Opinión

Con los ojos muy abiertos

Hoy puede ser un gran día. Es la expresión de una preferencia ante cierta moción en una votación.

Domingo 11 de Agosto de 2019

Hoy puede ser un gran día. Es la expresión de una preferencia ante cierta moción en una votación. Según un viejo profesor de filosofía es el máximo modo de plantarse frente a algo para ejercer la suma de un derecho: nuestra capacidad de elegir. Entonces seríamos aparentemente libres, pese a las pseudo noticias de medios que nos hacen el favor de esclarecer nuestra mente diciéndonos que terminaremos eligiendo al menos malo o por lo menos a quien no se quiere en determinado cargo porque somos tontos. El proceso electoral está salpicado de dudas, de trampas y una reacción violenta no deseada enturbiaría el clima ya enrarecido a causa de un software más secreto que la vida íntima de sus abuelas. La gente sabe que es la única manera y más de una vez da su voto a quien cumple sus promesas de campaña, al incorrupto, a quien está formado para una función que pone fin a tanto tembladeral. Siempre es número puesto el que está cerca de la gente. Y comprende que las necesidades nacen desde el pie y no del cielo, a un esperado mesías que no abusa de su condición privilegiada y hasta es capaz de ser transparente, un hombre justo comprometido con quienes tiene a su lado. Alguien que se siente orgulloso de mejorar el rumbo, de seguir siendo un hombre solidario tal como lo criaron. Alguien que pasa sabiendo cual es su misión en su paso por esta vida y está satisfecho de esta democracia que supimos conseguir. Hay una vida mejor para compartir. Y es de todos. El hombre común no necesita que le expliquen el significado de las palabras de monseñor Eduardo Martín en la ceremonia de veneración a San Cayetano al afirmar que trabajo sin pan es explotación y que pan sin trabajo es humillación. La liquidación del país necesita un punto final a la invasión a la entrega, al despojo. No más hambre. Empleo, educación y salud para todos. E incorporar nuevas herramientas para construir una economía con rostro humano. Y hacer honor a la respetada sabiduría espiritual que recomienda mejor encender una vela que maldecir a la oscuridad.

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