Opinión

Calle angosta, la de dos veredas solas

Tercera vía. Finalmente, las chances de que aparezca una posibilidad distinta de macrismo y kirchnerismo parece diluirse. El rol de un dirigente crucial, Sergio Massa. El futuro de Roberto Lavagna.

Domingo 02 de Junio de 2019

La opción de la tercera vía en la política argentina está a punto de implosionar. Las elecciones de 2019 se dirimirán entre las propuestas mayoritarias de Macri o Cristina. El eufemismo estratégico de Alberto Fernández encabezando la lista no opaca en lo más mínimo la pelea de esos dos dirigentes. Es Macri o Cristina. Punto. ¿Y la tercera vía? Agoniza con el incierto pronóstico de sostenerse con vida pero con secuelas invalidantes para toda la existencia futura.

¿La pelea Macri-Cristina es consecuencia de que la grieta funcionó de manera perfecta? ¿No hay modo de abandonar la grieta por mezquindad de los políticos o por comodidad de los electores? Las divisiones dogmáticas permean de arriba hacia abajo. De eso, no hay dudas.

Sergio Massa, una vez terminado el 2019, deberá hacer un análisis detenido si quiere entender en cuánto colaboró con esto. Nacido al gran conocimiento público en su gestión exitosa en la Ansés del kirchnerismo, sobrepuesto al traspié de su jefatura de gabinete de la doctora Fernández que lo maniató sin piedad, Massa fue central con su separación del PJ para evitar el delirio autocrático del “Cristina eterna”. La historia le debe reconocer su dique institucional al desborde del vamos por todo.

El tigrense construyó todo eso con las más tradicionales herramientas de la política. Armado amplio desde el disenso (congregó desde Lavagna hasta Camaño, desde Tundis a Arroyo), deseo de ejercer el poder, voluntad de modificar las cosas. Por eso, resulta extraño su obsesiva devoción en este último lustro por satisfacer los deseos de las encuestas pergeñados por los laboratorios de marketing e imagen de los que supo rodearse. Casi al límite de la patológica dependencia. Cuando sólo se habla mirando las encuestas se escucha poco lo que de verdad se piensa. Massa (y tantos otros políticos argentinos) debería darse un paseo por una clínica de rehabilitación política en donde se lo privara por un tiempo de sondeos y focus groups para volver a pensar profundo qué cree y qué no de “la cosa pública”.

Desde que comenzó este año, a Massa lo tentaron tanto el gobierno como el kirchnerismo. Horacio Rodríguez Larreta fue el áureo emisario de Cambiemos para que se sumara a un proyecto de “mayor base de sustentación polìtca”, como le dijo el intendente de la Capital. Los dos hombres se tienen aprecio, se conocen desde hace mucho y hasta se frecuentan en sus cumpleaños. Fue, cuentan voceros irreprochables, recisamente en la noche de abril en la que Massa celebró sus 47 años cuando el líder PRO le dijo que la posibilidad de que María Eugenia Vidal fuese la gobernadora y él disputara una interna con Macri tenía una ventana a donde asomarse. Es más: algunos aseguran que en esa charla se barajó una declinación del actual presidente a su voluntad de reelegirse, abriéndose entonces la chance de quedarse con todo. ¿La “idea Larreta”, con la venia de Vidal, era un disparate, una posibilidad de un caballo de Troya para entretener al ex intendente de Tigre evitando que se uniera al PJ? El paso del tiempo lo demostrará, pero la conversación existió. Pero la furia personal con la que Massa se dirige a Macri podría explicar la magnitud del naufragio de esta idea.

Massa jamás cortó el diálogo con el kirchnerismo puro. No con Cristina. Pero sí con su hijo Máximo, con dirigentes de la Cámpora como Wado de Pedro y con el mismo Alberto Fernández. Massa es peronista y eso tira mucho. Las coincidencias ideológicas de base (muy presentes en la mesa familiar del hombre de Tigre con suegros ontológicamente peronistas y esposa con sangre pura del PJ) y el modo de construir de ese partido que condena herejes y los indulta sin inmutarse previo paso de la olla pirula del “movimientismo” que adora el poder, lo hacen sentir cómodo. Massa supo reunir un casi 15 por ciento de intención de voto en las encuestas. Ese caudal de votos puede inclinar una primera vuelta electoral. El coqueteo de exhibirse como el hombre deseado por todos lo hizo perder puntos en los sondeos y hoy, luego de la consagración de la fórmula Fernández-Fernández, su margen de negociación es mucho menor. Alberto no se baja, Cristina sigue allí, Axel va como gobernador. Si querés te ofrecemos encabezar la lista de diputados nacionales en la provincia, le habría dicho el comando K a Massa. La otra opción es disputarle una interna a los Fernández y, no para descartar, que el tigrense acuerde nombres en las listas y él se quede en su casa invocando un renunciamiento personal para garantizar la unidad. Las tres opciones, hay que decirlo, hablan de una debilidad de este hombre que evitó la re-reelección de CFK y en poco tiempo porotea con menos solidez. Quizá seria hora de que Massa levantara la cabeza de las mesas de negociaciones políticas sembradas de encuestas y recorriese el sentir del electorado que, parece, se inclina por preguntarse qué piensa de verdad el candidato sobre cada cosa y, especialmente, en qué vereda firme se para para esto.

Roberto Lavagna estaría dispuesto esta semana a bajarse de toda aspiración electoral. Duda en hacerlo porque su autoestima y charlas con Stolbizer y los socialistas de Santa Fe están aún vitales. Por estos días, su otrora presencia lindante con el bronce de la unidad nacional quedó abollada con los análisis que vieron en él más un acto funcional al gobierno, traccionando votos que no quieren ir a Cristina pero a los que el desencanto con el PRO les impide votar amarillo. ¿La candidatura de Lavagna le conviene más a Cambiemos o al PJ? La respuesta es obvia.

Juan Schiaretti, el cordobés épico en las elecciones, declinó por motivos no explicados el rol de convocante de todo el peronismo de los gobernadores y se abrazó con el presidente Macri. ¿Qué hubiera pasado si Schiaretti poscomicios propios hubiese llamado a sus colegas provinciales a una reunión en Capital Federal para motorizar la tercera vía? Eso no pasó y los gobernadores hacen fila para avalar a Alberto Fernández. Miguel Angel Pichetto, precandidato a presidente, está cansado de decir que la vicepresidencia le queda cómoda por lo que Juan Manuel Urtubey podría considerarse ganador de la interna de Alternativa Federal por abandono de sus competidores. Tercera vía languideciendo a paso redoblado.

Será la izquierda y alguna formación provincial el modo de expresar el descontento a la oferta política de 2019. En números decisivos, insignificante. Los comicios de este año volverán a dirimir entre dos fracasos en materia de economía y pobreza por lo que habrá que recurrir a la lupa fina para detectar quién fue menos malo o menos lejano de la ley que sanciona al que no hace bien las cosas u optar por hacer blanco el sufragio. Calle angosta, pobre y de destino que ya se conoce.

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