OPINIÓN

La tecnología en medicina y en la vida

La experiencia de más de medio siglo en el consultorio

Martes 27 de Abril de 2021

“No puede el médico curar bien, sin tener presente al enfermo” (Séneca, 4 a.C-65 d.C)

Nuestra prolongada trayectoria en el ejercicio de la medicina de consultorio nos permitió desempeñarnos viviendo las transformaciones de más de medio siglo. Desde la entrevista común, muy pendientes de la narración del paciente, a la actual en la que el contexto nos obliga a cargar en la computadora los datos y solicitar estudios técnicos, que los propios enfermos nos “exigen” efectuar por influencia de la divulgación o del propio ambiente que los presiona. Como elemental ejemplo, pareciera que se desarrolló el concepto de que los datos que un celular registra con el número de pasos, sobre todo los 10 mil sugeridos por la aplicación, permite formar un diario intimo de salud,y reemplazar de esa manera la maravillosa sensación de placer que brinda la finalización de una actividad física, cualquiera fuere la realizada. Cuando recibimos vía internet consultas saturadas de la presencia de Google, incluyendo definiciones equivocadas con ilustraciones erróneas, de pacientes con limitada formación educativa o universitarios, y cuyo destino es solicitar la indicación de un antibiótico por el diagnóstico “Googleado”, pensamos que se pretende reemplazar la entrevista médica por una informática observación.

Con esta introducción no nos proponemos desvalorizar el enorme progreso que la tecnología nos brindó en nuestra profesión. La cantidad de hallazgos que se obtienen con una sencilla y simple ecografía nos ha favorecido ya desde hace más de 40 años. Ignorar la increíble precisión de una Tomografía o una Resonancia en los órganos y sus funciones nos ubicaría en la necedad de los ignorantes. Pero la interminable acumulación de datos no puede reemplazar la entrevista cara a cara con el paciente o al uso del razonamiento clínico. Nosotros utilizamos todavía la historia clínica manuscrita, con referencias que pueden sonar inconsistentes, pero que registran aspectos personales de la vida del paciente, que valoran su temperamento y comportamiento. Por la pandemia, nuestros pacientes disponen de nuestro celular. Eso, en ocasiones, ha favorecido la consulta telefónica, con una ilustración, solicitando diagnósticos a distancia.Que no debiera ocurrir. Aplaudimos las soluciones técnicas a los dilemas que tenemos cotidianamente, pero preferimos desentrañar el origen de los problemas. Con o sin tecnología estar con el paciente, escucharlo sin interrumpirlo, evitando “manejar” la entrevista, es la esencia de la medicina clínica. Revisarlo prolijamente, aunque no reemplace un estudio técnico, favorece el vínculo con el paciente. En ocasiones, la presencia de una “reacción peritoneal”, que consiste en comprimir el abdomen y al soltar provocar más dolor que al presionar, puede decidir una cirugía, o la necesidad de un estudio de alta complejidad. Es nuestra costumbre, conocer el sobrenombre del paciente, o sea el trato familiar, que jamás forma parte de una historia clínica computarizada.

Llamarlo para ingresar al consultorio de esa manera, implica una iniciación amistosa de la entrevista. Como agregado, la manualidad en el examen clínico, auxilia significativamente, porque la coincidencia de la palpación con el hallazgo técnico implica seguridad en el diagnóstico. En cambio lo contrario obliga a reexaminar la observación técnica. En Cardiología la tecnología ha experimentado progresos inesperados, tanto en lo referido a la evaluación como en los tratamientos. Los procedimientos que se obtienen con una inocente, por lo poco agresiva, ecografía, nos aclara el panorama evaluativo y el pronóstico del estado cardiovascular. Los procedimientos hemodinámicos, o sea el uso de un catéter para corregir una estrechez de una válvula, o para instalar artefactos que repongan la circulación sanguínea, fundaron una era terapéutica. Pero escuchar del paciente que se fatiga o tiene dolor en el pecho al hacer un esfuerzo es irremplazable. Un angustiante vértigo es a veces sobrestudiado. Los médicos clínicos tenemos los medios para poder explicar su origen. Ya sea con un interrogatorio exhaustivo, o con maniobras clínicas, no muy complejas. Nos solemos quejar de las limitaciones del tiempo de la entrevista, lo que es absolutamente real. Pero cuando se hicieron estudios sobre entrevistas sin limitación de tiempo, tampoco realizaban las preguntas o el examen que correspondía. Coincidimos que la retribución del tiempo dedicado no es la que corresponde. Pero ese tema configura una problemática compleja que aquí no nos compete considerar. Pareciera que nos inclinamos a dejar que los procedimientos técnicos suplanten nuestra exploración física, lo que se perfila como un error conceptual, con el agravante que imperceptiblemente, iremos perdiendo las habilidades para poder examinar e investigar los signos clínicos del paciente, desde la simple palpación del hígado a la obtención de los reflejos neurológicos. Cabe destacar, que el tiempo que se dedicaba en nuestra época al aprendizaje de la manualidad en la revisación, no se ejecuta actualmente. En parte por el crecimiento exponencial de los estudiantes, o también por la limitación del número de docentes.

Cuando incluímos en la computadora datos aislados del enfermo ingresamos en una postura que la investigadora holandesa Johanna van Dijck denominó Dataismo, o sea la acumulación de datos que nunca estructuran un razonamiento clínico. Y si trasladadamos el dataismo a la vida que transitamos en la pandemia, conforma una inundación de cifras y referencias, que se acumulan en nuestra intelecto, pero que sólo consiguen abochornarnos y confundirnos sin permitir formar una idea definida de la realidad.

La vacuna, es la centralidad de nuestra atención, pero los expertos que hablan de porcentaje de efectividad, no nos informan, 1) Que los anticuerpos que forman las vacunas no son los mismos que los que generan la enfermedad. 2) Que no hay ningún estudio doble ciego que confirmen la eficacia de alguna vacuna. 3) Que la efectividad de una vacuna debe evaluarse por su capacidad de evitar la enfermedad o reducir su gravedad, no por la producción de anticuerpos. 4) Y que cada vacuna tiene un mecanismo de acción diferente. Termino con una frase del maravilloso curso del Dr. Daniel Flichentrei en Intramed: “Para cada problema complejo existe una respuesta que es al mismo tiempo, única, pura y equivocada” (Henning Mankel, (1948-2015)

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