Opinión

La manipulación del descanso dominical

Debate. La Corte Suprema de la provincia admitió los recursos de queja presentados, pero ello no representa una opinión sobre la cuestión de fondo. Es más fácil crear normas para prohibir que hacer las cosas bien

Miércoles 07 de Junio de 2017

Desde el primer día la discusión por el mal llamado descanso dominical se ha visto sesgada. Sesgos económicos. Sesgos políticos. Sesgos ideológicos. Incluso sesgos morales y religiosos, por si faltaba algo más. Obstáculos que han impedido ver realmente de qué se trata la discusión en cuestión, que han ocultado la verdad detrás del relato del descanso dominical. Se ha tratado más bien de una batalla en el campo de las palabras, envuelta en inútiles logomaquias y circunloquios. En buen romance, nos han querido vender gato por liebre.

Esta palestra se reedita una vez más, en ocasión de la resolución por parte de la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Santa Fe que ha admitido los recursos por vía de queja del gobierno de la provincia de Santa Fe, de la Municipalidad de Rosario y de la Asociación Empleados de Comercio contra los supermercados Coto y Carrefour. Todo ello en virtud del fallo en segunda instancia que había declarado inconstitucional la Ley Provincial Nº 13.441, y su correspondiente ordenanza municipal que adhería al régimen propuesto por esta misma.

En consecuencia, y por el carácter con el que se ha habilitado el camino recursivo —el conocido "efecto suspensivo" —, ahora estos supermercados se verán obligados a volver a tener que cerrar sus puertas los días domingo.

De buenas a primeras, cabe destacar que esta decisión por parte de la Corte Suprema no nos dice nada acerca del problema de fondo. Nos encontramos simplemente ante una vicisitud procesal más, propia de cualquier expediente judicial que sigue ascendiendo por las distintas instancias jurisdiccionales. Es cierto que los códigos procesales admiten la posibilidad de que los recursos se otorguen con efectos suspensivos y no suspensivos —es decir, a grandes rasgos, que se pause o no la sentencia de la instancia anterior—, mas no se está emitiendo con ello ningún tipo de opinión respecto de qué decidirá el juzgador con posterioridad. Sería tan ridículo como pensar que necesariamente en el segundo tiempo el árbitro va a cobrar penal a favor de uno de los dos equipos solamente porque pitó el final del primer tiempo.

Obviamente que uno está atento porque hemos presenciado irregularidades y anomalías durante todo este proceso, siendo la más reciente una de ellas cuando, sobre un caso idéntico que está un poco más avanzado procesalmente como es el de Reconquista, el procurador de la Corte, Jorge Barraguirre, adelantó la postura de su dictamen no vinculante. Sí, dijo que, a sus ojos, el descanso dominical era constitucional. De cualquier forma, según el contexto, equivocarse no es delito.

La ley provincial Nº 13.441 en ningún momento utiliza los términos "descanso dominical". Repito: esas palabras no aparecen ni una sola vez en el texto de la norma. ¿No resulta extraño? Quizá no tanto, si tenemos en cuenta que al nombrarlo estarían reconociendo su patente inconstitucionalidad. La gracia de la manipulación mediática del concepto demuestra a todas luces que han hecho lo correcto si lo que buscaban era confundir. Por un lado, en lo jurídico, han tratado de maquillar su inconstitucionalidad. Por el otro, en lo masivo, han intentado llevar el debate a un campo que en nada se corresponde con la realidad.

Porque no se trata de si la gente tiene derecho o no a descansar los domingos, o a pasarlo con sus familias. Porque si fuera ese el eje, entonces las normas actuales ya existen: se llama Ley de Contrato de Trabajo, y sus pertinentes Convenciones Colectivas de Trabajo. Que trabajen los domingos sólo los que quieren, que se les pague el monto extra que se les deba pagar, y que el Ministerio de Trabajo controle que así sea. Muchas veces da la impresión de que es más fácil crear normas para prohibir cosas que hacer bien las cosas desde un principio.

Es que en el fondo, bien en el fondo, todo siempre se trató de dinero y de recursos, no de descanso. Porque lo que dejaron de percibir unos, lo empezaron a percibir otros. Porque unos pocos se beneficiaron a costa de unos muchos. Porque los perdedores siempre terminan siendo los trabajadores y los consumidores. Y porque, además, una de las más grandes enfermedades de la Argentina son los monopolios y los oligopolios. ¿Y su única cura? La competencia, pura y dura.

Garret Edwards

Director de Investigaciones Jurídicas de Fundación Libertad

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