba tu familia. ¿Qué chico de 20 años te pregunta cómo está tu familia?”.

"Un luchador que quiso cambiar su mundo"

Para Romina y para tantos amigos de Braian, sus números eran los de cualquier estrella del atletismo, sólo que se naturalizaban los logros, por su simpleza. Aunque son arrollados e incontrastables. Por eso hoy, a un año de su muerte, es lógico que cuando se habla de legado se enumeren una y otra vez sus podios y medallas. Sin embargo, estos amigos creen que el legado no es sólo deportivo: “El legado de Braian hay que construirlo porque muchas veces se conoce la parte deportiva, la cantidad de campeonatos nacionales e internacionales que él ganó desde muy chico. Tal vez esa sea la manera más fácil de conocer a un excelente deportista que perfectamente podría estar a la altura de Maradona en una discuplina que no tiene ni la espectacularidad ni la popularidad del fútbol, pero Braian ha sido muy reconocido siempre por sus compañeros de competencia de todo el mundo”, dice Romina.

“El legado humano, el de la persona, su gran capacidad de entrega y la importancia que él le daba a las amistades, a los vínculos afectivos, era único. Braian tenía una calidad y una calidez humana increíbles. Siempre hablamos con Jenny (Dahlgren, lanzamiento de martillo), con Germán (Chiaraviglio, salto con garrocha) y con el Facha (Marcelo Pugliese, entrenador de Dahlgren) de que el legado de Braian lo vamos a construir entre todos contándole a la gente quién fue Braian más allá de su lado deportivo”, remarca la amiga de Rosario, quien dice que pese a extrañarlo puede reconocerlo en la vida diaria: “A Braian lo veo en muchos actos de mi vida que tienen que ver con no conformarse, con no quedarse en ese lugar y siempre ir apuntando a algo mejor. Braian tenía esa filosofía. Esa forma de buscar superarse y de avanzar nos arrastró. Nos hizo mejores personas y mejores profesionales a todos. Braian nos empujaba para crecer”.

7c92646d-24b3-4138-8f25-218c33639456.jpg

Un año puede ser poco o mucho tiempo. Depende qué se mire y desde dónde. Lo que sí está claro es que el dolor de la muerte puede palearse, aunque es irreparable. Igual, trae consigo la posibilidad de repensar una y otra vez en la vida, en las enseñanzas que esos indispensables dejan. Por eso ahora, en el final de la nota, Romina puede definir a su amigo sin vueltas:

-¿Quién fue Braian Toledo?

-Braian fue un luchador que desde muy chico quiso cambiar su mundo, quiso algo mejor para su familia y quiso algo mejor para él. No sólo superó todos los obstáculos que se le cruzaron sino que se fortaleció para buscar permanentemente ser quien quería ser: Braian Toledo.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS