Javier Sanguinetti modificó el dibujo táctico de Newell’s para recibir a Colón, pensando en encontrar un funcionamiento sólido que interrumpa la sucesión de derrotas en la Liga Profesional. Retornó a los tres zagueros en el fondo y paró a cinco mediocampistas, de los cuales dos fueron laterales-volante. Este sistema era el que mejor se adaptó a las limitaciones del equipo y que el DT modificó tras la derrota contra Central. Después de la igualdad sin goles contra el sabalero, que al menos sirvió para no continuar en caída libre, quedó de manifiesto que si los intérpretes no ejecutan bien la partitura, la sinfónica sonará desafinada. Dicho en otras palabras, no le alcanzará para reencontrarse con un triunfo que se le niega desde hace 7 fechas.
La unidad que sumó el domingo le sirvió para no retirarse nuevamente con la cabeza gacha. No es poca cosa para fortalecer el ánimo de un plantel golpeado por la repetición de traspiés, sin contar el triunfo ante los suplentes de Aldosivi por la Copa Argentina. Es cierto también que no sirvió para torcer el rumbo y que partido a partido queda más lejos la buena racha del comienzo del torneo, con cuatro triunfos y un empate.
Sanguinetti atribuyó la imposibilidad de ganar a que antes convertían las situaciones que se le presentaban. Es una verdad a medias. Certera si se considera la chance que desaprovechó Sordo en soledad frente a Chicco. O la que pifió Juan Garro. Pero es una mirada sesgada. La realidad es que Newell’s hizo muy poco para volver al triunfo, con acciones de riesgo aisladas. No elaboró juego, no desbordó y no aprovechó la pelota detenida para que la chance de convertir sea factible.
El esquema no es responsable de que los laterales-volante Armando Méndez y Leonel Vangioni hayan aportado tan poco en ataque. El uruguayo subió más que el capitán, pero ninguno lanzó un centro que implique peligro. Si los responsables de hacer ancho al equipo no funcionan, la lepra pierde llegada por los extremos.
Tampoco es culpable el sistema si nadie asume el rol de creativo. Guillermo Balzi no terminó de encajar en la función, por más iniciativa que tuvo para el traslado de la pelota. Pero sería injusto caer sobre el juvenil, con unos pocos partidos en primera. Si es que le tocó tamaña responsabilidad se debió a que el incorporado Cristian Ferreira se lesionó y no juega, y a que Pablo Pérez también lo mira desde afuera, por un esguince de rodilla.
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La táctica no es causante de que ningún futbolista fuese el nueve que tanto necesita un conjunto que apenas señaló un gol en los últimos cuatro partidos. Y solo dos tantos en seis encuentros, si se retrocede hasta el enfrentamiento contra Platense, en el que arquero Marcos Ledesma se lo metió en contra.
Juan Garro no es centrodelantero, aunque allí lo ubicó Sanguinetti contra Colón. Encima se lesionó a la media hora y le dejó su lugar a Genaro Rossi, peleado con la pelota y sin poderla sostener ni prevalecer en el mano a mano.
Al igual que en el caso de Balzi, apuntarle a un joven como Rossi es un despropósito, lo mismo que si el que hubiera entrado hubiese sido Nazareno Funez. A todo esto, el titular del puesto, Juan Manuel García, que venía de flojos desempeños, se recupera de una distensión muscular.
Considerando la falta de respuestas de los nombrados, sigue llamando la atención las pocas oportunidades que se le dieron a Djorkaeff Reasco, aunque Sanguinetti considere que no es nueve.
Tampoco tiene sentido apuntarle al nuevo dibujo si los extremos no son punzantes. Ramiro Sordo intentó bastante contra Colón, pero le salió poco y falló una clara frente al arco. Francisco González, cuando entró, no desniveló. En el banco se quedó Luciano Cingolani, que tampoco fue solución las veces que le tocó ingresar desde el banco en el torneo.
La falta de categoría, la juventud y las lesiones son factores que condicionan a Newell’s para el despegue en serio, no así el sistema 3-5-2, que fue el que le sirvió durante parte del torneo para ocultar las debilidades y al que Sanguinetti decidió retornar para que la lepra vuelva ser el que fue. ¿Le alcanzará con el plantel con el que cuenta en este momento?
No tan sólido, sufrió a Ábila
Cristian Lema, Gustavo Velázquez y Willer Ditta. Otra vez, como sucedió hasta el partido del clásico, fueron los responsables de la última línea. Sanguinetti armó una estructura más compacta hacia atrás, que fue la que le dio mayor solidez al equipo en el torneo. La débil ofensiva de Colón no permitió dejar en claro si la modificación fue positiva. Sí en cambio quedó de manifiesto que hasta el mejor sistema puede fallar si no responden las individualidades. Fue lo que sucedió en la marcación de Ramón Ábila. El delantero sabalero fue un problema y si no convirtió fue por errores en la definición.
La mayoría de las veces fue Lema sobre Ábila, con muy poco éxito. No fue capaz de frenarlo y en ocasiones lo largó. Como en la pelota que le llegó al nueve en el segundo tiempo y que el debutante Lautaro Morales consiguió arrebatársela de los pies con ambas manos. En alguna otra situación, el nueve se tiró al sector de Velázquez, sin que el paraguayo lo detuviera.
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Ábila no llega a conectar, aunque estaba en offside. El nueve preocupó.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Un solo jugador fue el que complicó el trabajo defensivo de la lepra, por desatenciones o malas respuestas en el mano a mano. Hasta Vangioni fracasó en esa que Abila lo dejó desparramado y luego la tiró muy alta.
La línea de tres, que se convierte en una de cinco al momento de defender con el retroceso de los laterales-volante (Méndez y Vangioni), aparte de la colaboración de los dos volantes centrales (Fernández y Sforza), es el andamiaje sobre el que se intenta reconstruir al equipo, que necesitará rendir al máximo el sábado frente a un rival con la voracidad ofensiva de River. Pero de nada servirá si los futbolistas no están a la altura. Como le pasó y sufrió ante Ábila.