Opinión

Escarapelitas

La primera vez que usé algo diferente a una escarapela celeste y blanca en el saco fue en el 1958.

Miércoles 06 de Junio de 2018

La primera vez que usé algo diferente a una escarapela celeste y blanca en el saco fue en el 1958. La tremenda (en aquellos años muy tremenda) discusión y división entre "laica y libre".
El asunto venía de antes y dividió al peronismo. En mi casa se respiraba peronismo, pero el asunto estalló durante el gobierno de Arturo Frondizi.

Unos estaban por la libertad de enseñanza y, según lo que se decía entonces, abandonar la tutela del Estado y cambiar los programas de estudio y, de hecho, dar títulos habilitantes que eran y deberían seguir siendo, según pensábamos, patrimonio del Estado.
Un Estado que no vigila que se enseña no vigila el presente y pierde el mañana y, además, deja que se cuenten cuestiones del 'pasado según interprete ése pasado una secta o un sector. Eso entendíamos.

Otros, y allí estaba mi vehemencia y mi pasión juvenil, sosteníamos que la enseñanza, básicamente universitaria, era cuestión de Estado en los planes y que habilitar que otros enseñen libremente lo que quisiesen era difícil para sostener un Estado Nación coherente. Que enseñasen lo que quisiesen si, pero que el Estado habilitase eso como un título de carácter legal, sin refrendar en organismos del Estado, nos parecía que estaba mal. Desde el 1958 algunas cosas han cambiado. La enseñanza una de ellas.

No fue una lucha fácil. La escarapelita que usaba en la solapa era morada o lilácea. Las chicas se encargaban de conseguir la cinta y armaban esas escarapelas en cajas que distribuían, que distribuíamos. En la provincia había triunfado la fórmula Silvestre Begnis – González y este vice gobernador renunció por esos días.


Don Carlos está, desde entonces, dando vueltas en la política provincial como lo que fue, un gobernador con un alto grado de personalidad, de coherencia, de seriedad que lo hace poco menos que inolvidable. Era del norte y tenía raíces en el sur, cruzaba el río Salado y de él aprendí que había dos provincias y que ése río divide el paisaje y las burocracias. Sólo él logró entender las dos márgenes. Antes y después todos los gobernadores tuvieron esa "culpa" molestando en sus decisiones ejecutivas.

En una de esas tardes de marchas, pintadas, plantones en las esquinas para distribuir volantes explicando que la enseñanza en Argentina era Laica o entregábamos el destino de la educación, bajó de un auto con chofer el Obispo de Santa Fe, Monseñor Fasolino. Un rancio cura gorila con un tremendo poder extra misa o mejor, por fuera de la iglesia y la confesión. Me acerqué y le oferte una "mariposa" esos papelitos que entregábamos y que, llegado el fin del acto, revoleábamos por los aires. No miró el papel, ni la custodia tuvo miedo de ese muchachito, miró mi solapa y me dijo, lo recuerdo tan claramente que es cierto lo que dicen:" parece que fue ayer". Me miró y me dijo:"... no soy comunista hijo..." . Monseñor Nicolás Fasolino era miembro de la Academia de Historia de Argentina. Entre otras cosas.

Mi desazón de muchachito que se había atrevido a presentarse ante un Obispo y fue estigmatizado, convertido en militante de otra fracción, iba de la mano con el aire irresponsable, de irresponsable coraje de haberlo hecho. Un Obispo era y es el eje de una larga cadena de relaciones.

El triunfo de mi atrevimiento estaba en el punto mas alto con la fastidiosa sensación que esa escarapelita, esa franja morada cruzada en la solapa definía de modo diferente a lo que pensaba.
Mi tía Delia, en rigor la Reverendísima Madre María Cecilia (en la congregación de Nuestra Señora del Huerto) cuando me vió entrar al salón donde recibía visitas me dijo: "...ay, milito, sácate eso, que estas en pecado..." . mi padre sonrió. Mi madre nunca visitó un colegio de monjas, sólo iba a verla cuando ella auditaba el hospital, que tenía monjas de esa congregación.

Tuve otro fastidio con ese tema porque, pese a no ser militante católico, el concepto de pecado va con lo prohibido y fuera de la ley, al menos de leyes o decisiones muy íntimas que los pecadores transgreden y por eso son lo que son, pecadores.

Pecador y comunista según dos miembros de una idea común entre ellos y diferente a la que sostenía, definido sin juicio previo y por una escarapelita, me dejó una enseñanza que no me abandona. Los signos que creemos útiles a una idea, los demás los entienden como quieren, desean, se les ocurre. No como pensamos. Se escapa de nosotros. No nos identifica, identifica a quien nos mira y nos califica según portación de escarapela.

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