Opinión

¿Terroristas o fuerzas beligerantes?

Es absurdo que las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) exijan ser excluidas de las listas de terroristas. El discurso de Hugo Chávez en que exigió un cambio de estatus de las Farc y del ELN (Ejército de Liberación Nacional) generó una honda polémica nacional e internacional. ¿Son las Farc y el ELN organizaciones terroristas o fuerzas beligerantes legítimas?

Martes 15 de Enero de 2008

Es absurdo que las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) exijan ser excluidas de las listas de terroristas. El discurso de Hugo Chávez en que exigió un cambio de estatus de las Farc y del ELN (Ejército de Liberación Nacional) generó una honda polémica nacional e internacional. ¿Son las Farc y el ELN organizaciones terroristas o fuerzas beligerantes legítimas?
Uno de los conceptos más controvertidos en las ciencias sociales es el de terrorismo. Existen decenas de definiciones. Algunas parten de las motivaciones de los actores, otras de sus formas de organización y otras de sus modalidades de acción.
Las dos primeras formas de abordar el tema han sido desechadas. Las motivaciones de los actores son inadecuadas como criterio. En Estados Unidos, por ejemplo, existen organizaciones que luchan contra el aborto o contra los daños ambientales mediante movilizaciones sociales pacíficas. Pero existen también grupos que ponen bombas en clínicas donde se practica el aborto o en compañías madereras. Si fueran las motivaciones el camino para clasificar a un grupo como terrorista o no, tanto los movimientos pacifistas como los violentos serían metidos en un mismo costal, lo cual es una aberración.
Otras definiciones parten del carácter clandestino de las acciones terroristas. Sin duda, el terrorismo está ligado, al menos en el imaginario colectivo, a grupos de conspiradores, que actúan en pequeñas células clandestinas, tales como los Tigres Tamiles en Sri Lanka o ETA en España. Pero existen modalidades de terrorismo de Estado que quedarían por fuera de la definición si nos limitamos al aspecto organizativo; por ejemplo, los grupos paramilitares en Guatemala: las disueltas Patrullas Armadas Civiles (PAC).
De ahí que sólo dos características son retenidas para una definición estricta. Por una parte, el terrorismo tiene como blanco central a los no combatientes, a la población civil. Por otra parte, los terroristas utilizan la violencia con objeto de generar pánico en la población. En alguna medida se puede decir que el terrorismo es un arma psicológica, cuyo fin último es chantajear a un gobierno enfrentándolo a una opinión pública dispuesta a ceder por miedo. La utilización del terror por parte de los extraditables en los 90 para impedir la extradición de nacionales es un ejemplo típico. La ciudadanía, asustada con los ataques terroristas, cedió a favor de los objetivos de este grupo.
Más allá de si las Farc y el ELN ameritan el calificativo de terroristas, lo cierto es que lo que dificulta los procesos de paz no es el calificativo en sí mismo, sino la utilización de formas de violencia condenadas por el Derecho Internacional Humanitario (DIH): la toma de rehenes, el secuestro, las minas antipersona, las pipas de gas, los asesinatos fuera de combate, el reclutamiento de menores, los abusos sexuales de niñas y adolescentes reclutadas a la fuerza, el aborto forzado y un largo etcétera.
El Ejército Republicano Irlandés estaba, igualmente, en las listas de grupos terroristas del Departamento de Estado y la Unión Europea. Sin embargo, su compromiso público de abandonar prácticas condenadas por el DIH (tales como la colocación de bombas en lugares públicos) le abrió el camino para los Acuerdos de Viernes Santo. El retiro de las listas internacionales no fue una concesión gratuita: implicó una decisión del IRA de no volver a cometer crímenes de lesa humanidad.
Desde esta perspectiva, es absurdo que las Farc exijan ser excluidas de las listas de grupos terroristas del Departamento de Estado, de la Unión Europea o de Canadá. Solamente el día en que señalen de manera pública su abandono de estas prácticas condenadas por la humanidad su solicitud adquirirá credibilidad. El pueblo colombiano y el mundo se lo exigen. Algunos afirman que el reconocimiento político de las Farc y el ELN abriría el camino para la paz. Falso. Lo que abriría el camino para la paz es el abandono de sus crímenes de lesa humanidad y la liberación inmediata de los 750 secuestrados.

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