“Tantas veces me mataron. Tantas veces me morí.

Marcelo Bielsa logró el ansiado ascenso con el Leeds en Inglaterra.
“Tantas veces me mataron. Tantas veces me morí.
Sin embargo estoy aquí resucitando. Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal. Porque me mató tan mal.
Y seguí cantando. Cantando al sol como la cigarra.
Después de un año bajo la tierra. Igual que sobreviviente.
Que vuelve de la guerra”.
“Como La Cigarra”, de María Elena Walsh
Marcelo Bielsa (64 años) es un educador del fútbol. Un formador rosarino, tal vez único en el ambiente futbolístico, que hace docencia en el máximo nivel profesional y que ubica por encima de todo a la ética y a los valores para intentar alcanzar los objetivos. Que no sabe ni quiere ganar a cualquier precio. Que entiende al fútbol como un juego estratégico, ofensivo y leal, siempre enfocado en atacar el arco de enfrente desde el minuto uno al noventa. Lejos de las trampas, las avivadas, las especulaciones y el miedo a perder. Con estos atributos enamoró en sus inicios a los hinchas de Newell’s, donde comenzó un camino de coherencia que hoy es admirado en todos los rincones del mundo. Claro que se pegó porrazos terribles como aquella eliminación dolorosa de la selección Argentina en el Mundial de Japón y Corea en 2002. Pero jamás arrió la bandera de ir en busca de la victoria con la frente en alto, el corazón en la mano y la pelota bien tratada. Por eso el mundo del fútbol en su enorme mayoría se alegró. Es que se concretó el noble espíritu amateur de Bielsa, de que se puede ganar sin renunciar a los principios. Ayer, dos días antes de jugar su partido como en aquella conquista de 1992 en Newell’s, el Leeds United aseguró el ascenso a la Premier League inglesa y la noticia recorrió cada rincón del planeta, fundamentalmente porque le tocó vencer a un Loco que muchas veces supo lidiar contra poderosos molinos de viento y que ahora tuvo la mejor recompensa: Ganar a partir de las convicciones.
El juego limpio y la lealtad en el mundo Bielsa no es pura cháchara. Al contrario. No hay que ir tan lejos para certificarlo. En el final de la temporada pasada, cuando el Leeds estuvo a un paso de ascender y peleaba arriba, ocurrió un hecho que quedó inscripto para siempre en la historia moderna del fair play. El Leeds anotó un gol mientras un futbolista del Aston Villa pedía atención médica y estaba tendido en el césped. Eso no le gustó nada al DT rosarino que antes de que el rival saque del medio dio la orden expresa de dejarse empatar sin ofrecer ninguna resistencia. Y así fue. Devolvió el gol y luego el partido terminó igualado en uno. El año pasado el equipo quedó en la puerta del ascenso.
Pero este año su equipo renovó la ilusión, se reinventó y ayer logró uno de los dos cupos directos para jugar en la próxima temporada en la prestigiosa Premier League. Incluso hoy puede coronarse campeón, si el tercero (Brentford) no gana o si el Leeds suma un punto mañana ante Derby County.
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Lo cierto es que Bielsa ahora también es adorado en Leeds, como antes lo había sido en la gran mayoría de los equipos que dirigió. Ni hablar de lo que fue su matriz fundacional en Newell’s, donde obtuvo los títulos inolvidables de la temporada 1990/91 (en la mismísima Bombonera) y el Clausura 1992, con un fútbol frontal y aguerrido que enamoró para siempre a los hinchas leprosos. Hasta el estadio del Parque lleva el nombre sagrado de Marcelo Bielsa.
Luego el Loco dejó su sello en Vélez, donde fue campeón del Clausura 1998. Por supuesto que al frente de la selección argentina generó una ilusión enorme porque en la previa del Mundial 2002 el equipo albiceleste era el gran cuco para todos los rivales, con un fútbol ofensivo de altísimo vuelo que después en la cita ecuménica se desplomó y se produjo la traumática decepción con la eliminación en primera ronda. Pero Bielsa se quedó y levantó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Es mismo año fue el último partido del Leeds en la Premier.
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Después a Bielsa le tocó dirigir a Chile y allí también logró el elogio de los trasandinos, por dotar de mentalidad ganadora a la Roja, logrando la clasificación al Mundial de Sudáfrica 2010.
Sus antecedentes más cercanos fueron incursiones europeas. En Athletic Club de Bilbao generó una revolución en sus seguidores, pero no pudo coronar en las finales perdidas en la Europa League 2011/12 (ante Atlético de Madrid) y la Copa del Rey 2011/12 (frente al Barcelona). Y también dejó un grato recuerdo en Olympique de Marsella. Ahora Bielsa disfruta el ascenso con el Leeds, un premio a la perseverancia y a mantener las convicciones en pos de lograr el objetivo.
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Esta vez al DT, muchas veces carneado por el exitismo deportivo mediático, le toco ganar. Y para hacerlo primero supo perder. Una parábola que excede al fútbol y es aplicable a la vida misma. Tal cual la canción “Como La Cigarra”, de María Elena Walsh.


