Opinión

¿Dónde ubicarnos en esta pandemia?

El autor plantea una serie de interesantes puntos de vista en relación al manejo y la información sobre esta inédita crisis sanitaria mundial.

Viernes 03 de Abril de 2020

Esta frase resumida, la dijimos a un querido amigo, al final de la consulta, y cuando conversábamos temas diversos, y el me preguntaba sobre qué pensaba de la pandemia y cuál era nuestra opinión evaluativa de la situación. Eso ocurrió a principios de febrero y creo que no cambiamos en nada la perspectiva.

Todos los años, hay alrededor de 350 mil a 650 mil muertes por gripe, en donde se entremezcla el coronavirus. Pero no tienen ni la contagiosidad, las graves neumonías, y tampoco fallas multiorgánicas. La OMS informa 405.000 muertes por paludismo en el año 2018. Otros testimonios duplican el dato. El Ébola tiene una letalidad altísima, alrededor del 70%. Para los que se regodean en pensar que el coronavirus es patrimonio de los ricos que viajan. Habría que recordarles que entre el año 1347 y 1353 murieron por la “peste negra” la tercera parte de la población de Europa, pandemia que mató 60 millones de personas en Africa, que se había iniciado en Asia, y llegó a Estados Unidos (sin Boeing).

No es necesario aclarar que nuestro WhatsApp, está caldeado por la avalancha de mensajes que recibimos de nuestros amigos y en nuestro caso particular de los pacientes, la mayoría con un componente panicoso, pidiéndonos medicaciones que lo protejan. Por momentos, pensamos que hay más miedo que enfermedad, pero los sitios serios y científicos consultados en el día de hoy, 29/3/20 nos desconciertan por el crecimiento de los infectados, 697.977, aunque los decesos no llegan a ser el 10% de los producidos por la gripe del año pasado.

El encierro hace crecer la ansiedad y una de sus consecuencias, es la irritabilidad y la intolerancia, presente en nuestras respuestas. La observamos cuando nos llegaban afirmaciones contundentes como atribuir al Losartan, y similares medicamentos de uso en hipertensos, la agravación en la evolución del coronavirus. A los pocos días, los medios, informaban con titulares: ¡No abandone su medicación para la hipertensión! Después les tocó a los antiinflamatorios, sobre todo al Ibuprofeno, al recibir la información que los últimos tres fallecidos en Italia habían tomado Ibuprofeno. En este momento el consumo de esa droga ante la fiebre o resfrío, es mayor que cualquier otro antifebril.

Respecto de la alianza que hicieron los profesionales entre los que consumían tal medicamento y su gravedad evolutiva, configura una ligazón arriesgada. Pongamos un ejemplo de asociación libre. En nuestra ciudad entre cuatro calles del microcentro, eligiendo 20 manzanas, se han vendido más licuadoras que en cualquier otra zona. En la misma área, la incidencia de úlcera de estómago es más grande que en el resto de la ciudad por lo que deducimos que los licuados de frutas producen úlcera de estómago. La asociación libre es altamente peligrosa. Debemos ser honestos, y aclarar que nos inclinamos en tales tesituras, por consultar en sitios rigurosamente seguros, con los que estamos vinculados desde nuestra graduación.

En este momento en el sitio de la John Hopkins University, (Coronavirus resource Center) de Baltimore, en EEUU, se puede ingresar para informarse con absoluta seguridad. Por ejemplo ahí explica con claridad que, en la etapa de incubación (4 a 14 días), se puede transmitir la enfermedad, no experimentando el sujeto transmisor síntoma alguno. Por lo que equivocadamente puede interpretarse como contagio comunitario. Sí nos ocupamos de la utilidad de una droga antipalúdica que se suele usar en la artritis reumatoidea. La hidroxicloroquina, combinada con un antibiótico, la azitromicina la primera citada tiene acción antiinflamatoria, y actúa a nivel enzimático. También con grandes titulares y con el convencimiento de su aptitud netamente curativa, se citó un anticuerpo monoclonal, (de los descubiertos por nuestro compatriota César Milstein) el tocilizumab que entusiasmó a los italianos, quizá por estar pasando por su peor momento en cuanto a mortalidad por la pandemia. Su utilización tiene asidero científico, ya sea por inhibir o frenar la mencionada enzima, que activa el depósito del virus en la pared del alveolo pulmonar lugar, del intercambio gaseoso y oxigenación. No obstante la FDA aclaró que su uso puede realizarse por la emergencia, sin existir evaluaciones valederas. Similar aclaración efectúa la revista de alto impacto en los médicos del mundo, el “New England Journal of Medicine”, de Massachusets. Nos hace pensar en la fase 2 o preclínica de la investigación que se realiza para aprobar una droga, que siguientemente desarrollaremos. En este caso se salteó la fase 1.

Las resumimos:

1°) Fase de descubrimiento: identificación del proyecto y estructura para su concreción. Incluye reconocer la “diana” Ese término define el objetivo, en el actual caso sería el virus. Se debe explicar cómo actuaría sobre la diana la droga a utilizar aclarando si existe eventual toxicidad cuando el proyecto amerite.

2°) Fase preclínica, es diferente según el proyecto, puede consistir en prueba en animales de diferentes especies, o en voluntarios humanos con un máximo de 20 a 100 casos.

3º) Fase clínica. Ya en humanos y con un número que oscila entre mil y cinco mil voluntarios, con la metodología de doble ciego, en donde ni el paciente ni el médico saben si consumen o administran, respectivamente, la droga o un placebo.

4°) Etapa de evaluación y eventual aprobación o rechazo. Es oportuno comentar que es habitual que sólo uno de cinco mil proyectos, atraviesan la etapa 1. Y que la duración del proceso de aprobación oscila entre 10 y 12 años.

Propongámonos responder a la pregunta base de los pacientes. Personalmente nos ubicamos en el medio de la disputa. La mortalidad con la gripe A fue mayor que la del coronavirus, sobre todo en 2018. Teníamos la vacuna, que no cubre todas las cepas, pero recién ahora los pacientes se deciden a utilizarla, a pesar de nuestra eterna insistencia. Nos desconcierta que personalidades como Manuel Elkin, descubridor de la vacuna contra el paludismo, nuestro compatriota, Pablo Goldsmith en París, prestigioso virólogo, y un epidemiólogo, Wolgang Wodarg, junto con numerosos científicos, cuestionan la ola de pánico y miedo que provocó la cuarentena, no justificándola, proponiendo en su reemplazo las pruebas diagnósticas. Tal vez si los medios se ubicaran en el centro de la discusión, y no sólo informaran de los decesos, podrían investigar, ¿por qué si el primer paciente fue en Wuhan el 17/11, la información mundial, ocurrió en fines de diciembre? Cómo lograron evitar el ingreso de la pandemia a Beijing y Shangai, y también qué pasa en Corea del Norte y Rusia, que no informan de la incidencia de la pandemia en sus países. No lo consideramos un objetivo político sino la búsqueda de metodologías para mejorar el pronóstico en nuestro país.

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