Opinión

La sombra de su sonrisa

Domingo 24 de Febrero de 2019

"Lo nuestro es puramente negocio. No coleccionamos políticos, sólo los amontonamos para desempolvarlos de vez en cuando. Claro que a veces hacemos excepciones. Por las dudas. Dejamos que algunos permanezcan en el olvido ocupando silenciosamente cargos que tal vez un día puedan resultar estratégicos a la hora de levantar la mano como muñecos. Eso es todo, amigo." El tipo que escucha inmutable, de mediana edad y con fracasos inocultables que conducen a la descomposición de su régimen, está terminando de afeitarse. El de la valiosa lección parece un "master of the universe". Lo delata su discurso insensible, casi aséptico. El tipo con la navaja en la mano no pronuncia palabra pero asimila. O trata. Se saca los restos de crema de afeitar y sonríe. Autosuficiente rayano en una egolatría sin motivo, le satisface la imagen que le devuelve el espejo. El poderoso influyente se marcha silenciosamente sin despedirse como si nunca hubiera existido. El sigue ensayando la sonrisa. Le es útil. Está medio gastada por el uso pero estudiada y diseccionada hasta la saciedad. La sonrisa le da espacio para escabullirse breves segundos y recuperar el aplomo ante la gente. Igual que la tartamudez nerviosa, que le ayuda a demorar unos segundos eternos y buscar con desesperación las palabras que no encuentra. Aunque sean mentiras. Es casi un alivio, un respiro hasta la próxima incongruencia. Para los fabricantes de monstruos de temporada él es un candidato inestable que confía en la poca memoria de la gente. Cree que lo importante es no perder de vista la recompensa. Quienes trabajan su perfil saben que carece de análisis y que existe un abismo entre la conexión de su cerebro y la lengua. Por momentos el hombre parece que tuviera los plomos fundidos y necesita evadirse. Entre otras maldades dicen que es el primer trabajador adicto al descanso y ggran domador de reposeras salvajes. A veces se siente devastado por los privilegios, como vacío. Un llamado telefónico rompe su ensimismamiento. Es el presidente de un banco extranjero para contarle un chiste sobre las próximas elecciones: "La buena noticia es que algunos perderán. La mala es que uno ganará." Resuena una risotada acompañada con tos de tabaco fuerte del otro lado y responde: "No me causa gracia". La risotada se repite y prefiere colgar. Mira a uno y otro lado. Está increíblemente solo y tardíamente responde: "Cerdo. Qué fácil es juzgar sin vivir esta maldita incertidumbre."

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