Rusia 2018

Argentina debe mirarse en el espejo de Bélgica

La selección eliminó a los diablos rojos en 4º en 2014. Desde ahí los europeos apostaron por un proyecto y con casi el mismo equipo ahora van por la gloria

Lunes 09 de Julio de 2018

Antes de abordar el avión de regreso a Moscú, tras presenciar el partido por los cuartos de final entre Francia y Uruguay en Nizhny Nóvgorod, la espera en el aeropuerto Strigino coincidió con el segundo tiempo que estaban disputando Brasil y Bélgica en Kazán. A pura amabilidad y servicialidad, uno de los chicos voluntarios que dispuso la Fifa para ayudar a los periodistas que están realizando la cobertura del Mundial regala algunas advertencias relacionadas con la puerta en la que se debe embarcar. Pero, al leer en la credencial que está dándole una mano a un enviado especial de un medio argentino, en este caso el del diario La Capital de Rosario, sorprende con una aseveración que habla a las claras de su interés y conocimiento por el fútbol argentino. "What a pity the elimination of Argentina", dice con un perfecto inglés. A primera vista, sonaba raro que a alguien que no parecía tener ninguna ligazón sentimental con nuestro país dijera "qué lástima la eliminación de Argentina", tal cual se traduce al español. Aunque enseguida, con un castellano que se hacía entender, explica por qué tanto lamento por el adiós de la selección argentina de Rusia.
Mientras tanto por el televisor llegaban las imágenes de cómo Bélgica ponía patas para arriba el Mundial y sacaba de carrera al candidato que ya tenía ganada la copa antes de jugarla: "Pensar que Argentina eliminó hace cuatro años en el Mundial de Brasil a este equipo de Bélgica que hoy sorprende al mundo", reflexionó con la certeza de un entendido en estadísticas mundialistas.
Vaya si tiene razón Vladimir. Aclaración: en Rusia es común llamarse así, como el revolucionado Lenin o el actual presidente Putin. Pensar que esta Bélgica que hoy maravilla al mundo con su juego desinhibido y antiestrés es la misma que perdió merecidamente con aquel gol de Pipita Higuián en el Mundial pasado en los cuartos de final. ¿Qué ocurrió en este tiempo para que Bélgica hoy esté a punto de disputar la semifinal contra Francia y con chances de jugar la final del mundo y Argentina ya hace más de una semana que se pegó la vuelta a casa?
La respuesta de tan obvia ya verdaderamente cansa. Y eso que se sabe que las estadísticas o un recuerdo de un partido nunca encierran la verdad para establecer un análisis. Si bien Bélgica nunca fue una selección a la que Argentina le ganara con un simple soplido, siempre fue un fútbol de tercer o cuarto orden en Europa. Eso sí, que habitualmente se caracterizó por hacer ruido cuando se colgó del mapa futbolístico con alguna generación de futbolísticas que dio qué hablar. Un fútbol de mucha elegancia y movimientos acompasados, pero al que solía faltarle fuerza anímica para sortear los momentos decisivos. Algo de eso le ocurrió a esa formación que llegó a las semifinales del Mundial 86 y que perdió contra un Maradona que en esa copa fue un barrilete cósmico, con permiso de Víctor Hugo Morales. Diego anotó los dos goles que se ganaron la posteridad y Argentina, dirigida por Carlos Salvador Bilardo, despidió a un equipo marcado por apellidos de la talla de Pfaff (un arquero fantástico), Gerets, Vercauteren, Ceulemans, Claesen y Enzo Scifo, un hijo de inmigrantes italianos que fue el precursor de la Bélgica multirracial que es en la actualidad.
También algo parecido le ocurrió a Bélgica cuando perdió ante Argentina en el Mundial pasado, aunque esa eliminación en cuartos no demolió el proceso que en ese momento encabezaba Marc Wilmots ni desanimó a un equipo llamado a extender un ciclo que está a dos partidos de coronarse con una Copa del Mundo.
Por eso de aquella formación que cayó en Brasilia, se repitieron casi todos los nombres que dieron el golpe en Rusia al eliminar a Brasil. Prácticamente una alineación entera: Courtois, Alderweireld, Kompany, Vertonghen, Fellaini, Witsel, De Bruyne, Hazard, Chadli y Lukaku. Mientras que la selección argentina no sólo en estos años se acostumbró a los parpadeos de nombres, sino también a los casting de entrenadores. Sabella, Martino, Bauza, Sampaoli y con serias chances de que venga algún otro.
Cuando hay congruencia dirigencial y proyectos con contenidos en serio y no decorativos no hay fracaso que ponga púas en el camino. El gran ejemplo de esto es Bélgica. Hace 8 años, cuando organizó la Eurocopa 2000 junto a Holanda, era un equipo de grandes entusiastas, pero sin el más mínimo rumbo colectivo. Ya entonces había apostado por una fuerte planificación y convicción para sostener en el tiempo un rumbo y una idea. Eligió a profesionales adecuados y contó con el respaldo de una federación que se ocupó desde la base de la pirámide, las categorías formativas, hasta el producto estrella, que es la selección. Esto es Bélgica desde hace algunos años y hoy lo ratifica puntualmente. Primero con Wilmots y ahora con el técnico español Roberto Martínez, el más joven del Mundial (cumplirá 45 años) y al que ya le renovaron el vínculo por dos años más antes de que el equipo se instalara en las semifinales.
Argentina no puede presumir de nada de eso. Sólo de creer tener a un Lionel Messi de un mundo superior. Rusia 2018 mostró que no es así y a otros jugadores que hasta el momento nunca se aprovecharon debidamente ni en forma colectiva. Por eso la selección argentina está condenada a no recoger por largo tiempo los frutos de la coherencia y la evolución. Y eso que hay pocos países divididos y sometidos a la diversidad idiomática y cultural como Bélgica. Es una nación en la que se hablan tres idiomas predominantes y que todavía mantiene una gran crisis de identidad debido a que la selección tiene un alto porcentaje de inmigrantes de primera o segunda generación africana, como es el caso de Lukaku. Encima está dirigida por un técnico español formado en la aristocracia del Reino Unido. Pero Bélgica, a un océano de diferencias con Argentina, supo achicar esas grietas y hoy disfruta de una selección que conmovió al mundo y que demostró estar preparada para seguir sacudiéndolo con la obtención del título mundial en Rusia.

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