La capacidad de supervivencia y recuperación de Pedro Sánchez y su PSOE quedó demostrada en las elecciones generales del domingo 23 de julio. El hombre es un gran jugador en el sistema parlamentario, mucho más propicio para el tipo de habilidades de ajedrecista o jugador de póker que el sistema presidencial, más lineal. Jugó fuerte al adelantar las elecciones en 5 meses y ganó. O sea, "perdió bien" y no repitió la catástrofe del 28 de mayo en las municipales y regionales. Este 23 de julio, un PSOE tonificado reunió 31,7% de votos, unos 7,7 millones de votos, y 122 diputados.
La explicación parece estar en la concurrencia, de 70%, muy alta para los estándares de España: votantes socialistas que el 28 de mayo desertaron volvieron por miedo a un batacazo de Vox y el PP. Y parte del voto de "centro-centro" no fue al PP por su alianza tácita pero obvia para todos con Vox.
Vinculado a esto debe recordarse la total extinción del partido liberal Ciudadanos, que fue una estrella fugaz de la política española. Fue uno de los varios productos del estallido del bipartidismo PP-PSOE, y a la vez de la reacción de la sociedad civil catalana al brote nacionalista. Ciudadanos fue tal vez el partido nuevo más prometedor para los que defienden el modelo de democracia liberal. Pero se hundió con su creador, Albert Rivera.
Conviene detenerse un poco en el caso: este partido, nacido en Barcelona como opción liberal y constitucionalista al nacionalismo catalán, tuvo un breve auge entre 2015 y 2019, cuando se rompe el sistema bipartidista y surgen Podemos y Ciudadanos. Fue la negativa de Rivera a dar acuerdo a la investidura de Pedro Sánchez en abril de 2019 la que le resultó letal a Ciudadanos: sus votantes lo abandonaron en masa al no comprender o repudiar la negativa a formar un gobierno de centroizquierda con el PSOE, y en pocos meses, en noviembre del mismo año, perdió dos tercios de sus diputados. La base electoral de Ciudadanos no aceptó la estrategia de Rivera, que optó por dejar de ser un partido de centro puro capaz de aliarse con el PSOE para buscar la competencia en la derecha moderada con el PP. Para colmo, PSOE y Ciudadanos habían firmado en 2016 una suerte de programa conjunto de gobierno, lo que hacía aún más difícil de digerir la decisión de Rivera. Las complejidades procedimentales del sistema parlamentario, exacerbadas por la crisis política crónica, dieron ocasiones a Rivera para alejarse de Sánchez, pero de todas formas su error fue monumental.
Ante la derrota total de noviembre de 2019, Rivera renunció y su sucesora Arrimadas no pudo evitar la caída final, que terminó de cumplirse en las pasadas elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo: Ciudadanos sacó 1,3% de votos a nivel nacional y dejó de estar presente en ciudades y regiones. Entonces decidió desertar de las elecciones nacionales del domingo 23 de julio, para evitar el último y definitivo mazazo. Ciudadanos ha dejado de existir electoralmente. En pocos años pasó de ser tercera fuerza nacional con perspectivas de ser la primera a no existir. Un caso de estudio. (Y un diagnóstico somero dice que, más allá de los errores de Rivera, parece que la sociedad española se espantó de haber creado un partido liberal-progresista con opción real de llegar al poder y se apresuró a matarlo. Porque de otro modo hubiera echado a Rivera y continuado con Ciudadanos. Se diría que se siente más cómoda entre neocomunistas y neofranquistas y aquellos que claramente no lo son (PP, PSOE) pero de liberales nada tienen y no presentan objeción alguna en cocobernar con los primeros).
Aquella negativa de Rivera llevó a Sánchez a buscar una alianza permanente con Podemos, forjó al actual gobierno. La "podemización" del gobierno de Sánchez se debe al menos en parte a la miopía de Rivera. Su error conllevó así dos daños en una sola decisión, un récord negativo. Con la implosión de la opción liberal, ganó la deriva radicalizada y consignista, fenómeno que ha permeado muchas sociedades en estos años de disconformidad con la democracia "tradicional".
Podemos también tuvo su crisis aguda, es cierto, pero fue sustituido con relativo éxito por Sumar, tanto entre el electorado como en el Ejecutivo. No queda claro si Sumar y su líder Yolanda Díaz son una expresión de una izquierda socialdemocrática, o sea, demo-liberal, o si tienen su lado oscuro. Tiene algunas propuestas estrafalarias y demagógicas, como la herencia universal, que entregaría unos 23 mil euros a todos los jóvenes entre 18 y 23 años. ¿Cómo se pagaría esa marea de dinero? Con "un impuesto a las grandes fortunas", claro. Grandes fortunas que huirían a la carrera de España si ven acercarse semejante peligro. Un planteo infantil, máxime en un país con problemas importantes en materia de inversiones, imagen y factores anexos que hacen a la "elegilidad" de un país para inversores institucionales, empresas e individuos.
Economistas liberales comparan a la España de 2019 con la de 2022 y observan números negativos: el crecimiento medio ha sido del 0,4%, el nivel más bajo de toda la Unión Europea. La renta por habitante ha descendido un 1,2%, frente al avance medio del 4,3% que registran los demás socios comunitarios. En poder adquisitivo, hubo una fuerte caída de 6,9%,muy por encima de la corrección del 1,9% que se observó en el resto de Europa.
La obsesión de Sánchez en alcanzar la presión fiscal de las naciones más avanzadas de Europa solo puede ser contraproducente en un país que está muy por detrás de esas naciones en todos los ítem clave de la economía.
Del otro lado, Vox llegó a estas elecciones decididamente lanzado a reforzar su línea identitaria y nacional-católica. Sus militantes han reaccionado a la ofensiva nacionalista catalana con un movimiento idéntico y de sentido opuesto de nacionalismo español exasperado. Los de Vox han "mostrado la hilacha" franquista en más de un caso. Durante un acto en octubre de 2022 una banda cantó "Volver al 36", lo que causó una ola de repudio.
El nacionalismo, de la bandera que sea, es un tóxico para la democracia y para las sociedades. Estas son capaces de las peores atrocidades en nombre de unos valores presuntamente sagrados e intangibles. La Rusia ultranacionalista de Putin es el ejemplo más próximo. Rusia comete un genocidio sistemático en nombre de una esencia nacional rusa presuntamente agraviada. Un "modelo", el de Putin, que fascina a los ultraderechistas religiosos españoles, como a tantos otros ultras en Europa.
Es mal síntoma para la vida democrática española que el centro liberal, constitucionalista y europeísta se haya extinguido en apenas 4 años y que en cambio la extrema derecha de Vox siga en plena salud (más allá de su retroceso el 23 de julio) y Podemos se haya visto sustituido casi sin pérdidas por una formación similar. Pero siempre la democracia da opciones a los verdaderos demócratas. El PP de Feijóo se llevó a muchos votantes de Vox asustados con su radicalismo, según los analistas españoles. El PP alcanzó 33% de votos, más de 8 millones de votos, y cosechó 136 bancas. El gran resultado del PP y la caída brusca de Vox constituyen un buen mensaje enviado por la ciudadanía: centroderecha sí, ultraderecha no. Sin embargo, España seguirá por unas semanas en manos del astuto jugador Pedro Sánchez. Ahora negocia con el etarra Otegi y con el prófugo separatista Puigdemont. Una verdadera partida de póker entre tahures.