La Copa Libertadores es de esas fiestas a la que todos quieren asistir, en el momento que sea, y Central la está viviendo, quizá sin los resultados imaginados en la previa, pero la está viviendo. Y el momento le exige calzarse la mejor ropa que tiene para intentar dar un paso clave, en el que está obligado a no fallar. Porque después de lo que ocurrió el martes en Montevideo, con el triunfo de Peñarol sobre Atlético Mineiro, el partido de esta tarde-noche frente a Caracas es “el” momento en el que el equipo de Miguel Angel Russo debe golpear la mesa, alzar la voz y decir “acá estoy”. Otra alternativa no le queda. Un triunfo le servirá para seguir soñando por la heroica, ya un empate lo condenaría directamente a los playoffs de Copa Sudamericana. Es ganar o ganar para viajar a Uruguay (allí también estará obligado a sumar de a tres) aún con chances de clasificación a octavos de final.
Central goza hoy de la posibilidad de saber que depende de sí mismo para la clasificación a octavos de final, pero posiblemente en ese argumento, valedero por donde se lo mire, quizá sea también su mayor contra.
Llegar a la penúltima fecha de la fase de grupo en el tercer escalón está seguramente por debajo de las expectativas generadas en la previa, aunque claro, como dijo Russo después de la derrota contra Atlético Mineiro, “quedan dos partidos y hay mucho camino por recorrer”. Serán dos partidos a todo o nada, sin margen de error. Es que un empate o una derrota de Peñarol hubiese puesto al canalla frente a posibilidad de ir a Montevideo con algunas otras ecuaciones posibles, pero sucedió todo lo contrario, lo peor para Central.
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Agustín Módica viene de anotar contra Argentinos Juniors y Russo lo ratifica. Central necesita de sus goles.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Pero primero lo primero. Y eso primero tiene nombre: Caracas. Sería un error pensar en lo que pueda hacer en Montevideo contra Peñarol sin antes cumplir con la parte que le toca contra el endeble equipo venezolano. Por eso, un escalón a la vez.
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Es muy probable que en el inconsciente colectivo deambule la idea de que si no puede sortear a Caracas de local las ambiciones quedarían reducidas a su mínima expresión y algún grado de lógica puede tener ese pensamiento.
Frente a la necesidad de sumar de a tres nada mejor que hacerlo contra el equipo más débil del grupo. Muchísimo peor hubiese sido estar en la misma situación, pero teniendo la obligación de ganar frente a otro rival.
El peor y mejor rival de la Copa Libertadores
La manera de razonar el tema es demasiado simple: Caracas hasta aquí no ganó y el único punto que tiene fue producto del empate que logró justo frente a Central en Venezuela. El resto fueron todas derrotas, dos como local y una en condición de visitante. Es imposible no pensar entonces que Central tiene las de ganar, pero debe llevar la teoría a la práctica.
Y es en esa práctica donde alguien puede pensar que el gran peso que sufre el canalla es tener la sartén por el mango. Central debe luchar contra los dos rivales que le quedan, pero también se verá en la obligación de lidiar consigo mismo.
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Jaminton Campaz irá por izquierda, como siempre. En los pies del colombiano puede estar la llave para Central.
Marcelo Bustamante / La Capital
En este tránsito prácticamente sin pausas, Central debió hamacarse entre la Copa Libertadores y el torneo local y el electrocardiograma de los resultados lo zambulle a un mar donde las dudas se transformaron en olas gigantes. ¿Por qué? Porque de los últimos diez encuentros el canalla ganó uno solo: en el debut copero contra Peñarol. El resto fueron meros intentos, muchos de ellos fallidos. Es cierto, hubo derrotas en las que las actuaciones fueron más que dignas (River en el Monumental, Atlético Mineiro en Brasil y Argentinos Juniors en La Paternal, por citar algunas), pero en ninguna le alcanzó ni siquiera para sumar.
Y así el equipo se fue metiendo en un terreno fangoso, del que al menos hasta aquí le costó horrores salir. Pero siempre hay un momento propicio para el despegue y es el que se le presenta en este choque contra Caracas.
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Agustín Módica viene de anotar contra Argentinos Juniors y Russo lo ratifica. Central necesita de sus goles.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
En realidad, no le queda otra más que tomar este partido como una bisagra. Porque si hay todavía ambiciones de protagonismo y clasificación en esta Copa Libertadores no le queda otra que hacerse cargo de la parte que le toca. Lo que venga después, en Montevideo, será otro cantar y el equipo tendrá demasiado tiempo por delante para trabajarlo física, futbolística y mentalmente, pero de nada le servirá pensar a largo plazo sin resolver los problemas más inmediatos.